El universal mito de Don Juan y el cuento tradicional de "El cadáver ofendido"
por José Manuel Pedrosa
Tanto se ha escrito ya sobre el mito de don Juan y sobre sus fuentes, sus paralelos, sus derivados, sus incontables recreaciones, orales, escritas, artísticas, musicales, cinematográficas, que resulta imposible, en el reducido espacio de un artículo, trazar siquiera un panorama sintético de tan compleja y enrevesada cuestión.
Francisco Márquez Villanueva, en la monografía más aguda e importante que ha sido elaborada en España hasta hoy [1], siguió el rastro del mito hasta la persona de don Juan Jofré Tenorio, comendador de Estepa y Trece de la Orden de Santiago a partir de 1336, que parece haber sido el personaje histórico en torno al cual ─no se sabe muy bien por qué razón, pues los registros históricos no lo aclaran─ se fue urdiendo la leyenda del seductor disoluto que lleva el nombre de “Don Juan” (con el apellido Tenorio algunas veces), y que incurre al final en la ira y en el castigo divinos. No es una identificación ni clara ni segura, porque las carencias documentales nos impiden conocer qué posibles antecedentes, qué presumibles paralelos, qué concretos vínculos y engarces pudo tener aquel enigmático don Juan Jofré Tenorio con el Don Juan por antonomasia y con otros personajes, históricos y legendarios, de antes, de su época, de después, que encarnaron la tradición del donjuanismo. Pero algún mérito es posible que le incumbiera, porque Márquez Villanueva y otros especialistas opinan que el Daun John del Shipman's Tale de los Canterbury Tales de Chaucer, obra muy poco posterior a la vida del aristócrata sevillano, habría sido dibujado a hechura suya, o de lo que podía haberse configurado ya como su leyenda. Opinan, también, que ese Daun John británico fue el primer eslabón literario conocido para la posteridad de una apretadísima cadena de recreaciones (escritas pero con inocultables trasfondos e ingredientes orales) entre las que Márquez Villanueva cita un anónimo Paschino contro el duca et la duchesa de Paliano (ca. 1560), la comedia El infamador de Juan de la Cueva (representada en 1581), un Exenplo de Dn Juan salmantino de comienzos del XVII, la novela Engaños deste siglo y historia sucedida en nuestros tiempos de Francisco Loubayssin de la Marca (1615), o una pieza de teatro jesuítico alemana titulada Geschichte des Grafen Leontio, der, durch Machiavelli verderbt, unselig zu Tode kam (1615). Antes de que la tradición recalase, muy pocos años después, en el Tan largo me lo fiáis yen El burlador de Sevilla ─sobre cuya atribución a Tirso de Molina o a otros dramaturgos áureos han corrido ríos de tinta que es mejor que no nos mojen ahora a nosotros─. Para, a continuación, seguir su camino y proyectarse, muy reforzada, hacia el futuro.
El libro de Márquez Villanueva, además de apurar hasta donde puede el oscuro rastro de los antecedentes y de adentrarse en el desbordante océano de los sucesores del Don Juan de Tirso (densísimo panorama al que más vale que tampoco nos asomemos nosotros ahora), tiene la virtud de traer a colación y de profundizar en un tipo literario, el del trickster, “tramposo”, “burlador”, “embaucador”, que la crítica literaria hispánica no ha tenido hasta hace poco en mucha consideración ni manejado en demasía, acaso porque el nombre y el cuño conceptual del trickster es extranjero (anglosajón, para más señas), y porque presta resonancias míticas, universales, a lo que muchos han sentido siempre como un mito racialmente hispano. Piénsese que en la versión española de ese simplificador e inquietante centón de la sabiduría contemporánea que es la Wikipedia, la entrada dedicada a Don Juan que se podía leer en enero de 2008, escrita sin duda por algún biógrafo nacional, proclamaba entre otras inexactitudes y generalidades la tan manida de que “el personaje podría poseer raíces históricas y enlazar con Miguel de Mañara, un gran pecador arrepentido...”. Cierto es que don Miguel de Mañara (1627-1679) tendría las hechuras ideales y perfectas del don Juan hispano: sevillano, noble, seductor mujeriego (o macho ibérico, si se prefiere) y, al final, devoto arrepentido (hasta posible futuro beato). ¿Se puede concebir un perfil más castizamente hispano? Pero cierto, también, que no fue él el modelo inspirador del personaje literario (que, como tal, venía de muy atrás), y que su asociación con el mito de Don Juan no es esencial, sino adventicia, metonímica y apócrifa. Pese a la Wikipedia y pese a que a tantos españoles nos hayan aleccionado, desde jóvenes, sobre la deuda fundacional del universal mito de don Juan con don Miguel de Mañara, que no fue más que un simple aspirante (entre muchísimos) que ni don Juan se llamaba.
