Jesús Barroso
"Aún está por llegar, en nuestra comunidad, la apuesta decisiva por la música tradicional, con la creación de un centro de estudios de la tradición"
Desde las entrañas de Andalucía, Jesús Barroso ha desarrollado, desde 1972, un intenso trabajo de recuperación de textos y formas musicales tradicionales, especialmente de la provincia de Jaén. Primero como miembro del ya legendario grupo folk Andaraje y más tarde como impulsor de agrupaciones como La cuadrilla o Trébede. Su labor musical continúa en alguno de esos colectivos y en su trabajo diario como periodista especializado de Canal Sur Radio, donde conduce programas como “Clásicos andaluces” (un veterano con ocho temporadas en antena), “Latidos de la música” y “Orquestas andaluzas”. Después de recibir en 2003 el Premio de Periodismo “28 de Febrero” en la modalidad de radio, ha publicado, con Andaraje, el disco “El laudista zurdo” y, con Trébede, el titulado “De chanza y fiesta”, habiendo realizado con las dos formaciones musicales más de 600 conciertos. En esta ocasión se asoma a nuestra web para compartir experiencias, reflexiones y proyectos.
¿Qué significa para ti la tradición oral?
Se han llenado libros con las respuestas a esta cuestión. Yo os diré que la tradición oral es la base de la cultura popular y de las posteriores reelaboraciones de la misma, es el medio natural para la transmisión del conocimiento; es también, finalmente, el método que ha permitido durante generaciones la comunicación entre los miembros de la comunidad o entre comunidades; un método que igual informa de la localización exacta de un pozo, del ritual de una fiesta o de la narración de una leyenda para alejar las tormentas.
¿Desde qué punto de vista te gusta valorarla: afectivo, intelectual, histórico, social, estético...?
La valoración ha de ser poliédrica, pues tan válido es hacerlo desde la afectividad, desde el punto de vista intelectual, sin olvidar la visión histórica (tan pegada al propio objeto de valoración), social o estética. Yo no podría separar y aislar cada una de ellas. Otra cosa sería intentar saber qué peso tiene cada una de estas aristas …
¿Crees que aún es posible la recopilación de datos que arrojen nuevas luces sobre contenidos, formas, temas, etc.?
Espero y deseo que los temas y las distintas formas del conocimiento no estén agotados. La globalización, la homogeneización colectiva (otra forma de estupidez) a la que parece que estamos abocados, está haciendo todo lo posible para que la recopilación de nuevos datos “que arrojen luz” sea casi un imposible. Pero yo confío en que todavía nos sorprendamos con nuevas aportaciones.
De tu trayectoria como especialista en folclore, ¿qué género destacarías de la tradición oral hispánica y por qué?
Siempre he tenido debilidad por el romancero tradicional. Me parecía fascinante (y me lo sigue pareciendo) que en tres minutos se pudieran contar historias tan fantásticas y diferentes, que se pudiera informar de tantas cosas en tantas épocas. Cientos de personajes, desde los históricos a los anónimos, tramas religiosas o guerreras, de amores o truculentas, de asesinatos o de grandes héroes; es un filón inagotable y apasionante. Esto lo hago extensivo al romancero en general, incluyendo los pliegos de cordel, los más recientes en el tiempo, los que conocemos como “romances de ciego”. Además, como músico, he tenido la oportunidad de encontrarme con versiones bellísimas. Y, por último: que un romance se pueda escuchar con la misma música y letra (los “romances tipo” que dicen los entendidos) en Argentina, Andújar, La Coruña o cualquier lugar del mundo “panhispánico”, es algo que no deja de sorprenderme.
¿Y cuál es el texto o textos que personalmente te llaman más la atención de tu repertorio musical?
Podría destacar muchos. A modo de ejemplo contaré tres que me sorprendieron en su día: “El romance del cura sacrílego”, por su tenebrismo y por cómo se ha conservado en la tradición (debió estar prohibidísimo) tema tan delicado (con la Iglesia hemos topado). Por otra parte me gustan mucho los textos que hacen referencias geográficas con todo lujo de detalles, con mucha información sobre el paisaje, las gentes que lo pueblan, los oficios, etc.: en la “Jota de Albanchéz de Mágina” encontramos todo eso. Por último, otro romance, el de “Las doce palabras retorneadas”, al que se le conocen distintas “utilidades”. Es curioso cómo en Tarifa lo “rezaban” las mujeres en los días de tormenta para que los marineros volvieran sanos y salvos; o en Jódar se cantaba a modo de catecismo para aprender las palabras (no sea que el demonio nos pregunte); o las estupendas versiones por tangos o bulerías que cantan por Navidad los gitanos de Jerez en las Zambombas.
