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El vaivén de la copla de columpio en la Sierra de Cádiz: la fiesta de Ubrique

por Miguel Ángel Peña Díaz

El vaivén de la copla de columpio en la Sierra de Cádiz: la fiesta de Ubrique

Vista de Ubrique

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En el argot popular ubriqueño se llama “día de las candelas” o “día de los gamones” al día de la Cruz, nombre con el que se recoge en el santoral católico la festividad que conmemora la Iglesia el día tres de mayo, y con el sintagma “día de los paseos” se llama al día de las ánimas, al de los difuntos, celebrado el dos de noviembre.

En torno al primer día señalado, cuentan que antiguamente se solía instalar una cruz en el Toledo y otra en el San Juan (zonas pertenecientes al casco antiguo de la villa de Ubrique), y que en cada cruz solían poner un columpio donde las mocitas se columpiaban cantando y riendo, mientras los mozos miraban la gracia con que éstas lo hacían. Durante ese día, los zagales amontonaban las leñas con las que en la noche del tres de mayo hacían las candelas para calentar los extremos de las varas silvestres llamadas gamones y hacerlas crujir dando un golpe contra el suelo y gritando a la vez “a la salud de......”.

El “día de los paseos” las gentes salían al campo con sus canastos de varetas en los que llevaban boniatos, castañas, nueces, granadas y pan. Se iba al Salto de la Mora, a las Cumbres; subían por la Calzada hasta Santa Lucía; o a la Venta Martín. Era un día de campo en el que se hacían también columpios, cantaban y jugaban, y a la vuelta solían entrar en el cementerio para recoger el farol que habían dejado allí el día anterior. En estas circunstancias, se cantaban coplas que hacían eco a lo que en esos momentos estaban haciendo.

A los olivares fui
a echar un columpio un día
me encontré con mi moreno
que era lo que yo quería.(1)

Mª Rosario Carrasco Chacón (2) dice en un artículo que “en muchas calles se tendían columpios de ventana a ventana donde las muchachas eran columpiadas por sus novios o amigos al compás de coplas llamadas de “pique”, con la intención de hacer perdidas paces. Junto a cada hoguera se organizaba un baile, con la guitarra como instrumento. Este baile era llamado “abandolao”, también se bailaba el “vals de los pasos”.

Las mismas letras de algunas de estas coplas nos pueden servir para ilustrar las presuntas intenciones para las que las cantaban. Vamos a tomar como núcleo central las coplas que hacen alusión al juego del columpio y desde aquí, como si de un campo asociativo se tratara, iremos configurando la red resultante de estas relaciones.

Mocito que está en la esquina
mirando pacia el columpio
y ha venido a columpiar
a una niña de su gusto
y le ha dicho en el oído
que se le han visto las piernas:
-¿Que se me han visto las piernas?
A ti no te importa nada,
que la carne de las piernas
es igual que de la cara.- (3)

................

 La niña que está en la bamba
se le han caído los volantes
y no los quiere coger
porque el novio está delante. (4)

 ................

Arremonta los cordeles,
arremóntalos bien altos,
que parezca una amapola
la niña que va en lo alto. (5)

................

Si se partiera la soga,
¿dónde irías a parar?
A la fuente San Francisco
o un poquito más allá. (5)

................

La niña que está en la bamba
se lo quisiera decir,
que se baje, que se baje,
que yo me quiero subir. (6)

Columpios3

Salvador Rodríguez Becerra (7) hace referencia en su libro sobre las fiestas de Andalucía al juego del columpio como “un pretexto para el juego erótico”. 

En el columpio los participantes encuentran una ocasión de acercamiento a las personas del sexo opuesto, acercamiento que no era permitido en otras circunstancias. La copla cuenta que el mozo se acerca al columpio donde se divierte la mocita con la intención de verle las piernas. En la siguiente copla también tenemos a otro mocito acechando a la niña cuyos volantes se  han caído con el vaivén del columpio. El juego erótico ha comenzado de tal forma que se activa la memoria tradicional y se empieza a hacer uso del material que la misma actualiza en estas situaciones. Ya sea porque en la copla se mencione el agua de la fuente, ya porque se aluda al color rojo del rostro de la doncella, empiezan a emerger del subconsciente de la colectividad transmisora del género símbolos que se recrean en el repertorio del corpus de coplas del que dispone. Veamos algunos ejemplos:

Allá arribita, arribita,
hay un pocito muy hondo
donde lavan las mocitas
los pañuelos de sus novios. (8)

................

La niña que va a lavar
al río de Manzanares,
¿para qué quieres jabón,
si tus manos son cristales? (9)

En este caso, en el que la mocita va a la fuente (pozo, río) a lavar los pañuelos de su novio, se hace uso del rito que simboliza la relación de intimidad que ésta tiene con él.

