Tradición oral y cambio en el contexto del festival de música tradicional de La Alpujarra
por Óscar Salguero
Desde hace veinticinco años viene celebrándose en la Alpujarra el Festival de Música Tradicional. En 2006, concretamente el 13 de agosto, tiene lugar, entre las localidades de Yegen y Mecina, el que se ha convertido ya en uno de los eventos más importantes de conservación de la cultura oral en Andalucía, junto con la Semana de la Oralidad de Albolote y Peligros, también en Granada. La asociación cultural alpujarreña Abuxarra lleva trabajando tenazmente en ello desde la celebración del primer Festival. El resultado de mantener vivas las tradiciones locales, como la rica cultura oral de la zona, se conjuga con el objetivo que un día un grupo de personas de la comarca se marcaron: contribuir desde la Asociación y con el Festival de Música Tradicional de la Alpujarra, al desarrollo social y económico de la comarca.
Este proyecto de desarrollo desde y para la comunidad, nos pone en conexión con el objeto de este artículo: cómo la conservación de las tradiciones locales es, a su vez, un importante motor de cambio y desarrollo para las propias comunidades, sin que por ello tengan que ver menoscabado su patrimonio cultural, tangible e intangible.
Para comprender mejor la interrelación entre tradición y cambio social en el Festival de Música Tradicional de la Alpujarra, he seleccionado una serie de aspectos que considero fundamentales en este proceso. Desde la antropología, y fruto del método etnográfico y de la búsqueda documental, quiero destacar tres elementos presentes en el Festival: su carácter itinerante, las personas participantes y los géneros interpretados y temáticas tratadas por los protagonistas. La sinergia de estos tres factores canalizan las demandas e inquietudes de muchas de las gentes de La Alpujarra, quienes han visto cómo la comarca ha sufrido en los últimos treinta años importantes cambios en las esferas social, económica, política y cultural.
Carácter itinerante
El carácter itinerante de Festival es una de las características significativas del mismo, intentando no repetir localidad en las diversas citas. La celebración en esta ocasión tendrá lugar a medio camino entre las localidades de Yegen y Mecina. Aquí es donde la conservación de la tradición y el cambio social se dan la mano en primer lugar. Del trabajo de campo, he recogido cómo uno de los primeros inconvenientes con el que se encuentran las gentes de Abuxarra, es encontrar un recinto adecuado, partiendo de que la mayoría de los pueblos son pequeños y no disponen de espacios lo suficientemente amplios como para albergar la infraestructura necesaria (como la carpa, los aledaños y los aparcamientos). El equipo de gobierno del Ayuntamiento que acoja el Festival ese año, buscando rentabilizar al máximo la inversión realizada, podrá aprovechar las mejoras y cambios introducidos en el espacio elegido. Y es que en las citas anteriores, los terrenos adquiridos han servido después para construir desde un camping, piscinas municipales o parques recreativos, hasta solares para casas de protección oficial o polígonos industriales. El recinto de este año posteriormente se convertirá en un parque y en una piscina municipal. Desde Abuxarra, nos contaban que siempre habían tenido muy claro que el Festival tenía que ser también la oportunidad para el desarrollo económico de los pueblos pequeños. Parece, además, que desde los últimos años, las instituciones políticas de la zona, han acogido con buen agrado este proceso de habilitación – transformación que siempre ha revertido hasta la fecha en las propias gentes de la comarca. Y lo que es más importante, se ha apostado por un modelo menos agresivo con los modos de vida tradicionales y el medio ambiente. Si se mejoran las comunicaciones, no se persigue construir una autovía, sino una carretera más ancha, que permita unos accesos mejores a todos los pueblos. Frente a fórmulas más agresivas con las costumbres, los modos de vida y el patrimonio, se apuesta por un desarrollo desde la comunidad, “siempre acorde con las características y los recursos que tiene cada pueblo. (…) Aquí tiene que venir turismo, pero aquí no puede venir un turismo masificado; es que es impensable.”
Los participantes
Cada año se dan cita en el escenario del Festival de Música Tradicional de La Alpujarra, un total de veinticinco agrupaciones. La práctica totalidad de éstas, salvando a los trovos que luego trataré, recogen en sus filas a jóvenes, adultos y mayores, diferentes generaciones que, usualmente, pertenecen al mismo grupo familiar. Así, por ejemplo, en el grupo Alquería Viva de Adra, se dan cita hasta tres generaciones. El seno familiar ha sido y sigue siendo uno de los principales focos de transmisión de la cultura oral, junto con otros espacios físicos y simbólicos como los juegos infantiles en la plaza del pueblo o el lugar de la faena de trabajo. Hoy más que nunca, la familia desempeña esta tarea de transmisión y canalización de las manifestaciones populares tradicionales, pues los otros focos mencionados empiezan a ritmos vertiginosos a no servir a tales efectos. La reclusión de los niños y niñas, individualmente o en grupos muy reducidos, al espacio doméstico para jugar con la videoconsola, ver la televisión o navegar por internet y la aparición de nuevas unidades de producción agroindustriales o la desaparición de antiguos oficios, relacionados con la artesanía, convierten al grupo familiar en el transmisor actual por excelencia de gran parte del patrimonio intangible de estas características. Sin embargo, si no entendemos la cultura de forma estática, sino de un modo flexible, el proceso en el cual viaja de una generación a otra la cultura oral legada, llevará también consigo muchos otros elementos que le dotan de contenido, como los cambios acaecidos en la esfera socioeconómica de la comunidad, los acontecimientos que han desempeñado un papel trascendente en el devenir de los individuos o de la comunidad, tales como los movimientos de emigración / inmigración, los conflictos sociales y políticos, las guerras y otros conflictos armados, catástrofes naturales, epidemias o los acontecimientos “maravillosos”. Afinando un poco más sobre este proceso de transmisión familiar del patrimonio oral, quiero resaltar que la cultura no sólo se presenta como flexible, sino que igualmente es elástica: el producto transmitido de padres a hijos, es el resultado de la conjunción del devenir de la comunidad y todos sus procesos de transformación, junto a una tendencia conservacionista de las tradiciones, encarnadas en la música y la tradición oral. Así, las nuevas generaciones reinterpretarán desde su visión emic piezas que no han perdido aquello que les otorga el carácter de tradicional.
