Dolores López Enamorado
"Los cuentos orales no conocen fronteras, son patrimonio de la humanidad"
Dolores López Enamorado es doctora y profesora de Filología Árabe en la Universidad de Sevilla. Su trabajo como investigadora de la tradición oral marroquí y su activa participación en proyectos de encuentro intercultural entre Europa y África (IXBILIA, RIHLA) la sitúan en un lugar de privilegio para entender, por medio de la literatura oral, los desdenes, aprecios y querencias que jalonan las relaciones entre los pobladores de ambas orillas.
Nuestras preguntas, y también sus respuestas, tienen el indisimulable deseo del acercamiento entre un Norte condenado a ser Sur y un Sur que ejerce como Norte. Un galimatías impuesto por los artificios de la política al margen de los sentimientos humanos. Aprendamos ahora de estos últimos, que es lo que realmente nos importa, gracias a las palabras de nuestra invitada.
Tiene usted diversos trabajos sobre la oralidad en el mundo árabe, en Marruecos en particular. ¿Qué le ha llevado a dedicarse a ese campo y a esa cultura en concreto?
Hace años que empecé a viajar a Marruecos. Por mis estudios y por mi profesión, yo conocía bien el relato literario marroquí, hecho por escritores. Pero nunca me había acercado a las narraciones orales no escritas, a los cuentos que forman parte de la tradición, y que van de boca en boca, de generación en generación, transformándose, adaptándose, pero conservando siempre su esencia. Los descubrí cuando alguien me contó, o más bien me escenificó, el primer cuento. Entonces decidí profundizar en este terreno.
Y así fue como inicié una grata y larga labor, cuyo primer paso fue reunir todo cuanto estaba publicado. Igualmente empecé a estudiar lo que otros habían aportado sobre la literatura popular marroquí. Existían algunas antologías de cuentos populares y muchos cuentos sueltos dispersos en publicaciones diversas. Busqué esos cuentos publicados en diferentes idiomas, leí todo lo que encontré, y descubrí que era un mundo inmensamente rico, fascinante. Busqué sin descanso por viejas bibliotecas marroquíes, conocí animalillos, desconocidos para mí, que vivían entre páginas de viejos libros, como los que llamé las “gambas de los libros”. Me encontré de frente con los escritos de los militares, de los misioneros, de las gentes que durante la época del Protectorado habían recopilado narraciones orales marroquíes, escribiéndolas en revistas y libros con el objetivo de fijarlas para siempre. También pude apreciar la labor de recopilación que los franceses habían llevado a cabo, reuniendo cientos de narraciones que, hasta su fijación, se transmitían de boca en boca. En fin, me empleé a fondo en conocer esta literatura popular marroquí. Creo que me quedó poco o nada por leer.
Sin embargo esta tarea no fue la única. La siguiente fue pedir a mis amigos marroquíes, a sus madres, a sus abuelas, que me contaran cuentos. Y ahí empezó la parte más viva, más divertida y más fascinante de esta historia. Porque me contaron todo tipo de cuentos: muchos ya los conocía por mis lecturas, y otros me resultaban muy familiares porque los temas formaban parte de los cuentos de mi infancia. Pero algunos eran absolutamente desconocidos para mí. Reuní y sigo reuniendo materiales que, en parte, he publicado ya, aunque muchas de las anotaciones que he ido tomando aún están pendientes de una buena revisión, y de dedicarles tiempo para que puedan tomar forma y ver la luz.
A pesar de la cercanía geográfica, las culturas de uno y otro lado del Estrecho se suelen dar la espalda en muchas ocasiones. ¿Ocurre esto también en el terreno de la tradición oral?