La entrada del yo lírico en el jardín podría correr en paralelo con el uso que el romancero hace del motivo del paseo, esto es, el encuentro con la aventura. Como ilustración, tenemos el texto de la siguiente copla:

En un jardín entré yo,
estaba la puerta abierta
y varias hojas cogí.
Si el jardinero despierta,
¿qué hubiere sido de mí? (10)

Los amantes tienen su lugar de encuentro en un jardín florido en el que ella corta flores (hojas) para quizás dárselas a él. Aquí podríamos establecer una relación simbólica entre el amor y el mundo vegetal, al igual que en la siguiente:

Águila que vas volando,
que en las alas llevas flores,
en el pico clavellinas
y en el corazón amores. (11)

En este juego erótico “la niña que va en lo alto” del columpio aprovecha y juega también a “empujar” mensajes en los que se dice sobre la suegra y las cuñadas lo que tal vez en circunstancias externas al juego no se atrevería a confesar. Tomemos algunas coplas del repertorio como ejemplos:

Mi suegra me quiere dar
una cruz para un rosario
y yo con su hijo tengo
corona, cruz y calvario. (12)

................

Tú me dijiste cuñada,
yo todavía no era,
yo no me monto en andamios
de tan endebles maderas. (13)

................

Si tu madre no me quiere,
con dejarme se acabó,
con eso no pasa penas
tu madre, ni tú, ni yo. (14)

................

Mi suegra y mis cuñadas
dicen que no me pue(de)n ver
para que no enturbie el agua.
¿Para qué la va a beber
pudiéndola beber clara? (15) 

También es el momento aquí de dirigirse a las adversarias que se entrometen en este juego erótico:

Mi contraria está muy tonta
porque tiene un novio mío
y no sabe la muy tonta
que son los desechos míos. (16)

................

Amor mío, ven temprano,
no me vengas a deshoras
que estas vecinitas mías
son algo mormuradoras. (17)

Columpios1

Los referentes a los que se aluden en las letras de las coplas son tan familiares, cercanos  y posibles para las trasmisoras de éstas, tales como los olivares que lindan el pueblo de Ubrique, o las cumbres en las que podemos observar los manantiales y el propio río Ubrique en los que seguramente irían las habitantes del pueblo a lavar la ropa, o las sogas con las que harían los columpios en las ramas de esos olivos, que hacen que sientan aún más suyas las coplas que tradicionalmente han heredado y propiciarían en el momento en el que brota naturalmente esta copla la creación de textos totalmente novedosos y modernos que se incorporan al repertorio que se actualiza en esta zona.

Tres cositas tiene Ubrique
que no las tiene Medina:
el peñón de la Becerra,
la sierra alta y la mina. (18)

................

San Antoñito en la Torre,
San Juan en el higueral,
San Francisco en Capuchinos
y Jesú(s) en San Sebastián. (19)

................

Me mandaste a decir
que tu querer se fue a pique
y yo te mando a decir
que el convento está en Ubrique
en frente del Benafín. (20)

Sería una gran sorpresa para ellas saber que una de las coplas que todavía hoy en día entonan en su Ubrique, también las recogió Manuel Alvar en su Poesía tradicional de los judíos españoles (21). El texto, perteneciente a los Balcanes, dice así:

“Morenica” a mí me llaman
yo blanca nací
y del sol del enverano
yo m´hise ansí.
 “Morenica”, graciosica sos,
tú morena y yo gracioso,
y ojos pretos tú.
  “Morenica” a mí me llaman
los marineros.
Si otra vez a mí me llaman
Me vo con ellos. 
 “Morenica” a mí me llama
el hijo del rey.
Si otra vez a mí llama
me vo yo con él.

Columpios2

La copla que me cantó María Román Cordón, de 76 años de edad, el día diez de mayo de 2000 dice así:

Morenita resalada
me dicen los marineros
y otra vez que me lo digan
me tengo que ir con ellos.

Si tenemos en cuenta que 1492 es la fecha de expulsión de los últimos judíos que habitaban la península ibérica, y ellos se llevaron consigo la lengua y la tradición que había nacido paralelamente a esta lengua, estamos ante una copla de columpio que tiene como mínimo cinco siglos. Les resultaría también sorprendente a nuestros informantes la muestra de una copla perteneciente a su repertorio en la versión que George Borrow en su obra The Zingali (1841) pone como ejemplo de poesía gitana que ha experimentado un proceso de españolización o, por el contrario, el agitanamiento de una copla tradicional en castellano. En caló el texto de la copla es el siguiente:

No te chibele beldolaia,
a recogerte una fremí,
que no es el julia mas rico
ni la bal mas barí.

El seis de mayo de 2000, Irene Sánchez Ríos, de 69 años, le cantó a Leticia Pérez Ortega, alumna del I.E.S. Francisco Fatou por aquel entonces y colaboradora en la recolección del corpus de coplas de columpios en Ubrique, esta misma copla en la siguiente versión:

Verdolaga, no te extiendas,
arrecógete un poquito,
que la huerta no es tan grande
y el hortelano no es rico.

¿Han desaparecido las circunstancias sociales y culturales que mantenían vigentes la copla que en Ubrique se cantaba al vaivén del columpio? En la actualidad, si vas a este pueblo gaditano el tres de mayo, durante el día verás a los zagales recoger leñas para amontonarlas y prenderles fuego en la noche del día mencionado, candelas en las que calentarán los extremos de los gamones y, cuando estén a punto, harán crujir golpeándolos contra el suelo.