Los géneros y los temas
El tercer elemento del Festival de Música Tradicional de la Alpujarra que aúna tradición y cambio, es el relativo a los géneros interpretados y temáticas tratadas por los protagonistas del mismo, las gentes de los grupos y los troveros. Acotando este tercer y último apartado, me centraré en dos aspectos: el primero de ellos es el Premio de Nuevas Composiciones que Abuxarra lleva organizando durante algunos años. Uno de los principales temores con los que contó Abuxarra en su creación es que la gente empezara a componer indiscriminadamente, cuando todavía había mucho que rescatar. Pero la realidad no ha sido tal. Lo cual creo que se debe a que los nuevos y nuevas compositoras tienen suficientemente asimilada una serie de esquemas melódicos que dotan de tradicionalidad a la nueva composición. En los últimos años algún grupo siempre presenta un tema que es de nueva creación, desde pasodobles, hasta mazurcas o polcas. Este hecho cuestiona el requisito del transcurso de un cierto período de tiempo, de antigüedad, para considerar una manifestación cultural, artística o no, como tradicional. A mi juicio, la categorización como tradicional, no se asienta tanto en el transcurso del tiempo, sino que la otorga el sentir de la comunidad, a través de un proceso legitimador de transmisión, aprendizaje y reproducción.
Y el segundo aspecto, relativo al que es uno de los géneros estrella del Festival, el trovo. Hablar de trovos, tradición y cambio daría para muchas más páginas de las que aquí dedico, pues ya muchos estudiosos y estudiosas anteriores han constatado que esta manifestación artística mediterránea ha sufrido una serie de transformaciones a lo largo del tiempo; del mismo modo, el trovo refleja fidedignamente las emigraciones acaecidas en la zona en la Baja Alpujarra y la Contraviesa hacia otras tierras como las Sierras de Gádor y Almagrera, La Unión en Murcia o Linares en Jaén. (FERNÁNDEZ, R. et al, 1992)*. Me centraré en la temática del trovo y, más específicamente, durante el Festival de Música Tradicional, para dar así cuenta de su papel de cronista de la realidad alpujarreña y de las cosmovisiones de sus gentes que llega a alcanzar el trovo. En esta discusión dialéctica entre los dos troveros se despliegan espontáneamente sendas posiciones sobre el tema tratado y las personas asistentes se adhieren a una u otra posición. El jurado del Festival elige temas de actualidad, trascendentes o no, del microcontexto alpujarreño -como fueron las carreteras en alguna que otra ocasión- o de nivel macro, regional o nacional. Se convierte en un excelente registro antropológico de las visiones y representaciones de las gentes de La Alpujarra sobre hechos candentes que, influyen de alguna manera, en el devenir de la comarca. Valida esta idea un documento de Abuxarra sobre los temas representados a lo largo de los Festivales por los troveros en el que se recogen, entre otros: los incendios, las curvas de la carretera, el euro, las multas de tráfico, las elecciones municipales y los pactos electorales, los mundiales de fútbol, los culebrones de la tele, los regímenes de adelgazamiento, los bikinis, las rusas, los bailes modernos, las mujeres que trabajan, el mercado común europeo, el festival, los celos, el divorcio, el trasvase del Guadalfeo, los cazadores, los punkis… El dominio del lenguaje, la capacidad de improvisación y el tema comentado hacen del combate entre troveros un espectáculo de crítica similar al free style (o micro libre) en el rap, donde dos o más mc (master ceremony) improvisan una complicada rima siguiendo el hilo argumental propuesto, entre un público que interacciona con los intérpretes de esta poesía dialéctica.
Un año más, el Festival de Música Tradicional de la Alpujarra se convertirá en el centro neurálgico de la cultura tradicional de la comarca, marcada por el cambio y las transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales que navegan en el discurso oral de las interpretaciones. Esta huella de la mutabilidad de la cultura se despliega como un rizoma, en múltiples direcciones, y siempre conservando ese componente tan auténtico de lo tradicional.
NOTA
* FERNÁNDEZ, R. et al, 1992. El trovo de la Alpujarra. En: El trovo en el Festival de Música Tradicional de la Alpujarra. (1982 – 1992) Tomo I. Granada: Centro de Documentación Musical de Andalucía, pp. 25 – 51.
© Óscar Salguero Montaño