Sobre manos y colores
Historias de la mano negra (III). Por María García Alonso
Las reflexiones de Richard Ford sobre la España de la primera mitad del XIX se detienen varias páginas sobre el color de la sangre española como uno de los aspectos más sorprendentes de la cultura local, secuela de siglos de preocupación por el tema de la pureza de este líquido corporal. Tras explicar la diferencia entre la sangre azul y la sangre roja, pasa a comentar la sangre negra. Esta última es “la ruin pez, infernal vileza que se encuentra en los esqueletos de los moros, judíos, gentiles, luteranos y otros herejes combustibles, cuyos cuerpos quemaba el Santo Tribunal por el bien de sus almas. Es más: en el caso de los hebreos se supone que, además, esta sangre negra hiede, de donde viene el que los judíos fueran llamados por los doctos latinistas putos, quia putant [...]. Recientemente se ha asignado el color negro a la sangre de los enemigos políticos, y la constante panacea de todos los Sangrados militares ha sido un abundante ‘derramamiento de vil sangre negra’. ¡Cómo se tocan los extremos! Así esta aristocracia del color que en la vieja y despótica España se sitúa en las venas, la coloca la joven y republicana América en la piel, porque ¿cuál será el libre y sencillo yanqui que reconozca un hermano en un negro?” (Ford, R.: 1846)
Tenemos así dos tipos de sangre negra: la de los herejes y la de los enemigos políticos o, lo que es lo mismo, existe un color negro consecuencia de la combustión en la hoguera o en el infierno para los cuerpos muertos y otro propio de los cuerpos vivos cuya malignidad no es de orden sobrenatural sino social. Cuarenta años antes de que la Mano comenzara a ser conocida por sus crímenes supuestamente políticos, corría ya sangre negra por algunos cuerpos disidentes y, con el tiempo, los vivos y los difuntos se irán contagiando virtudes y propiedades en la imaginación popular hasta fundirse en una misma figuración del miedo.
La utilización de la extremidad de un muerto con fines mágicos, la llamada “mano de gloria”, era también en esos momentos del siglo un ingrediente que aderezaba los cuentos de horror de la burguesía. Relatos como “La mano encantada” de Nerval hablan de la posible existencia de una mano física, animada por otro poder distinto al de su cuerpo original, como una concha abandonada habitada por un cangrejo ermitaño. Su voluntad no responde a los posibles principios que tuviera su propietario en vida y por tanto carece de responsabilidad. En este cuento, ambientado en el París del siglo XVII, un comerciante empeña su mano a cambio de que un buhonero le administre un filtro para vencer a un enemigo en duelo. La mano actúa entonces por sí misma. Vence al duelista, pero el comerciante será ahorcado por ello. Ya en la cárcel el buhonero, que era vidente y había presentido el desgraciado fin del comerciante y, por ello, ansiaba su mano, se presenta para recordar la deuda y le lee un pasaje del libro utilizado para el hechizo, “Un medio heroico de que se valen los malhechores para introducirse en las casas”:
"Se toma la mano cortada de un hombre muerto en el patíbulo, la propiedad de la cual ha de adquirirse antes de que el hombre muera; se la sumerge, cuidando de hacerlo cuando se halle casi cerrada, en una vasija de cobre que contenga azufre y nitro con grasa de spondillis. Se coloca la vasija al amor de una lumbre de helecho y verbena, de suerte que, al cabo de quince minutos, la mano quede perfectamente reseca y en condiciones de conservarse por mucho tiempo. A continuación, y tras de fabricar una vela con sebo de foca y sésamo de Laponia, sírvese uno de la mano a modo de palmatoria, para llevar la dicha vela encendida, y de esta suerte, por dondequiera que se vaya con ella por delante, caen las barras, se abren las cerraduras, y cuantas personas salen al paso permanecen inmóviles.
La mano de ese modo preparada recibe el nombre de mano gloriosa (1). [...] Aunque usted no me ha vendido su mano [le dice al reo], no obstante, ella me pertenece, porque usted no la ha desempeñado el día convenido, y buena prueba de ello es que, expirado el plazo, la mano se conduce merced al espíritu que la avasalla (Nerval, La mano encantada, págs. 95-96)."
Éste podría ser un posible origen de la mano negra de C.A.D.: se trata de la extremidad de un hereje o un criminal muerto en circunstancias infamantes, bien quemado o ahorcado, que ha sido esclavizada por la acción mágica. Existen en Europa otras manos con vida postmortem. En Escocia se cree que el castigo por haber golpeado a un padre es que la extremidad agresora no podrá ser enterrada y quedará sobre la tumba. Un cachorro de perro vendrá a orinar sobre ella (2) (Opie, I. y Tatem, M., 1989: pág. 186). Sin embargo, el destino de estas manos no es separarse de su cuerpo para hacer mal a otros, como en el caso español, sino servir de lastre a los muertos en su camino hacia la eternidad.
Su color revela las circunstancias de su defunción, aunque también puede ser debido a la muerte misma, que invierte los colores del mundo de los vivos. El índice de motivos de los relatos folclóricos, elaborado por Stith Thompson (1955), proporciona ejemplos en los que el alma se muestra como un objeto negro y, asimismo, tiene esta tonalidad el paisaje de ultratumba, el río que lleva a los infiernos, etc.
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NOTAS:
(1) “Mano de gloria” o “gloriosa” era también el nombre dado a la raíz de la mandrágora, a la que se atribuía el poder de aumentar la riqueza y descubrir tesoros ocultos.