No. Los cuentos orales no conocen fronteras, son patrimonio de la humanidad. Todas las tradiciones responden, en mi opinión, a la necesidad de fantasía que tenemos tanto adultos como niños, la necesidad de explicar fenómenos inexplicables, de dar contenido a miedos innombrables o de escapar de realidades a veces no muy agradables. Fantasear, inventar nuevos mundos, dejar volar la imaginación es algo consustancial al ser humano. Todos los pueblos de la Tierra, desde los tiempos más remotos, han tenido sus mitos, sus leyendas, sus historias, sus supersticiones.
Sigue sorprendiéndonos el hecho de que los grandes temas de los cuentos universales sean comunes entre zonas muy alejadas y sin contacto aparente. Señala Vladimir Propp, al respecto, que estas coincidencias temáticas remiten a estadios muy primitivos del ser humano, y a una fantasía colectiva común. Muchas pruebas hay de ello. Y es que los mecanismos de la fantasía son muchas veces similares. La cuestión está, por ejemplo, en que las cosas o los animales adquieran un poder que no tenían. Da igual que vuele una alfombra, una escoba o un caballo. Es lo mismo que nos hable un gran pez o un lobo. También es fundamental que se logren deseos imposibles. Y ¿qué más da cuáles sean estos deseos?: Pescar el mayor pez de la historia, llegar a la luna o casarse con un príncipe. Y además, ¿qué importa que el que realiza los deseos sea un genio, un anillo mágico o un hada madrina? Lo importante es que los deseos se logren. Lo importante es romper los estrictos límites de la realidad, de la cotidianeidad.
Estos temas comunes encuentran luego diferentes formas de realizarse, pero muchas veces los núcleos son perfectamente reconocibles. Por poner un ejemplo, me referiré al famoso cuento de los tres cerditos que construyen casas para evitar ser devorados por el lobo. Todos sabemos que en la cultura islámica existe la prohibición de comer carne de cerdo. No es un animal “querido”. De ahí que yo misma haya oído este cuento, muy similar y, como digo, perfectamente reconocible, a pesar de que los protagonistas sean tres borreguitos. Es una cuestión cultural, pero la fantasía, y el núcleo del cuento, son idénticos. Algo muy similar ocurre con la zapatilla de Cenicienta, la niña pobre que logra enamorar al príncipe, y que es encontrada gracias a su zapatito de cristal, que en el cuento marroquí se convierte sencillamente en una babucha de cristal.
Muchos de los cuentos populares que circulan por el mundo árabe tienen un tronco común. Y esto se debe a los contactos constantes entre pueblos. Algunas de las razones que pueden explicarlo nos remontan muy atrás en el tiempo, como son el patrimonio cultural semítico, el fondo cultural preislámico o el Islam como elemento unificador y homogeneizador. Pero también hay temas comunes entre las dos orillas del Mediterráneo, tanto por los contactos que siempre han existido como por otros más recientes, como el fenómeno de la colonización, que provoca el encuentro entre culturas, enriquecedor a veces, contaminador otras. En ocasiones, también hay que explicar estas coincidencias como producto de emigraciones o expulsiones masivas. Una de las más cercanas a nosotros es la gran expulsión de andalusíes, especialmente entre los siglos XIII y XVI, que emigraron, entre otros destinos, al Norte de África. Estos habitantes de al-Andalus se vieron forzados a dejar sus casas y la mayor parte de sus pertenencias aquí. Pero nadie podía impedir que con ellos fueran los recuerdos, las canciones y los cuentos que se habían transmitido de generación en generación y que siguieron haciéndolo tanto en la tierra que dejaban como en aquella en la que iniciaban una nueva vida.
Y todo ello, por supuesto, sin olvidar las actuales migraciones, el sustrato magrebí o el fondo común mediterráneo. La interculturalidad es patente aquí, una vez más. De ahí que, a ambos lados del Estrecho, las narraciones orales tengan en muchas ocasiones temas, personajes, historias y escenarios comunes.
¿Considera importante que la ciudadanía europea y norteafricana conozca estos elementos convergentes de ambas tradiciones?