Al hilo del concepto de trickster (más abstracto y universal pero también más fidedigno y preciso) que se suele utilizar en los estudios de mitología y de cuentística, y que obstinadamente maneja Márquez Villanueva, el libro de este sigue los pasos de personajes de gesta, de balada, de cuento internacional, como el Joãozinho o Bandido de la tradición romancística portuguesa, o el Floovant medieval francés (del que salieron los Floresventos portugueses o los Fioravanti italianos); como el temerario y frívolo protagonista del romance hispánico de El galán y la calavera; como el Leoncio (o Leontius, Leontio, Loontzio, etc.) de un puñado de cuentos europeos cuya cronología cruza desde el siglo XVII hasta el XX, y cuya geografía va por lo menos desde Alemania hasta España y Portugal; o como los protagonistas de un complejo de narraciones hispanas e internacionales, no en verso (como El galán y la calavera) y no protagonizadas por Leoncio (como la categoría cerrada y especial de relatos a la que nos acabamos de referir), que pivotan sobre el motivo del galán descreído que ofende a una calavera o a un cadáver (a los que suele invitar a una comida o a una reunión futuras), y que al poco tiempo se verá obligado a cumplir la palabra dada, acudir a la cita y sufrir las consecuencias de su incivilidad.
Hay que señalar que el Joãozinho o Bandido portugués o el Floovant-Floresvento-Fioravanti protagonista de épicas y de baladas difundidas en parte de la Romania han de ser encasillados dentro de todo un enorme complejo de personajes (literarios, históricos y mixtos) que ganaron fama por su juventud disoluta (con ofensas a sus mayores, a la mujer, a la religión, a la moral instituida), y que luego, en bastantes ocasiones, llegaron ─o así cuentan sus leyendas─ a una santa y piadosa madurez. No pocas vidas de santos (incluyendo la de San Francisco de Asís, o la del mismo don Miguel de Mañara) y no pocas ficciones caballerescas (la de Pedro Carbonero, la de Roberto el Diablo, la de muchos bandoleros que acaban sus días en olor de santidad) se acomodan a este esquema narrativo, en que el donjuanismo se sustancia de modo muy abierto y general, encarnado sobre todo en el perfil del impío y arrogante despreciador de la mujer, y no en el motivo de la broma injuriosa y del convite funesto a los muertos.
Ese otro gran rasgo esencial (aparte del erótico-sexual) de la leyenda de don Juan, que suele concretarse en el episodio del emplazamiento a dos cenas o reuniones (una en la tierra y otra en el infierno) del humano ofensor y del muerto ofendido, debe ser considerado como un episodio autónomo del de la agresión a la mujer y al resto de los sujetos y normas de la sociedad, por más que en muchas obras literarias ─en El burlador de Sevilla, por ejemplo─ ambos niveles de narración se contaminen en un todo coherente, armónico y cargado de dramatismo.
Los motivos de la burla al muerto y de la cena funesta pueden ser bien apreciados en el romance español de El galán y la calavera y en el cuento europeo de Leoncio, que, además de por Márquez Villanueva, han sido estudiados en monografías, ya clásicas, de Said Armesto y de Menéndez Pidal [2].