(2) Esta creencia tiene un precedente en la leyenda de la parroquia de Tillicoultry, relatada por W. Gibson en 1893. Un malvado y poderoso señor tuvo una disputa con uno de los monjes de Cambuskenneth y lo derribó de un golpe. El señor murió poco después. Tras el funeral se descubrió que el puño que había cometido el sacrilegio había sido arrojado fuera del féretro como castigo divino. Esta leyenda se relaciona con el antiguo dicho escocés cuando alguien da un puñetazo “your hand’ll wag above the grave for this yet”.
© María García Alonso
Tenemos así dos tipos de sangre negra: la de los herejes y la de los enemigos políticos o, lo que es lo mismo, existe un color negro consecuencia de la combustión en la hoguera o en el infierno para los cuerpos muertos y otro propio de los cuerpos vivos cuya malignidad no es de orden sobrenatural sino social. Cuarenta años antes de que la Mano comenzara a ser conocida por sus crímenes supuestamente políticos, corría ya sangre negra por algunos cuerpos disidentes y, con el tiempo, los vivos y los difuntos se irán contagiando virtudes y propiedades en la imaginación popular hasta fundirse en una misma figuración del miedo.
La utilización de la extremidad de un muerto con fines mágicos, la llamada “mano de gloria”, era también en esos momentos del siglo un ingrediente que aderezaba los cuentos de horror de la burguesía. Relatos como “La mano encantada” de Nerval hablan de la posible existencia de una mano física, animada por otro poder distinto al de su cuerpo original, como una concha abandonada habitada por un cangrejo ermitaño. Su voluntad no responde a los posibles principios que tuviera su propietario en vida y por tanto carece de responsabilidad. En este cuento, ambientado en el París del siglo XVII, un comerciante empeña su mano a cambio de que un buhonero le administre un filtro para vencer a un enemigo en duelo. La mano actúa entonces por sí misma. Vence al duelista, pero el comerciante será ahorcado por ello. Ya en la cárcel el buhonero, que era vidente y había presentido el desgraciado fin del comerciante y, por ello, ansiaba su mano, se presenta para recordar la deuda y le lee un pasaje del libro utilizado para el hechizo, “Un medio heroico de que se valen los malhechores para introducirse en las casas”:
"Se toma la mano cortada de un hombre muerto en el patíbulo, la propiedad de la cual ha de adquirirse antes de que el hombre muera; se la sumerge, cuidando de hacerlo cuando se halle casi cerrada, en una vasija de cobre que contenga azufre y nitro con grasa de spondillis. Se coloca la vasija al amor de una lumbre de helecho y verbena, de suerte que, al cabo de quince minutos, la mano quede perfectamente reseca y en condiciones de conservarse por mucho tiempo. A continuación, y tras de fabricar una vela con sebo de foca y sésamo de Laponia, sírvese uno de la mano a modo de palmatoria, para llevar la dicha vela encendida, y de esta suerte, por dondequiera que se vaya con ella por delante, caen las barras, se abren las cerraduras, y cuantas personas salen al paso permanecen inmóviles.
La mano de ese modo preparada recibe el nombre de mano gloriosa (1). [...] Aunque usted no me ha vendido su mano [le dice al reo], no obstante, ella me pertenece, porque usted no la ha desempeñado el día convenido, y buena prueba de ello es que, expirado el plazo, la mano se conduce merced al espíritu que la avasalla (Nerval, La mano encantada, págs. 95-96)."
Éste podría ser un posible origen de la mano negra de C.A.D.: se trata de la extremidad de un hereje o un criminal muerto en circunstancias infamantes, bien quemado o ahorcado, que ha sido esclavizada por la acción mágica. Existen en Europa otras manos con vida postmortem. En Escocia se cree que el castigo por haber golpeado a un padre es que la extremidad agresora no podrá ser enterrada y quedará sobre la tumba. Un cachorro de perro vendrá a orinar sobre ella (2) (Opie, I. y Tatem, M., 1989: pág. 186). Sin embargo, el destino de estas manos no es separarse de su cuerpo para hacer mal a otros, como en el caso español, sino servir de lastre a los muertos en su camino hacia la eternidad.
Su color revela las circunstancias de su defunción, aunque también puede ser debido a la muerte misma, que invierte los colores del mundo de los vivos. El índice de motivos de los relatos folclóricos, elaborado por Stith Thompson (1955), proporciona ejemplos en los que el alma se muestra como un objeto negro y, asimismo, tiene esta tonalidad el paisaje de ultratumba, el río que lleva a los infiernos, etc.
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NOTAS:
(1) “Mano de gloria” o “gloriosa” era también el nombre dado a la raíz de la mandrágora, a la que se atribuía el poder de aumentar la riqueza y descubrir tesoros ocultos.
(2) Esta creencia tiene un precedente en la leyenda de la parroquia de Tillicoultry, relatada por W. Gibson en 1893. Un malvado y poderoso señor tuvo una disputa con uno de los monjes de Cambuskenneth y lo derribó de un golpe. El señor murió poco después. Tras el funeral se descubrió que el puño que había cometido el sacrilegio había sido arrojado fuera del féretro como castigo divino. Esta leyenda se relaciona con el antiguo dicho escocés cuando alguien da un puñetazo “your hand’ll wag above the grave for this yet”.
© María García Alonso