Desde Andaraje marcasteis una época en la música tradicional andaluza. ¿Qué rasgos diferencian (si es que los hay) tus etapas en Andaraje y Trébede?
Trébede es una continuación de Andaraje en el escenario, y ahí pueden residir las diferencias entre los dos grupos, en la puesta en escena, que se ha ido adaptando a las necesidades de los tiempos, intentando atraer nuevos públicos, incorporando instrumentaciones, convirtiendo los recitales en auténticos espectáculos. En cuanto a los repertorios, Trébede incorporó, además de los temas interpretados con Andaraje, los trabajos recogidos en el Campo de Gibraltar.
En cuanto a la región andaluza y según tu criterio, ¿qué signos diferenciadores se dan en el folclore de las distintas provincias o zonas?
Ahora habría que decir aquello del “crisol de culturas”, de las “distintas Andalucías” y otros tópicos, pero lo cierto es que, en referencia al folclore musical, sí que hay rasgos distintivos en diferentes zonas de nuestra tierra; y así ha sido siempre. Por ejemplo, las danzas cantadas que encontramos en el triángulo Sevilla-Cádiz-Jerez se diferencian bastante de las recogidas en Los Pedroches, las Sierras de Jaén y las provincias de Almería y Granada, en donde cada pueblo tiene su jota y su fandango. Pero, dicho esto, hay que añadir rápidamente otra de las “verdades de fe” en esto de la tradición, que el folclore vive en variantes, y nunca digas “esto es de aquí”, sino “esto está recogido en…” Sólo habría que hacer las excepciones que vengan al caso, y me estoy refiriendo a las manifestaciones y rituales populares de un lugar concreto, que tiene características específicas y que sólo se producen allí: trovos de La Alpujarra, danza de espadas de Obejo, verdiales de los Montes de Málaga, pregones de Pasión de Villanueva de la Reina, etc.
Eres uno de los responsables del festival folk más antiguo de este país, la Cita con la Música Folk de Jódar. ¿Cuál es el secreto de treinta y tres años de actividad ininterrumpida?
No hay ningún secreto. Los treinta y tres años de la “Cita” son fruto del empeño de un grupo de jóvenes (entonces) que en los primeros años setenta descubrieron en la música de tradición oral una manera de conocer y dar a conocer una parte importantísima de nuestra cultura popular. Eso en cuanto a la pura teoría. No hubiera sido posible sin la colaboración de cada uno de los grupos y artistas que han pasado por allí, que por encima de economías siempre encontraron un hueco para acudir; tampoco sin la decidida apuesta del Ayuntamiento, que la ha financiado desde su creación, y últimamente con las incorporaciones de otras instituciones, como la Diputación o la Asociación para el Desarrollo Rural de Sierra Mágina; a pesar de todo eso, somos el festival más antiguo del Sur de Europa, pero también el más pobre.
En la primera Cita yo tenía dieciséis años, y en la Casa de la Cultura había tres filas de público; el pasado 27 de agosto contamos más de mil quinientas personas en la Plaza de Fátima, último escenario del festival. Entre las dos fechas ha pasado mucho tiempo y muchas cosas, pero mi compañero Pepe Nieto y un servidor (los más cabezones) nos empeñamos en su continuidad y ahí estamos, hoy afortunadamente arropados por otros miembros del primitivo grupo. Pero hay que decir también que el pueblo ha hecho suyo el festival y lo premia de la mejor manera, que es acudiendo año tras año a nuestra convocatoria.
Nuestra web se sitúa en una frontera geográfica (el Estrecho de Gibraltar) y en otra temporal (siglos XX y XXI). ¿Qué te sugiere la palabra frontera desde el punto de vista cultural?
Yo he nacido (y el grupo ha trabajado) en una frontera antigua y rica desde todo punto de vista; la Sierra Mágina fijó durante mucho tiempo los límites del Reino Nazarita de Granada. Como no podría ser de otra forma, este hecho condiciona de manera clara y precisa muchas de las manifestaciones de la cultura tradicional de la zona. En las Cantigas de Alfonso X o en los viejos romances de frontera lo podemos constatar, por no hablar de los rituales de moros y cristianos, una tradición que se mantiene en nuestros días, y toda la literatura oral que generan los lugares fronterizos. Todo esto lo podríamos resumir en la palabra “fusión”, esa especie de amalgama de culturas que se produce durante siglos en estos lugares, y que participa de lo mejor de cada una de ellas, desde la literatura, la poesía y la música a la medicina, la agricultura o la política.