Para mí es fundamental. Conocer al otro es conocerse mejor a sí mismo. En el terreno de las narraciones orales se demuestra que las fronteras son algo absolutamente artificial, que pueden interrumpir la libre circulación de las personas, pero no de las ideas, de la fantasía, de las ilusiones, de los mitos y las leyendas. Conocer que hubo un pasado compartido y que existen tradiciones comunes puede evitar situaciones de xenofobia y racismo, sobre todo entre pueblos tan cercanos como España y Marruecos.
¿Qué iniciativas conoce que estén volcadas en esta labor y qué influencia pueden tener en la cooperación entre ambas culturas?
La cooperación cultural esta hoy en pleno auge. Desde las instituciones europeas, pasando por la Agencia Española de Cooperación Internacional, por la Cooperación andaluza, la de las otras comunidades autónomas, la que llevan a cabo las ONG’s..., en todas las instituciones, organismos, asociaciones, se está dando un importante valor a la cultura.
El proyecto RIHLA, promovido por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, con la colaboración de la Fundación Averroes y de otras instituciones, tiene como objetivo fundamental precisamente poner de relieve ese pasado histórico compartido, así como esa pertenencia de ambas culturas (las del Sur de España y el Norte de Marruecos) a un espacio de características muy similares. La idea motriz de este proyecto, planteada por su director, Rafael Valencia, es que el mestizaje cultural y la permeabilidad entre Andalucía y Marruecos, demostrados históricamente, contienen elementos cuyo conocimiento puede ser de gran valor para encarar el futuro.
El itinerario que yo misma coordino dentro del Proyecto Rihla es la Literatura Oral. El objetivo ha sido ofrecer una panorámica de la literatura oral en prosa, tanto aquella que ya ha sido recopilada como la que aún corre de boca en boca. Pretendemos descubrir todo lo que, en este sentido, hay en común en las dos orillas del Estrecho de Gibraltar. Las narraciones populares y maravillosas tienen a menudo un mismo tronco, como ya he señalado, pero en el caso de Andalucía y el Norte de Marruecos los rasgos comunes de la fantasía son aún más llamativos, y más sorprendentes las numerosas coincidencias. Nos hemos propuesto rescatar de la memoria los cuentos que aún andan por ahí, entre Andalucía y el Norte de Marruecos, circulando a través de campos y ciudades, atravesando la geografía de estos dos continentes que son aquí tan cercanos. Y a la vez queremos reunir y dar a conocer todos aquellos que ya han sido publicados en revistas y colecciones, en antologías o en libros de los temas más variados y variopintos, formando un corpus amplísimo aunque enormemente disperso.
¿Y cuál es el nivel de atención institucional hacia la narración oral en Marruecos?
En Marruecos se empieza a desarrollar ahora un gran interés por la literatura oral. En algunas universidades marroquíes hay grupos de investigación que trabajan sobre el patrimonio oral, pero aún su trabajo no se ha dado a conocer al gran público. Los narradores orales marroquíes que conozco desarrollan su trabajo en España. Los que lo hacen en Marruecos aún no son reconocidos, ya que lo popular no ha alcanzado ese puesto respetable que merece.
El hecho de que la plaza de la Yemá el-Fná de Marrakech haya sido declarada Patrimonio Oral de la Humanidad ha hecho que la literatura oral empiece a despegar en Marruecos, a salir de los espacios “iletrados” para ser analizada en las aulas como una importante manifestación de la cultura popular.
¿De qué forma influye la religión musulmana en el corpus narrativo?
La religión está presente en la narrativa oral como lo está en todas las culturas. Más que religión propiamente dicha, en esta narrativa aparecen fenómenos sobrenaturales, mitos culturales y vidas de santones y hechos relacionados con ellos, conocidos por el pueblo desde hace siglos.
¿Qué papel juega la mujer marroquí en la transmisión de la cultura oral dentro y fuera del núcleo familiar?