En torno a ese tres de mayo, y en mi caso fue del año 2000, pude oír paseando por las calles del pueblo las voces entonadas por unas señoras que en ese preciso momento se hallaban cantando coplas de columpio en la emisora local del pueblo y, acto seguido, me dirigí hacia la misma para poder hablar con ellas y pedirles que, cuando pudieran, me dejaran grabar sus voces cantando esas coplas. Con la ayuda de algunas alumnas de 3º y 4º de E.S.O.del instituto de enseñanza secundaria al que he hecho mención, nos pusimos manos a la obra, concertamos entrevistas con las portadoras de este saber tradicional, grabamos sus voces en cintas de casettes y luego descubrimos (los alumnos) que habíamos transcrito una de las manifestaciones del acervo cultural del pueblo, mostrando de este modo el grado de pervivencia de formas de la lírica primitiva y los modos actuales de recreación de las mismas.

Algunas de estas composiciones son lamentaciones amorosas puestas en boca de una muchacha por la ausencia de su amado en la mayoría de los casos. Sirvan como ejemplos éstas:

Por las cumbres del amor
van mis suspiros volando,
arrecógelos, bien mío,
que por ti van suspirando. (22)

................

Si yo supiera escribir,
te escribiría un papelito
y te mandaría decir
lo que lloran mis ojitos. (23)

Columpios4

La cuarteta octosilábica asonantada con rima en los versos pares es la estrofa predominante en el corpus de coplas de columpio recogidas en nuestro trabajo de campo, aunque las informantes (en femenino, porque la mayoría son mujeres de entre 50 y 80 años) en la mayoría de los casos las alargaran hasta computar cinco versos, repitiendo al final de la cuarteta el primer verso de la misma para convertirla en una quintilla. He aquí un ejemplo de cuarteta “aquintillada” y otro de quintilla “pura”:

El columpio es un rosal,
la que se pasea una rosa,
los paseadores, jazmines.
¡Vaya tres cosas preciosas!
El columpio es un rosal. (24)

................

En la raya de tu pelo
un canario se subía
y se asomaba a tu frente
y en tu boquita bebía
pensando que era una fuente. (25)

Es frecuente que en las encuestas realizadas a las informantes, cuando éstas recrean la copla imperfectamente por no tratarse de la situación natural en la que espontáneamente renace, la misma copla es vertida en forma de cuarteta o toman el primer verso de la cuarteta para colocarlo como quinto en lo que sería ahora una quintilla, y la copla es la misma. En la recreación de estas cuartetas aquintilladas, aun poseyendo autonomía sintáctica y semántica, da la sensación de que la copla queda en suspensión, abierta; de que la copla llega a un lugar cuyo recorrido ha de realizar de nuevo en sentido contrario, al igual que el recorrido que hace el vaivén del columpio en el que se halla montada la niña. Y así, el juego del columpio hace de la copla un juego en el que se va configurando la red o sistema de coplas que conforman el corpus.

 

Notas

1. Informante: Josefa Castillo; Recolector: Carmen Cabezas Carrasco y Miguel Ángel Peña Díaz; Ubrique, abril de 2000.

2. Carrasco Chacón, M. Rosario, “Estudio etnográfico de las fiestas de la Cruz de mayo en Ubrique” en Papeles de Historia. Revista de la asociación Papeles de Historia, Ubrique, enero 1994, pág. 198.

3, 4, 10, 13 y 14. Informante: Pepa Román Cordón, 70 años; Recolector: Miguel Ángel Peña Díaz; Ubrique, 11-05-00

5, 16 y 24. Informante: María Sánchez Ríos, 56 años; Recolector: Leticia Pérez Ortega; Ubrique, 5-05-00

6. Informantes: Paca y María; Recolector: Verónica Ruiz Ramos; Ubrique, 6-04-00

7 .Rodríguez Becerra, Salvador, Las fiestas de Andalucía. Folclore, BCA, Editoriales andaluzas unidas, S.A. Sevilla, 1995

8,15,19 y 20. Informante: María Román Cordón, 76 años; Recolector:Miguel Ángel Peña Díaz; Ubrique, 10-5-00

9. Informante: María; Recolector: Isabel M. Bohórquez Mancilla; Ubrique, 5-04-00

11 y 18. Informante: María Nieves Romero, 67 años; Recolector: Leticia Pérez Ortega; Ubrique, 6-05-00

12 y 17. Informante: Estrella Maza Martín, 69 años; Recolectores: Victoria Macías García y Cristina Gil Sánchez; Ubrique, mayo de 2000

21. Alvar, M., Poesía tradicional de los judíos españoles, México, Porrúa, 1966

22.Informante: María Mancilla, 80 años; Recolector: Ana M. López Atienza; Ubrique, 5-05-00

23. Informante: Irene Sánchez Ríos, 69 años; Recolector: Leticia Pérez Ortega; Ubrique, 6-05-00

25. Informante: María Rodríguez; Recolectores: Carmen Cabezas Carrasco y Miguel Ángel Peña Díaz; Ubrique, abril 2000

 

© Miguel Ángel Peña Díaz


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