Existe, como ya adelantamos, otra categoría de relatos que se distingue de las dos anteriores porque no está en verso sino en prosa, y porque no se halla protagonizada por nadie que se llame Leoncio. Aunque, por lo demás, su materia argumental coincide de manera muy estrecha con la de los textos que acabamos de conocer. Conviene insistir en que toda su trama descansa sobre el motivo principal de la ofensa burlesca al muerto y del convite funesto, y en que, aunque se le suelen adherir no pocos tópicos accidentales y migratorios, el ingrediente erótico-sexual se halla, por lo general, bien alejado de él.
Sobre esta categoría de relatos, amplia, densa y abierta, de naturaleza más oral que escrita, a la que Márquez Villanueva se asoma pero sin entrar de lleno en ella, intentaré hacer yo ahora algunas reflexiones. Centrándolas en lo que los folcloristas llamamos el tipo de cuento, o el cuento-tipo, que tiene el número 470A y el título de The Offended Skull (“La calavera ofendida”) en el católogo de tipos cuentísticos universales elaborado, en etapas sucesivas, por Antti Aarne, Stith Thompson y Hans-Jörg Uther. He aquí la síntesis argumental del cuento, según informa tal catálogo:
470A. The Offended Skull (Leontius, Don Juan, Festin de Pierre). Un borracho encuentra una calavera (o una estatua, o un muerto que cuelga de la horca), le da una patada y le invita a cenar. La calavera (o el muerto) visita al vivo, y le amonesta por su mal comportamiento (o le mata). En el momento en que le devuelve la visita, el vivo se convierte en convidado en el otro mundo.
En algunas variantes, el vivo contempla cosas en el otro mundo. En otras versiones, el vivo se queda en el infierno solo durante un corto periodo de tiempo, y luego descubre que en su mundo ha pasado, mientras tanto, mucho tiempo, y que todo ha cambiado[3].
De acuerdo con el catálogo de Aarne-Thompson-Uther, versiones orales y tradicionales de este relato (que tendría, además, el antecedente de la Scala coeli núm. 756 de Johannes Gobi, y paralelos, sobre todo donjuanescos, en muchas escrituras literarias) han sido registradas en Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Noruega, Dinamarca, Islandia, Escocia, Francia, España (incluido el País Vasco), Portugal, Holanda, Frisia, Flandes, Alemania, Suiza, Austria, Italia, Hungría, Macedonia, Rumania, Polonia, en la tradición gitana, en el Canadá francés, en la República Dominicana, en Chile, Perú y Brasil.
No abundan, en cualquier caso, las versiones orales y tradicionales documentadas en la geografía hispánica. En su magno catálogo de cuentos folclóricos españoles, Julio Camarena Laucirica y Maxime Chevalier dieron fe de una versión de Ciudad Real, otra de Granada, dos asturianas, una de Segovia, otra de Salamanca y una más de Cádiz; y, además, de tres gallegas, dos vascas (una de ellas, la protagonizada por Loontzio que conocimos anteriormente), una dominicana, una peruana, dos chilenas, y unas pocas portuguesas [4]. Existe otra documentada en Aragón [5], y una más en O Valeo-Ortigueira (A Coruña) [6].
Puede ser interesante conocer, ahora, versiones hispánicas del cuento que no han quedado indexadas en los catálogos a los que nos hemos referido. La primera que reproduzco es del pueblo de Terrinches, en la provincia de Ciudad Real:
El ahorcado convidado
Yo he sentío de las viejas que uno que pasó, un chulo, y había un ahorcao, y dice:
─¡Ah, estás ahorcao! Pero esta noche me caso ─dice─, te convido a la boda ─al ahorcao le dijo el mocico aquel.
Y él ya se casó, y entonces había allí... como lo convidó, estaban comiendo, y entonces le dijo el ahorcao:
─He venío a comer, como me has convidao, pero esta noche a las doce te espero en el cementerio.
Y entonces, en vez de acostarse con su mujer, tenía que ir al cementerio. Y antes de llegar al cementerio, se encontró con una mujer que estaba dando a luz, y tuvo dos melgos [mellizos]. Y entonces, ¿qué hizo él? Socorrerla.
Y [luego, el ahorcao le] dijo:
─¿Por qué has hecho tan tarde?
Dice:
Porque...
Y dice:
─Pos eso te ha salvao, que, si no, estabas como yo [7].