¿Consideras importante que los ciudadanos de hoy conozcan los viejos textos que proceden de la tradición oral?
Creo que es muy importante que se conozcan los textos tradicionales. Ignorar la cultura oral sería despreciar un importante legado. Además, pueden ayudarnos a conocer nuestro propio entorno, su historia y sus tradiciones, y contribuir a hacernos más cultos y, por lo tanto, más libres.
¿Crees que la cadena oral continúa o hemos entrado en una nueva etapa en la que lo espontáneo ha dejado paso a lo académico, a lo escénico, a lo profesional?
Según a lo que llamemos “cadena oral”, que me parece que va a ser bastante diferente a lo que sería hace sesenta años. Cada vez es más difícil encontrar la espontaneidad. Los filones se acaban. Los informantes desaparecen. La figura del abuelo (importantísima en la transmisión oral) casi no existe en los hogares. Lo urbano se va comiendo a lo rural o lo rural se convierte en parque temático. A pesar de todo, creo que lo académico, lo profesional (y algo menos, lo escénico) han vivido de (y paralelos a) las manifestaciones espontáneas, y no creo que sean situaciones divergentes.
Tu labor divulgativa se desarrolla tanto en los escenarios como en los medios de comunicación. ¿En qué se está avanzando y qué queda por hacer en estos dos terrenos en cuanto a la puesta en valor de la tradición oral?
Cuando uno ve la cantidad de festivales de música tradicional que hay en España, se puede pensar que estamos en un gran momento, pero no es más que un espejismo. Muchos de estos encuentros están disfrazados de tradición, pero lo que allí se ofrece es otra cosa, muy digna, pero otra cosa. Por otra parte, se graban más discos de Folk que nunca, pero la asignatura pendiente sigue siendo la distribución. Y, acabando con la parte “escénica”, hay que decir que, si bien se está empezando a avanzar en este terreno, con la inclusión de algunos circuitos específicos, aún está por llegar, en nuestra comunidad, la apuesta decisiva por la música tradicional, con la creación de un centro de estudios de la tradición o algo así, y por la gente que realiza trabajos de campo en plan francotirador, y reconocer, en definitiva, la importancia de la cultura de tradición oral en nuestra tierra, que no sólo de flamenco vive el hombre.
En cuanto a los medios de comunicación, está todo por hacer. En este momento no tengo más remedio que mirarme el ombligo, porque sin contar la media hora que dura mi programa “Latidos de la Música” (Radio Andalucía Información, lunes a las 22.30, redifusión sábados a las 9.00), no existe en toda la parrilla de la radio andaluza ni un solo minuto más dedicado a estos menesteres (ignoro si hay algo en emisoras locales). En resumen, sí hace falta poner en valor la tradición oral. El material humano, los investigadores, los músicos, los especialistas, están; lo que falta es la voluntad, pública o privada, de “ponerse las pilas”.
Y, a pesar de todo, continúas en la brecha. ¿Alguna anécdota o experiencia que te anime a seguir realizando este trabajo?
Después de más de treinta años en este oficio de cantar y contar historias de la tradición, me resulta muy difícil seleccionar una. Pero sí diré que de las mejores satisfacciones que puedo tener, sobre todo en el escenario, es cuando ves que el público reconoce como suyo eso que tú le estás devolviendo; cuando eso sucede, añadimos un nuevo eslabón a la cadena y uno pasa así a convertirse en nuevo informador.
¿Tus proyectos más inmediatos en este campo?
Tenemos diseñado un plan de trabajo que pretende contribuir a un proyecto de recuperación de las señas de identidad en Sierra Mágina. Queremos completar nuestro trabajo anterior en Andaraje con nuevas intervenciones de campo. Hay un diseño elaborado para los dos próximos años.
Para terminar, aquí tenéis uno de los textos señalados por Jesús en la entrevista, la Jota de Albánchez, de su disco Cancionero anónimo y popular de Jaén:
A Jódar voy por esparto,
a Jimena por las brevas,
a Bedmar por los cenachos
y a Albanchez por las mozuelas.
Sal, salerosa, conmigo mi niña,
sal, salerosa, conmigo a bailar;
sal, salerosa, conmigo mi niña
al Peñón de Gibraltar.
De Jaén salen los tunos,
de La Mancha los ladrones,
de Jimena los caretos
y de Bedmar los panzones.
Sal,salerosa ...
El Peñón de Gibraltar
no tiene tantos cañones
como mi moreno tiene
en el pelo caracoles.
Sal, salerosa...
© Asociación LitOral, Noviembre 2005