María Jesús Ruiz
"La tradición oral es un mundo que, a medida que vas aprendiendo, multiplica hacia el infinito sus posibilidades de conocimiento"
María Jesús Ruiz es profesora de Literatura Española en la Universidad de Cádiz, donde defiende con una labor apasionada la presencia de la literatura de tradición oral en los estudios universitarios. Sus vínculos afectivos la llevaron a publicar dos trabajos sobre el tema en las comarcas de Jerez y Campo de Gibraltar, dos espacios emblemáticos de la expresión artística oral donde, sin embargo, es difícil sustraerse del predominio del flamenco y el desarraigo, respectivamente.
Sus interesantes respuestas abren vías de trabajo para quienes se atrevan a interpretar el futuro turístico, académico, social y cultural del sur andaluz partiendo de la memoria colectiva, un hecho que, de no ser tenido en cuenta, deja puertas abiertas a la colonización incontrolada y deshumanizada. Tomemos nota, pues.
Pregunta obligada con la que abrimos casi todos nuestros cuestionarios: ¿Qué significa para ti la tradición oral y por qué te dedicas profesionalmente a ella? ¿Desde qué punto de vista te gusta valorarla: afectivo, intelectual, histórico, social, estético...?
Entré en el mundo de la tradición oral por la vía de la filología, y en concreto de la literatura. Lo que me interesó en un primer momento fue que la oralidad literaria contenía al menos la mitad de las claves de la literatura escrita, la “de autor”, y que una y otra habían sido, durante siglos, mundos en continua correspondencia. Intelectual y afectivamente, me conmovió haber vivido toda mi vida rodeada de una literatura próxima, inmediata, de la que no tenía conciencia, de la que había estado rodeada en la niñez y de la que yo misma y mi familia éramos transmisoras. Creo que es la experiencia más sorpresiva y deslumbrante que tiene todo el que se adentra en este ámbito.
La tradición oral es un mundo que, a medida que vas aprendiendo, multiplica hacia el infinito sus posibilidades de conocimiento: ahora me interesa, muy por encima de su aspecto filológico, el social y el histórico, en general su vertiente etnográfica, la posibilidad de analizarla como un síntoma de un estado vital y moral que forma parte de nuestra memoria, pero del que no tenemos conciencia.
¿Y qué géneros o parcelas te interesan más y por qué?
Por haber comenzado estudiando el romancero y por mi propia formación intelectual y emocional me interesa más la literatura oral en verso. En el romance, en la lírica, en la retahíla infantil… creo que late un estado primordial de expresión poética, connatural al ser humano en su vertiente comunicativa, que tiene que ver con la necesidad esencial de rimar, con la musicalidad que preexiste a la palabra y que la trasciende. En el mismo sentido, hay una parcela de la oralidad literaria, la del verso improvisado, que, teniendo unas coordenadas distintas a las de los demás géneros, me parece sumamente interesante. El estudio de la poesía improvisada revela una relación natural y, a la vez, sofisticada, del ser humano con el verso. Ha existido y existe en prácticamente todas las culturas (orientales y occidentales) e informa de manera importante de la naturaleza de los colectivos humanos.
¿De qué forma la universidad acerca ese mundo a los estudiantes?
La tradición oral sigue, en general, desterrada de la universidad, aunque en los últimos años la situación ha cambiado algo. En paralelo, la protección que prestan las instituciones públicas a este patrimonio ha mejorado bastante, pero es todavía muy escasa. Sólo en unas pocas universidades españolas la tradición oral aparece como materia de estudios reglada, y normalmente en los niveles de doctorado y posgrado. Que yo sepa, únicamente la Universidad de Cádiz ofrece enseñanza de esta materia en los primeros ciclos de la licenciatura de Filología Hispánica. Aun así, el material se estudia desde el punto de vista filológico, mientras que los aspectos etnográficos o sociológicos sólo encuentran en los programas un lugar accesorio. Esto es lógico teniendo en cuenta que la tradición oral forma parte aquí de las disciplinas filológicas, pero habría que aspirar a que tuviera el lugar que le corresponde en otras titulaciones: Antropología o Historia, por ejemplo, e incluso en carreras como Turismo, una materia que, hoy por hoy, se encara desde la casi exclusiva vertiente empresarial.