La versión canaria que a continuación conoceremos es de extraordinario interés, porque integra, como colofón, el episodio de la visita al infierno, las visiones de ultratumba y la interpretación que se hace de ellas, que suele aparecer en algunas tradiciones foráneas, pero no tanto en las hispánicas:
Un S[eñ]or de este pueblo, iba un día de paseo con otros varios y por echársela de curro al pasar por el cementerio vio una calavera y le tocó con el bastón en la cabeza, diciéndole: "Mañana estás convidado a almorzar".
Al día siguiente serían las 10 de la mañana, un caballero bastante empaquetado le tocó a la puerta. Fue a ver lo que quería y le dijo: "Que cumpliendo con la invitación que la tarde anterior le había hecho, venía a almorzar". El de la broma se quedó medio muerto al ver la trasformación de la calavera. Almorzaron y a la conclusión le dijo: "Yo he venido a su convite, pero ahora lo convido para que dentro de 10 días, me haga una visita y me acompañe a comer, para lo que tendrá un caballo a la puerta de su casa al romper el día, con el fin de que lo conduzca a mi palacio".
Llegó el día tan temido para el pobre que convidó a la calavera, y se encuentra el caballo atado a la puerta. Temblando como un tullido se montó en él y después de caminar unas seis horas, llegó a una gran casa, situada en un punto donde nunca había estado. Salió la calavera a recibirlo y lo condujo a una habitación suntuosamente arreglada.
Al poco tiempo, principiaron a servir la comida y notó el caballero que tres señoras lo hacían. La primera muy compuesta entraba de frente y era muy amable, la segunda de medio lado y con malos modos, y la tercera de culo y con una cara de diablo. Admirado le preguntó al cadáver qué significaba aquello, a lo que contestó que había sido casado tres veces; que con la primera mujer se llevó bien y por eso estaba contenta; que con la segunda tuvo porción de refunfuños, y por eso estaba enfadada; y con la última siempre estuvo de pleito, y por eso no quería ni mirarlo. Añadiendo: "Y tu da gracias al cielo porque yo estoy en gracia de Dios, porque, si no, te llevaba ahora al infierno. Que eso te sirva de lección para que respetes las almas del otro mundo, ¡vete!".
El caballero salió atemorizado, jurando no volver a bromear con cosas sagradas [8].
Esta otra versión del relato, sin el colofón de las visiones de ultratumba, es representativa de la tradición oral del departamento de La Paz, en Bolivia:
El cadáver ofendido
Una vez había un hombre colgado de un árbol. En ese momento un joven pasaba por ahí y se burló del hombre colgado. Se puso a tirarle piedras y a decirle que le siguiera, y se fue. Al día siguiente volvió a pasar por allí, y lo hizo lo mismo. Y así varios días hizo lo mismo. Un día, cuando se disponía a burlarse del ahorcado, escuchó una voz que le dijo:
─El alma de un muerto no debe ser molestada.
El joven hizo lo mismo y le tiró piedras. Entonces, el ahorcado bajó del árbol y le siguió. El hombre logró esconderse en la capilla del pueblo, pero el ahorcado le siguió repitiendo:
─El alma de un muerto no debe ser burlada.
El padre de la capilla le dijo que había una forma de evitar que el ahorcado se lo llevara y era que esperara con las puertas abiertas al ahorcado, rodeado de niños que estuvieran despiertos hasta la media noche. El hombre mantuvo despierto a los niños, pero cinco minutos antes de la media noche estos se durmieron como por encantados. Entonces el alma del ahorcado entró a la casa y se llevó al joven al infierno. Me lo contó mi abuelito [9].
He aquí una impresionante versión panameña, con una introducción absolutamente original ─muestra, una vez más, de la asombrosa capacidad adherente de motivos flotantes y foráneos─, y cuajada en el resto de su trama de extraordinarios ingredientes novelescos:
Entre los cuentos narrados por José Gabino Rivera L. se destaca un Profano en el Cementerio, donde hace gala de suspenso y dominio del lenguaje vernacular de nuestras campiñas.
