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Los procesos de la mano negra

Historias de la mano negra (IV). Por María García Alonso

Pero esta mano que se muestra en la literatura popular inicialmente amoral, instrumental, que actúa como una reliquia sacrílega por su condición de fragmento humano muerto a través del cual se manifiesta un poder sobrenatural a los vivos, va acumulando voluntad propia en algunas creencias infantiles actuales y en los cuentos del mismo ciclo que el publicado por Machado que provienen de zonas de la Península que no conocieron los rigores de los procesos y, por tanto, no comparten los mismos referentes culturales que son el sustrato de las versiones andaluzas, por contagio con ese otro cuerpo social desmembrado que es la sociedad secreta anarquista. Así, con el paso del tiempo, las referencias a la mano negra van asumiendo su papel histórico y perdiendo el físico que las inspiró; un papel extraído fundamentalmente de las declaraciones en los tribunales y de las numerosas crónicas que la prensa dedicó al tema.

La bibliografía sobre los llamados procesos de la Mano negra es muy extensa y apasionada (1). No sólo los juicios serían publicados y seguidos por numerosos periódicos locales y nacionales; también fue causa de debates parlamentarios y libelos de uno u otro signo en un momento histórico rico en insurrecciones y revueltas.

En los años posteriores a la I República, tras una euforia de proyectos de ley que no llegarían nunca a concretarse (2) y la frustración de las aspiraciones de un campesinado cada vez más empobrecido, la situación en la Andalucía rural se hace desesperada. En las zonas viticultoras, en especial en la comarca de Jerez de la Frontera donde tendrán lugar los juicios más famosos, se estaban produciendo cambios importantes en el sistema de tenencia de tierras y en la elaboración de la fuente principal de riqueza: el vino. Los productores vitivinícolas independientes y los obreros especializados pierden su autonomía en torno a 1863. La necesidad de abaratar el precio del jerez ante la crisis del mercado internacional (y de aumentar la producción cuando, en los años 80, se conozca una época de esplendor debido a la plaga de filoxera que asolaría las vides francesas), lleva a los latifundistas a contratar mano de obra poco cualificada que, ineficaz en la recogida y prensado de los vinos de mayor pureza, resultaba rentable a la hora de fabricar caldos de baja calidad (3). Los sueldos se derrumban. El campesinado se proletariza y pierde toda su capacidad de reacción contra las hambrunas, que las sequías y el paro hacían endémicas. El sistema de beneficencia, tradicionalmente en manos de la Iglesia, ha sido desarticulado por la desamortización y la ayuda pública se reduce a la caridad individual, inoperante en casos de pobreza generalizada. Ante esta situación desesperada, el proletariado rural comienza a organizarse de modo clandestino sobre todo en aquellas zonas en que la desigualdad entre ricos y pobres es más evidente: por un lado, estableciendo sociedades de apoyo mutuo con cuotas capaces de auxiliar a las familias en los momentos de mayor necesidad; por otro, a través de la acción directa: incendios, robos, huelgas...

Alarmados por un aumento en el descontento popular y por los continuos atentados contra la propiedad privada, los sucesivos gobiernos, apoyando los intereses de los terratenientes, contraatacan con una brutal represión. La Comuna de París (1870-1871) les ha enseñado el insospechado poder que se desata cuando muchos individuos sin recursos se organizan y, aunque su fracaso tranquiliza a los sectores moderados, revela a los más radicales lo que supondría un movimiento semejante en España.

Éste es el contexto de los tres procesos que tienen lugar en la Audiencia de Jerez y que son conocidos como de la Mano Negra. Se trata en realidad de crímenes comunes en apariencia, pero que fueron vistos como ajustes de cuentas entre miembros de una organización. Es curioso que los más famosos casos judiciales relacionados con ella no sean fruto de golpes de fuerza contra el poder establecido, sino asuntos domésticos resueltos violentamente entre iguales.

El 8 de marzo de 1883, la Guardia Civil de Arcos de la Frontera denuncia a Cristóbal Durán y a su cuñado Joaquín Campos por el asesinato de Fernando Olivera. Su muerte se creyó causada por un culatazo que él mismo se había dado accidentalmente.

