Déjame que te cuente
Los progenitores de nuestros alumnos son nuestros mejores aliados para devolver a la vida los viejos cuentos. Antes de que nosotros los animemos, ellos ya se han lanzado (muchas veces sin apenas recursos) a narrar a sus hijos, pues son conscientes de la inyección afectiva que aporta el acto de la narración oral.
Desde la escuela podemos ayudarles a perfeccionar su vocación, organizando pequeños talleres de narración oral donde no sólo ofrezcamos nuevos textos sino también recursos corporales (la voz, la postura, los movimientos...) de los que pueden servirse para contar cuentos a sus hijos. No importa que nosotros también estemos empezando: estos talleres pueden estar planteados como espacios donde todos vamos a aprender de todos, y así acabaremos llevándonos grandes sorpresas, descubriendo nuestras potencialidades y las de los demás. En estas reuniones podremos recordar cuentos de nuestra infancia que sólo aparecían entre neblinas, inventar nuevas historias a partir de las estructuras de los cuentos tradicionales, crear o aprender sencillas estrategias de animación a la lectura, elaborar listas con los cuentos preferidos de nuestros hijos y alumnos... y, sobre todo, canalizar de una forma muy agradable la colaboración entre las familias y la escuela.
En nuestro caso, desde el curso 95-96 este taller se ha dirigido hacia la preparación de una pequeña obra de teatro a partir de un cuento popular. Madres y maestros, sin apenas conocimientos previos, adaptamos el texto, confeccionamos los trajes y los escenarios, preparamos los fondos musicales y lo pusimos todo sobre un escenario improvisado en una de las aulas. No queríamos que la falta de espacios adecuados se convirtiera en un obstáculo. El resultado, gracias al aderezo de ilusión y colaboración, ha sido, desde aquella primera vez, un rotundo éxito.