Dicen que una vez se encontraba en el cementerio del pueblo un grupo de campesinos haciendo una sepultura para enterrar a un señor que murió de manera natural; era un señor viejito y pobrecito. Varios dijeron que ya estaba de quitar, por eso no se escucharon llantos ni lamentos y en el velorio de cuerpo presente solo rezaron un rosario; hasta dicen que el rezador no rezó la parte que dice: “Rezamos este rosario por el alma del difunto y pedirle al Señor que si en alguna pena estuviere, que se sirva de cogerlo por la mano derecha y llevarlo al refresco de la Gloria Eterna”. Amén. Según la opinión de los asistentes, el alma del difunto fue rumbo al purgatorio, ese cuerpo había que entregárselo a la tierra ya. Por eso, el entierro fue ligerito.
Así se encontraban afanados en el cementerio entre conjunturas y comentarios cuando se presentó un hombre alto, fornido, bien vestido, montando un potro azulejo patiblanco de muy buenos andares. Se apeó de su caballo y se acercó a ellos con una botella de seco ordinario en las manos.
─Buenos días, señores.
─Buenos días, señor.
La respuesta fue en coro, pero expresiva. Con una mirada larga y turbia por los efectos del licor recorrió el cementerio y finalmente habló:
─Allí en aquella esquina están papá y mamá enterrados cerca uno del otro, pero hoy no puedo visitarlos porque ando apurado. Supe en la cantina que ustedes estaban aquí y quise distraerles un trago.
La botella pasó de mano en mano, la ronda fue completa y, cuando volvió a sus manos, se empinó un trago grande, trepó un pie sobre el ataúd y les dijo:
─Vengo a invitarlos a mi junta de cortar arroz, habrá mucha chicha de la buena.
Hubo una pausa. En ese momento, el sepulturero sacó envuelta en una palada de tierra una calavera casi completa. De inmediato los campesinos se quitaron el sombrero y se santiguaron en forma reverente. El visitante se acercó a la calavera, le pegó una patada y le dijo:
─Tu también vai a la junta, Ñato pendejo, pa’ que tome chicha fuerte y comai buena comida a lo mejol te muriste de jambre.
Los campesinos se volvieron a santiguar. El borracho montó su caballo y se retiró diciendo palabras vulgares acompañadas de carcajada que se escuchaban desde lejos.
“Con los muertos no se juega”, expresó uno de los más viejos del grupo.
Allá en el otro extremo lejano del arrozal, pegado a la montaña apareció un hombre alto, flaco y amarillo con ojos muy hondos, dentadura grande y brillante. Tenía un sombrero hundido en la ceja y cortaba mucho arroz, y le solicitó al dueño de la junta que le pagara el peón mañana.
─Mi trabajo será en la Iglesia del pueblo a las doce de la noche; no falte, lo estaré esperando.
Al presentarse, a las doce, le dice el extraño hombre:
─Destape esta bandeja.
Y al destaparla se le apareció una calavera sangrante que le habló enseguida:
─Mire señor, Ud. me pateó en el cementerio, y ahora pagará su culpa.
El hombre huyó, se cayó, se levantó, gritó y rezó. Cuando se sintió perdido, se abrazó con desesperación al púlpito, y allí lo encontró muerto el sacristán al día siguiente, cuando abrió la iglesia para la primera misa dominguera.
Los campesinos estaban seguros de que era un castigo de Dios por profanar a los muertos.
Nadie se atrevía a enterrarlo, ni nadie podía explicar el motivo de la tragedia. Solo los campesinos que enterraron al viejito estaban seguros de que era un castigo de Dios por profanar a los muertos [10].