"Pero -escribe el jefe de Orden Público Juan G. Muñoz al Señor Juez de Primera Instancia de Arcos- según confidencia que he recibido de persona cuya vida se halla seriamente amenazada, esa muerte fue a consecuencia de los golpes y lesiones que le causaron Cristóbal Durán y su pariente Joaquín Campos, ambos de esta vecindad, en calle Alameda, cuya agresión verificaron éstos para castigar a aquel por haberse negado: primero, a obedecer las sugestiones de estos para que entrara en la Asociación secreta a que ambos pertenecían y haber revelado después algo de las confidencias que le hicieron y secretos de este modo descubiertos."

Con esta denuncia comienzan los procesos, que agrupaban de modo arbitrario todos aquellos delitos supuestamente cometidos por personas afectas a la Internacional, envolviéndolos en una nebulosa de confusión y miedo; miedo que sería considerado de modo excepcional en la legislación de la época como atenuante para los delitos de uno de los acusados.

El más famoso de todos los juicios sería por el crimen del Blanco de Benaocaz, y en él la elaboración de la acusación sería meticulosamente planeada para mostrar la inequívoca correspondencia entre organización obrera y actividad criminal.

Un joven jornalero sale de San José del Valle en noviembre de 1882 a buscar semillas a casa de sus padres, en un pueblo cercano, y nunca más vuelve a ser visto. Al poco tiempo, éstos reciben una carta desde Barcelona que suponen de él, pero cuando en febrero de 1883 es hallado un cadáver en descomposición en un campo poco transitado, dieciséis personas son detenidas por el asesinato del Blanco, apodo del muchacho, bajo la acusación de haberle ejecutado por discrepancias en torno a la organización anarquista La Mano Negra. A pesar de ello, la causa de su asesinato dista mucho de estar clara e incluso la autopsia nunca llegó a ser concluyente en la identificación. Vale la pena presentar algunas versiones de esta historia con las palabras con que fueron escuchadas en los juicios.
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NOTAS:
(1) Destacan los libros de la historiadora Clara E. Lida La Mano Negra (1972); Anarquismo y revolución en la España del XIX (1972) y Antecedentes y desarrollo del movimiento obrero (1835-1888) (1973). Véase también Temma Kaplan (1977) Orígenes sociales del anarquismo en Andalucía. Capitalismo agrario y lucha de clases en la provincia de Cádiz (1868-1903). Julio Caro Baroja reflexionó sobre el movimiento, poniéndolo en relación con el bandolerismo y con rituales de exaltación de la juventud en Terror y terrorismo (1989). Por último son imprescindibles las publicaciones de los procesos que realizó la Revista de Legislación, coetáneamente a los hechos, que se encuentran en la bibliografía y los numerosos artículos dedicados a ellos en El Imparcial, La Ilustración española y americana (15 de marzo, 22 de marzo, 30 de marzo, 8 de abril, 15 de mayo, 30 de junio, 22 de junio y l de julio de 1883) y las crónicas escritas por Leopoldo Alas para El Día desde el 27 de diciembre de 1882 hasta el 21 de julio de 1883. El mismo Cesare Lombroso (1895) les dedicó una parte de su L’homme criminal, vol II, IV parte, capítulo III, “Associations de malfeiteurs”, págs. 556-558.
(2) Proposición de reparto de tierras a censo reservativo, solicitando la no inclusión en las leyes de desamortización de los bienes propios de los pueblos (23 de junio de 1873); Proyecto de ley sobre venta a censo reservativo de los bienes de aprovechamiento común (12 de julio); Proposición de ley sobre devolución a los pueblos de los terrenos de aprovechamiento común (6 de agosto); Proyecto de ley sobre reparto a braceros de terrenos faltos de cultivo (18 de agosto) y Proyecto de redención de foros (20 de agosto), que llegará a ley pero será derogada el 20 de febrero de 1874 por el general Serrano. (Bahamonde, A. y Toro, J., 1982).
(3) Resulta sintomático que en el proceso seguido contra Juan Galán Rodríguez por el asesinato de Juan Núñez Chacón y María Labrador y el homicidio de Manuel Román Ortiz el 4 de diciembre de 1882, y que fue atribuido a la Mano Negra, la supuesta causa de los crímenes fuera una represalia contra Núñez y su familia porque había podado con tijera y a destajo las tierras del amo de Galán y no con hoz.

© María García Alonso


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