¿Muestra interés el alumnado por esta materia? ¿Qué es lo más llama su atención?
La atención y el interés del alumno están absolutamente garantizados en la docencia de la tradición oral. Como comentaba al principio, el reconocimiento que se produce de la propia memoria y la nueva comunicación que con mucha frecuencia aparece entre los jóvenes y sus padres y abuelos, hacen que el estudio de la tradición oral trascienda de inmediato su carácter teórico y se convierta para el alumno en una experiencia vital.
Habiendo estudiado a fondo el romancero, ¿puedes decirnos qué tiene de peculiar el romancero gaditano o de la baja Andalucía con respecto a otras zonas hispánicas?
Ese aspecto de la balada está afortunadamente muy estudiado, sobre todo en los trabajos de la profesora Atero, que determinó en su momento el perfil diferencial del romancero bajoandaluz. Los romances del Sur son más breves y menos narrativizados que los del Norte, están más cerca del modo expresivo de la lírica, con la que han convivido muy estrechamente. En general, el romancero andaluz muestra un dominio del factor innovación sobre el de herencia, alejándose así, más que ningún otro repertorio hispánico, de las versiones primitivas. Eso también hace que aquí las versiones romancísticas aparezcan agotadas en sus posibilidades de apertura, y que abunden las versiones vulgatas que, por otra parte, poseen una enorme capacidad de irradiación hacia zonas del Norte.
Y la comarca del Campo de Gibraltar, ¿guarda alguna rareza, algo que destacar?
En la comarca campogibraltareña se hacen extremas algunas de las tendencias generales del romancero andaluz: un amplísimo y rico repertorio lírico alimenta la inclinación del romance hacia la síntesis expresiva, la brevedad y el tono sugerente más que detallado. En el mismo sentido, la abundancia y variedad de estribillos hablan en esta zona de un uso esencialmente festivo y socializador del romance, que ya está en toda Andalucía, pero que aquí se extralimita. En el campo de la balada romancística, el Campo de Gibraltar conserva algunos temas asociados al pastoreo que no existen en otras zonas limítrofes y cuya presencia puede explicarse por la comunicación histórica de la comarca con la ruta de pastores que, proveniente de León, cruzaba Extremadura y llegaba hasta esta campiña.
Desde el punto de vista folklórico o etnográfico, el Campo de Gibraltar está fuertemente individualizado, tiene una personalidad propia, y eso hace que sus productos literarios orales sean peculiares. Ocurre así, por ejemplo, con el llamado fandango tarifeño o chacarrá, resultado de la convivencia secular de gentes de toda la cuenca del Guadalquivir en el contexto laboral de las almadrabas. El chacarrá mantiene vivo un repertorio lírico excepcional, adscrito a unos instrumentos musicales, a una danza y a una serie de ritos folklóricos realmente diferenciados.
Y con respecto a los juegos infantiles en su evolución temporal, ¿qué diferencias se perciben entre los textos de los juegos “callejeros” de antes y los de ahora?
Creo que la palabra clave es desconexión, pérdida de vínculos. Los textos infantiles casi se han desconectado del repertorio tradicional lírico y romancístico, al que recrean cada vez menos, nutriéndose en cambio de mensajes provenientes de la televisión y de la música de consumo popular. Hay asimismo una desconexión de vínculos tradicionales entre la madre y el niño en la primera infancia: mientras que hasta hace poco el canal poético tradicional actuaba como primera fuente de nutrición y como modo primordial de conocimiento, ahora esta función emocional y pedagógica ha sido absorbida por otros recursos de naturaleza tangible, como juguetes, libros, etc. Y hay, por último, una evidente desconexión del niño con los modos de relación tradicionales, sustentados estos en el juego en colectividad, y sustituidos por el juego individual y el juguete electrónico.
¿Hacia dónde, pues, crees que se encamina la literatura creada y transmitida al margen de la escritura? ¿Cuáles son los productos con mayor futuro inmediato?
