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Poesía de tradición oral moderna y lectura para alfabetizandos

Una experiencia de Miguel Ángel Peña

Poesía de tradición oral moderna y lectura para alfabetizandos

Zambomba en Jerez

"Mira por donde, estoy leyendo lo que aprendí cuando era una niña”.

Estas fueron las palabras que Milagros Rego Carrasco emitió el día que les di a leer a mis alumnas, en el Centro Cívico 1º de Mayo de Jerez de la Frontera, el romance que ella me había cantado unos días antes. Esta excepcional transmisora de la tradición romancística experimentó una gran satisfacción cuando vio que el tesoro que portaba su memoria desde su niñez y que nunca había visto en letra impresa, era el recurso que utilizaba su maestro para la enseñanza de la lecto-escritura.

Dos “Zambombas” celebradas en la Asociación de vecinos “La muralla” del barrio de Santiago y en el Centro Cívico 1º de Mayo de Jerez me impulsaron de nuevo a seguir recolectando romances y canciones líricas tradicionales cantadas en Jerez. Digo “de nuevo” porque fue la Dra. Virtudes Atero de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz la persona que me dio la primera ahogadilla en este mar del Romancero. Tras un curso monográfico sobre “El Romancero de la tradición oral moderna” nos proporcionó las técnicas para la recolección de este preciado legado. De este modo, la experiencia en la encuesta como recolector de textos tradicionales la adquirí durante el curso académico 1989-90 en Jerez y en algunos pueblos del Aljarafe sevillano, de la mano de la profesora Atero y del Dr. Pedro M. Piñero con el equipo de la Fundación Machado de Sevilla.
En aquellas dos “Zambombas” entre aquellas señoras alumnas nuestras pude comprobar que algunas destacaban como excelentes transmisoras de la tradición. Entre panderetas, grititos, aguardiente, bailes, pestiños, etc., los romances y las canciones líricas tradicionales brotaban de forma espontánea en la fiesta.

Pasados algunos días de la celebración de estas “Zambombas”, cogí la grabadora y el manual de encuesta del romancero, y pedí a Milagros Rego que me cantara algunas de estas “coplas antiguas” (así son llamados los romances por sus transmisoras). La informante no sólo cantó todo lo que recordaba, sino que me facilitó una nueva encuesta a sus cuñadas Dolores y Salud Oca Ramayo. Tras varias encuestas realizadas durante los meses enero, febrero y marzo de 1994, pude reunir el repertorio de textos tradicionales con el que, según la propuesta que hago, podemos enseñar a leer y a escribir a estas personas adultas iletradas, de escasa o ningún otro tipo de cultura, mujeres en un noventaitanto por cien y de baja condición social, pero que son las depositarias de este saber tradicional.
En el marco en el que realicé estas encuestas (zona oeste de Jerez) y en concreto a alumnas que asistían al Centro Cívico mencionado a las clases de Alfabetización que un grupo de voluntarios impartíamos allí, la tasa de analfabetos era de 4´69%, cifra elevada si la comparábamos con otras zonas de Jerez.

Por otra parte, la experiencia que tuve en un taller de animación a la lectura que llevamos a cabo con estas alumnas, no fue totalmente negativa, pero tampoco conseguimos el objetivo principal que nos proponíamos: que estas personas disfrutasen con la lectura de una obra literaria y tuviesen ánimo para continuar con otras. Propusimos la lectura de El balneario de Carmen Martín Gaite y La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. Pude comprobar que la mayoría de ellas era incapaz de hacer una lectura comprensiva de estas obras.
Esta experiencia me llevó a pensar que los textos de la poesía de la tradición oral moderna eran los idóneos para que sus propios recreadores, ansiosos por aprender a leer y escribir, aprendieran a hacerlo.

Haciendo uso de un método global, partimos de textos que ya posee la memoria de las personas que los recrean. El adulto lee textos desde los comienzos de su aprendizaje y así es más fácil desarrollar una lectura fluida y entonada, superando en gran parte el problema del silabeo y estableciéndose un contacto directo con las estructuras gramaticales desde el primer momento. En estos textos el adulto comprende todo lo que lee, ya que tanto la estructura oracional como el léxico con el que se invisten los sintagmas, se expresa mediante el lenguaje romancero, esto es, su propio lenguaje.

En último lugar, el proponer estos textos para el aprendizaje de la lectoescritura, además de que revalorizamos la literatura popular, tan distante para algunos de la culta y por ende, tan marginada, potenciamos –y creo que es un factor que han de tener en cuenta las personas que trabajan con este sector de la población- la autoestima del individuo, ya que comienza leyendo, no sólo algo con sentido completo, sino algo que siente suyo, de ahí que Milagros Rego Carrasco volviera los ojos atrás y recorriera, a través de la lectura del romance Blancaflor y Filomena los sesenta y tres años con los que contaba por aquel entonces.

© Miguel Ángel Peña Díaz


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