La siguiente versión que vamos a conocer es muy singular, porque muestra de manera ejemplar de qué modo los relatos más viejos y venerables son capaces de reciclarse y de actualizarse, con proteica energía, en toda época y lugar, incluyendo el hoy y el aquí (o el cualquier sitio). Está editada en una página de Internet que se llama Estasmuerto.com (concretamente en la dirección http://www.estasmuerto.com/leyendas/la_cena.html), que alberga todo tipo de historias, leyendas y rumores, con la única condición de que sean sangrientos, siniestros y macabros, y de que entren de lleno dentro del género literario que llamamos leyendas urbanas, tan caro a los jóvenes y adolescentes. La persona que escribió esta leyenda en tal página se identificó nada más que como “Shakita”, y aunque señala que “se cuenta en mi pueblo”, no identifica cuál es su pueblo (¿de España? ¿de Hispanoamérica?), por lo cual nos resulta imposible conocer detalles de la geografía de esta leyenda, vieja y nueva al mismo tiempo. Sin embargo, el hecho de que haya penetrado en el circuito de difusión de Internet da a entender que, ya, la geografía de este relato se ha hecho indiscriminada, internacional, universal. De hecho, bajo la narración firmada por “Shakita” hay una función que dice “Envía esta leyenda a tus amigos”: con sólo ir escribiendo sus direcciones de email y apretar un botón, La cena saldrá disparada en todas las direcciones del globo internáutico, y su difusión será enorme e instantánea:
La cena
Se cuenta en mi pueblo que en tiempos de guerra había una familia rica de la que todos sentían envidia. Había dos chicas en la familia. La mayor, ya casada, tenía 21 años, y la mas pequeña, 18.
En la época en que estaban era muy difícil conseguir comida y, a pesar de que el pueblo no vivió la guerra en profundidad, también se dejo sentir la hambruna. Los guerrilleros decidieron así acabar con la familia para apropiarse de sus pertenencias. Entraron en la casa por la fuerza y se llevaron a los padres, los asesinaron y dejaron los cuerpos en un bosque cercano. Las hijas no tuvieron mejor suerte. No solo fueron asesinadas, sino también maltratadas y violadas; sus cuerpos acabaron mutilados por completo.
Abandonaron los cuerpos en lugares muy separados. Era como si quisieran torturarlas en vida y también en muerte. Esa misma noche, unas de las pocas personas con buena voluntad que quedaban en el pueblo, se acercaron, recogieron los cuerpos y los enterraron. Cuentan que las gentes volvían la cara al ver el cruel estado de las jóvenes, las ropas rasgadas, las caras desfiguradas, los pechos cortados y sangre, sobre todo mucha sangre.
Pasados ya los años, un grupo de jóvenes decidieron acercarse, para demostrar su valentía, al lugar donde se había colocado la lápida de una de las dos hermanas. Uno de ellos, el más ebrio de todos, y el que había propuesto la idea, decidió tomar una pala y desenterrar el cuerpo para ver si aquella leyenda era verdad o solo ficción. Comenzó a cavar, bajo las miradas atónitas de los demás. Efectivamente, allí reposaban los restos de la hermana mayor, pero el joven no se conformó con esto, sino que sacó la calavera y le pegó una patada diciendo:
─Yo he sido valiente desenterrándote, ahora sé lo tu y hazte presente en cuanto den las doce. Si lo haces, pagaré tu esfuerzo con los mejores manjares que hayas probado jamás.
Y concluyó con una carcajada. Luego marcharon, dejando la pala al lado de la tumba profanada, para que todos pudieran ver su hazaña.
Poco tiempo después, cuando el chico había vuelto a casa y dormía, sonaron las doce. Tres golpes secos retumbaron en el caserón donde vivía. El criado, asustado, se dirigió hacia la puerta, la abrió y vislumbró una sombra negra. Esta avanzó hacia el y dijo:
─¿Está vuestro señor en casa? Tengo una cena pendiente con él...
La voz parecía algo desgarrada, pero al criado le pareció femenina. Subió el criado, y le comunicó a su amo que una joven deseaba verlo, y que decía algo de una cena. El chico no daba crédito a lo que oía, y pensó que era una broma de sus compañeros. Así que se vistió de gala y bajó.
Creyendo encontrarse ante uno de sus amigos, decidió ordenar que se le sirviera lo mejor de su despensa, y así demostrar no tener miedo. Habiéndose sentado, el misterioso invitado habló:
─¿Esto es lo mejor que me tenéis reservado? Caballero, creí que erais hombre de palabra.
Oyendo esta voz, el chico se puso en pie, pues no descubrió a ninguno de sus amigos tras ella. Aquella silueta se levantó, dejando ver una de sus manos, que erizó el pelo al chico. Se acercó lentamente mientras recorría la capucha de la túnica para dejar ver su rostro... El chico quedó paralizado, pálido y cayó desmayado.