Es evidente el adelgazamiento extremo del hilo de la tradición oral, e innegable su próxima y total desaparición como modo de expresión espontáneo. Creo, sin embargo, que tiene un futuro asegurado en el ámbito de la educación escolar infantil, cada vez más consciente de las posibilidades pedagógicas de este material. Igualmente, la investigación universitaria va dedicando poco a poco su atención hacia este ámbito, al que inevitablemente analizará dentro de muy poco con perspectiva arqueológica. Por último, las instituciones públicas van advirtiendo el valor de este patrimonio cultural y, por tanto, dedicando recursos a su estudio y puesta en valor, sobre todo con fines políticos y de cara a la explotación turística.
¿Y qué queda por hacer por la tradición oral en general y, en particular, en la provincia de Cádiz?
Es imprescindible seguir con los trabajos de campo, sobre todo porque hasta el momento sólo tenemos una información parcial de la tradición oral: la puramente textual. Las bibliotecas están llenas de repertorios mudos, hemos recogido durante el siglo XX cientos de miles de textos, y rara vez, junto a ellos, hemos informado de cómo vivían, de cuándo, para qué y por qué se ejecutaban, de qué melodía los sostenía, etc. Ahora los nuevos recursos tecnológicos nos permiten recoger, archivar y ofrecer toda esa información, y por tanto explicar la tradición oral como el fenómeno global que es. Queda, por tanto, mucho por hacer, y poco tiempo para hacerlo, pues las generaciones más ancianas son ya, salvo excepciones, las únicas depositarias del saber tradicional.
En la provincia de Cádiz se hace necesaria una catalogación completa del folklore poético-musical, que tenga en cuenta todos esos elementos etnológicos a los que me refería, y por supuesto que incluya el material sonoro recolectado.
Centrándonos en los textos, la tradición oral arraigada en Andalucía, ¿rompe con los tópicos de esta región o los alimenta aún más?
A poco que se observe, la tradición oral de cualquier región desbarata los tópicos amasados sobre la misma. Creo que la principal ruptura en este sentido es apreciar cómo la tradición oral determina comarcas folklóricas muy diferenciadas, ajenas a las divisiones administrativas y, por supuesto, desvinculadas de la uniformidad que se les ha impuesto.
¿Cuál es el texto oral (o los textos) que tiene una significación especial para ti y por qué?
Por una parte, aquellos de los que yo misma soy transmisora y que forman parte de mi memoria “inconsciente” de la tradición, a cuya “explicación” he podido acceder más tarde de modo privilegiado. Por otra, algunos textos que he conocido durante mucho tiempo sólo en los cancioneros primitivos y que, en algún trabajo de campo, he tenido la suerte de encontrar vivos.
Por último, ¿alguna anécdota o experiencia que te anime a seguir realizando este trabajo?
La última experiencia de recolección. Durante este mes de agosto he realizado un extenso trabajo de campo en el Valle de Liébana, en Cantabria, en colaboración con investigadores de Madrid y de Jerusalén. El trabajo con personas realmente comprometidas con la tradición oral obliga al compromiso, dando así sentido a lo que haces.
Publicaciones de María Jesús Ruiz
- El romancero tradicional de Jerez, 1991
- La tradición oral del Campo de Gibraltar, 1995
- En la baranda del cielo. Romances y canciones infantiles de la Baja Andalucía, 1991 (en colaboración con Virtudes Atero)
- Tradición oral en la escuela: guía del profesor, 1994 (en colaboración con el grupo de estudios del romancero de la Fundación Machado)
- Tradición oral en la escuela: guía del alumno, 1994 (en colaboración con el grupo de estudios del romancero de la Fundación Machado)
- En preparación: Coplas de columpio en la tradición hispánica (española, portuguesa y sefardí), en colaboración con José Manuel Fraile Gil y Susana Weich-Shahak
- El romancero. Tradición y pervivencia a fines del siglo XX, 1989 (en colaboración con Virtudes Atero y Pedro Piñero)
Colaboraciones:
- Romancero de la provincia de Cádiz, 1996 (Virtudes Atero)
- Romancero tradicional del Valle de Liébana (en prensa, Editorial Cantabria Tradicional). Autor: José Manuel Fraile Gil
Su blog personal
© Asociación LitOral, septiembre 2006