De todos estos años de contacto con la literatura popular marroquí he aprendido, entre otras cosas, que las mujeres son las verdaderas depositarias de las fantasías y de las tradiciones. Alguien me dijo una vez que lo oral es fundamentalmente femenino, y tiene que ver con la tierra, mientras que lo escrito es fundamentalmente masculino, y tiene que ver con el poder. Y me gustó.
Las mujeres siempre han contado cuentos. En sociedades en las que sobre los hombres recae la responsabilidad de procurar el sustento familiar, la mujer ha pasado la mayor parte de su tiempo con los niños. Ellas han sido depositarias de una tradición secular en la que los elementos de la imaginación servían y sirven para crear en los pequeños un mundo de fantasía que entretenía sus ratos de ocio, los ayudaba a comer o los hacía dormir. El mundo ha estado siempre poblado de "Shehrezades" que, noche tras noche, rebuscaban en su memoria para hallar el cuento adecuado al momento.
Sí quiero señalarles que el papel de la mujer como transmisora de estos relatos es muy diferente al de los hombres. Ellos son más "narradores profesionales", que reúnen a su alrededor a grupos numerosos de gente -sobre todo hombres- ante los que escenifican la narración. Frente a ellos, los narradores no profesionales son sobre todo las mujeres mayores, es decir, son narradoras.
Muy pocas veces, por no decir ninguna, he visto a una mujer contar cuentos ante un público desconocido. Este espacio público queda reservado a los hombres. En Marrakech, en la Yemá al-Fná, en Fez o en otras ciudades y plazas, o en las puertas de las murallas de diferentes ciudades marroquíes, ellos reúnen a su alrededor a un corro de espectadores anhelantes, que observan las idas y venidas del contador de cuentos con los ojos expectantes, riendo a menudo, llorando incluso a veces, y siempre atentos. Aquí, en el espacio público, los espectadores se vuelven niños, se ilusionan con ese mundo mágico de la creación espontánea, generado por el narrador. Y por un rato prescinden de la televisión y retornan a esos orígenes en los que el hombre conocía el mundo a través de los juglares, de los memoriones, como únicos informadores de un entorno no conocido, y también como únicos depositarios de los secretos de los antepasados.
Pues bien, ese mismo esquema se repite en los espacios privados, esta vez de la mano de las mujeres, y especialmente en las zonas rurales. Ellas se rodean de los miembros de la familia, ávidos de escuchar cuentos, de sumergirse en la magia de los genios, los gigantes, los ogros, los ricos califas o las bellas princesas. Este papel de narrador del espacio privado, de narrador familiar, también lo pueden realizar los hombres, pero hay que resaltar que sólo lo hacen aquellos que han sobrepasado la edad de trabajar, es decir, los abuelos, y sólo cuando no hay una abuela, es decir, una mujer, a la que deban sustituir. El cuento es importante, pero el contador lo es más. De eso no tengo duda.
No quiero decir con esto que los varones sean ajenos a esta transmisión oral. Por supuesto que los hombres cuentan cuentos. De hecho, los niños también son receptores, a la vez que las niñas, de los cuentos. Creo que es tan sólo una cuestión de tiempo y de roles. De tiempo porque los hombres están prácticamente toda la jornada fuera de casa. De roles, porque es a las mujeres a las que corresponde la tarea de entretener a los niños.
Poner por escrito los cuentos orales ¿es la mejor opción para mantener la tradición oral o se hace sólo por conservar los textos aunque sea desconectados del mundo afectivo que los rodea en su estado original?
