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San Antonio y los pájaros

Versión 1:
INFORMANTE: Antonia González Navarro (Jimena de la Frontera, Cádiz)

RECOGIDO POR: Ana Mª Martínez y Juan Ignacio Pérez

Versión 2:
INFORMANTE. Isabel Barrero Payán (Prado del Rey, Cádiz)

RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez

Versión 3:
INFORMANTE: Josefa Estudillo Amador (Medina Sidonia, Cádiz)

RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez

Versión 1

Esto era un caballero,
después de honrado prudente,
que mantenía su casa
con el sudor de su frente
y tenía un huerto
donde sembraba
todos los provechos
que en el año daban.

Se marchó un día a misa,
cosa que nunca olvidaba,
y saliendo por la puerta
a su hijo le encargaba:

-Ven acá, Antoñito,
ven acá, hijo amado,
ven acá, que tengo
que darte un recado.
Mientras que yo estoy en misa
grandes cuidados tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder:
entran en el huerto,
pican el sembrado,
por eso te encargo
que tengas cuidado.

-Para que yo mejor pueda
cumplir con mi obligación
voy a encerrarlos aquí todos
dentro de esta habitación.
Venid pajaritos,
dejad el sembrado,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.

Y los pajaritos
muy humildes entraban
y ellos muy contentos
y alegres cantaban.
Cuando vio al padre venir
a todos los mandó a callar,
llegó su padre a la puerta
y ha empezado a preguntar:

-¿Qué tal, Antoñito,
qué tal, hijo amado,
has cuidado bien
de los pajaritos?

-Padre, no tengas cuidado,
que para que no hagan daño
a todos los tengo encerrados.

El padre, que vio
el milagro tan grande
al señor Obispo
trató de avisarle.
Y vino el señor Obispo
con to su acompañamiento,
todos quedaron confusos
al ver el milagro que ha hecho.

-Abran las ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
se quieren marchar.

Antonio le contestó:
-Señores, no hay que cansarse,
los pájaros no se marchan
mientras que yo no lo mande.
Vamos, pajaritos, ya podéis salir.
Salga el cuco y el milano
y el pastor y el andarrío
y ruiseñores, salgan garrapatos y mirlos
salgan verderones, tórtolas, perdices
y las cogujadas y las codornices.
Cuando las aves salieron
todas juntitas se ponen
a esperar a San Antonio
hasta ver lo que dispone.
-Vamos, pajaritos, podéis volar.

Versión 2

Antonio, divino Antonio,
publicaba Dios inmenso,
que con tu gracia divina
alumbres mi entendimiento
para que mi lengua
refiera el milagro
que obraste en el huerto
de edad de ocho años.
Su padre era un caballero,
cristiano y hombre decente
que mantenía su casa
con el sudor de su frente
y tenía un huerto
donde recogía
cosechas y frutos
que el tiempo traía.
Un domingo de mañana
a Antoñito llamó:
-Ven acá, hijo amado,
que antes de irme quiero
darte un recado.
Mientras que yo voy a misa
gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder:
entran en el huerto,
pisan el sembrado,
por eso te digo
que tengas cuidado.
Cuando el padre regresó
llamó a Antoñito:
-¿Qué tal, Antoñito,
qué tal, hijo amado,
has cuidado bien
de los pajaritos?
-Padre, no tengas cuidado,
para que no hicieran daño
a todos los tengo encerrados.

El padre, que vio
milagro tan grande
al señor Obispo
trató de avisarle.
Ya está aquí el señor Obispo
con grande acompañamiento,
todos quedaron admirados
al ver tan grande suceso.

Antonio le contestó:
-Señores, nadie se agravie,
para que los pajaritos
no hicieran daño
a todos los tengo encerrados
Se puso en la puerta y les dijo así:
Vamos, pajaritos, ya podéis salir.
Salgan cigüeñas con orden,
gurrapatas y andarríos,
el milano, la avutarda,
mochuelo, garza y el mirlo.
Salga la urraca, paloma, gorrión
y la golondrina y el verderón.

Versión 3

Antonio, divino Antonio,
publicaba Dios inmenso,
que con tu gracia divina
alumbres mi entendimiento
para que mi lengua
refiera el milagro
que en el huerto obraste
de edad de ocho años.
Este niño fue nacido
con mucho temor de Dios
y de sus padres querido
y del mundo admiración,
fue caritativo y perseguidor
de todo el enemigo
de mucho rigor.
Su padre era un caballero,
cristiano, honrado y prudente
que mantenía su casa
con el sudor de su frente
y tenía un huerto
donde recogía
cosechas y frutos
que el año traía.
Un domingo de mañana,
como siempre acostumbraba,
se iba su padre a misa,
cosa que nunca olvidaba.
Y le dice a Antonio:
-Ven acá, hijo amado,
escucha, que tengo
de darte un encargo:
Mientras que yo voy a misa
gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder;
entran en el huerto,
se comen los sembrados,
por eso te encargo
que tengas cuidado.
Para que yo mejor pueda
cumplir con mi obligación
los has de encerrar toditos
dentro de una habitación.
Cuando vino el padre
vio milagro tan grande
y al señor obispo
trató de avisarle.
Ya está aquí el señor Obispo
y todo su acompañamiento,
todos quedaron confusos
en ver tan grande portento.
Abrieron ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
querían volar.
Salga el cuco, el milano,
la avutarda y andarríos,
salga los ruiseñores,
pajaritos y los mirlos;
salgan las urracas,
tórtolas y perdices,
palomas y gorriones
y las codornices.

Al salir por el portal,
todos juntitos se ponen
escuchando a San Antonio
por ver lo que les dispone.
Andad, pajaritos,
a los ricos prados,
andad por allá,
donde no esté sembrado.


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