Al oír el golpe, el mayordomo se acercó y encontró a su amo tendido en el suelo. Su invitado había desaparecido, pero no sin antes dejar una nota que decía: "Dejad a los muertos descansar en paz".
Cuando el chico despertó, todos preguntaron qué ocurrió. Entonces el chico balbuceando consiguió decir:
─...N,n,nooo...d,despper..teiss a los...muertt...muertos...
El chico nunca se recuperó de aquello, y se suicidó poco tiempo después.
Es evidente que todos los relatos que hemos ido conociendo son versiones, emparentadas genéticamente entre sí, del tipo de cuento internacional ATU 470A, por más que estén pronunciadas con acentos tan diversos, y que se les hayan adherido introducciones, o partes de la trama, o desenlaces, o tópicos, o adornos más o menos originales y más o menos discrepantes: el caso es que es más lo que les une que lo que les separa.
NOTAS
[1]Francisco Márquez Villanueva, Orígenes y elaboración de "El burlador de Sevilla" (Salamanca: Universidad, 1996).
[2]Véanse Víctor Said Armesto, La Leyenda de Don Juan. Orígenes poéticos de El burlador de Sevilla y convidado de Piedra (Madrid: Librería De Los Sucesores De Hernando, 1908); y Ramón Menéndez Pidal, "Sobre los orígenes de El convidado de piedra", en Estudios literarios (Madrid: Espasa Calpe, 9ª ed. 1968) pp. 69-88.
[3]Traduzco de Hans-Jörg Uther, The types of International Folktales. A Classification and Bibliography, Based on the System of Antti Aarne and Stith Thompson (Helsinki: Suomalainen Tiedeakatemia-Academia Scientiarum Fennica, 2004) núm. 470A.
[4] Julio Camarena Laucirica y Maxime Chevalier, Catálogo tipológico del cuento folklórico español: Cuentos maravillosos (Madrid: Gredos, 1995) núm. 470A.
[5] Carlos González Sanz, Catálogo tipológico de cuentos folclóricos aragoneses (Zaragoza: Instituto Aragonés de Antropología, 1996) núm. 470A.
[6] Camiño Noia Campos, Contos galegos de tradición oral (Vigo: NigraTrea, 2002) pp. 182-183.
[7]María del Mar Jiménez Montalvo, La literatura oral de Terrinches: géneros, etnotextos, estudio, tesis doctoral (Alcalá de Henares: Universidad, 2006) pp. 918-919.
[8]Dr. D. Juan Bethencourt Alfonso, Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte, ed. M. A. Fariña González (Santa Cruz de Tenerife: Museo Etnográfico-Excmo. Cabildo Insular, 1985) p. 281.
[9]Yukihisa Mihara, Narrativas tradicionales del Dpto. de La Paz, Bolivia (Hirakata, Osaka, Japón: Seminario de Y. Mihara de la Universidad de Kansai Gaidai) p. 96.
[10] Alberto Barrera, “Recopilación de cuentos campesinos. Calavera sangrienta maldice a profanador”, en El Siglo.com (Panamá, 13 de enero de 2008). Véase http://www.elsiglo.com/siglov2/Play.php?fechaz=13-01-2008&idsec=7&idnews=61378
© José Manuel Pedrosa, Universidad de Alcalá
Este artículo es una síntesis parcial del mucho más extenso que, con el título de “El mito de Don Juan y el cuento tradicional de El cadáver ofendido (ATU 470A)” fue publicado en la revista Hecho Teatral 7 (2007) pp. 63-90.
Muchas personas creen que el universal mito de don Juan tiene sus raíces en la Sevilla del siglo XVII en la que vivió don Miguel de Mañara. No es así. El mito de don Juan es, sin duda, más antiguo. Sí que es posible que tenga que ver con un sevillano don Juan Tenorio que vivió en el siglo XIV, aunque las lagunas documentales impiden tener certezas totales.
Este artículo intenta desentrañar algunas de las relaciones del mito con la tradición cuentística universal.