Para hacer mis recopilaciones de cuentos, lo he señalado antes, me senté muchas horas, pacientemente, a escuchar, anotando los datos imprescindibles para después yo sola, más tranquila, elaborar y dar forma al relato. Sé, desde luego, que de esta forma me convertí yo misma en contadora, porque traté de conservar y transmitir, pero inevitablemente, al ayudarme de la memoria y de esas escasas anotaciones que he mencionado, también cambié, adapté y moldeé los cuentos. Quiero decir que yo también he participado en la transmisión de estos cuentos, aunque he tratado siempre de respetar y plasmar con la mayor fidelidad posible el núcleo central de los mismos, y creo que no he traicionado en ningún caso su espíritu ni su argumento.
Hoy se ha despertado un interés enorme por la literatura popular, y, como fruto de ello, se están publicando numerosas colecciones de cuentos del mundo. Es una forma de luchar contra el olvido, de tratar de fijar y conservar un patrimonio cultural que corre el peligro de desaparecer. El cuento, oral en su origen, va así saltando de un soporte a otro muy diferente: desde el pensamiento a la palabra, la repetición, la memoria y la conservación por la escritura. Con la escritura fijamos estos cuentos y ayudamos así a la memoria. Sin embargo, para mí, las historias que han circulado de boca en boca deben seguir siendo contadas así, de viva voz. Si están recogidas por escrito, podemos tener el texto a mano, por si falla la memoria, para leer algún fragmento. Pero el papel de la memoria ha de ser fundamental. Aquí escribir se opone a narrar y leer se opone a contar. El cuento oral pertenece a la cultura analfabeta y, como tal, debe ser contado y escuchado. No quiero con esto negar en absoluto el placer y la necesidad de leer y de fomentar la lectura entre niños y entre adultos. Los niños deben aprender que de la boca pueden salir cuentos, pero también de los libros. Por eso hay que contarles cuentos, pero también leerles cuentos.
Mirando hacia atrás, hacia lo investigado, lo averiguado, lo vivido..., ¿qué entresacaría de su experiencia?
He dicho antes que de esta larga relación con la literatura oral de Marruecos he aprendido muchas cosas. Además de las que he mencionado, también he aprendido que las narraciones populares no conocen fronteras y son, como la Yemá el-Fná, patrimonio de todos nosotros, patrimonio de la humanidad. He aprendido también a escuchar, y he aprendido que detrás del analfabetismo se esconde una inmensa riqueza cultural que tiene mucho que ver con la palabra, aunque ésta no sea escrita. Y he aprendido que hay muchas formas de conocer otras culturas, y que los cuentos de los pueblos son una de las mejores formas de hacerlo.
¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos en este terreno?
Tengo todavía muchas anotaciones y muchos cuentos que he ido reuniendo a los que quiero dar forma para presentarlos al público. Además, no dejo de pedir a mis amigos marroquíes, cada vez que tengo ocasión, que me cuenten más cuentos. Sigo leyendo todo lo que cae en mis manos sobre narraciones orales. Continúo formándome y, en cuanto a lo más inmediato, estaré esta primavera en una estancia de investigación en la Universidad Abdelmalek Essaadi de Tetuán-Tánger, para profundizar en el trabajo académico que, en este terreno, se está haciendo en las Universidades marroquíes por parte de sus investigadores. Reunir cuentos y estudiarlos son mis dos proyectos más inmediatos en este terreno.
Algunas de sus obras
- Análisis de la temporalidad en la Trilogía de Nayib Mahfuz. Sevilla: Alfar-IXBILIA, 1998.
- El Egipto contemporáneo de Nayib Mahfuz: la historia en la Trilogía. Sevilla: Alfar-IXBILIA, 1999.
- Cuentos populares marroquíes. Madrid: Alderabán, 2000.
- Cuentos en la "Yemá el-Fná". Sevilla: Fundación de las Tres Culturas, 2003.
- Larache a través de los textos. Un viaje por la literatura y la historia. Sevilla: Junta de Andalucía-Consejería de Obras Públicas y Transportes, 2004.
Entrevista realizada por Juan Ignacio Pérez (juanignacioperez@weblitoral.com) © Asociación LitOral, agosto 2006