El cabrero y el espanto
Hace muchos, muchos años, cuando las casas no tenían más luz que la del candil, un cabrero venía una noche de encerrar sus cabras allá por la zona de Garrillos. Encontró un cabritillo chico al borde del camino berreando y, muy asustado, lo cogió para llevarlo a su casa y protegerlo. Lo cargó a cuestas y al poco rato notó que pesaba más, cada vez más. Ya no tenía fuerzas y llegando al cementerio lo quiso bajar y vio asustado que era un espanto. Lo soltó rápidamente y el espanto, enseñando unos enormes dientes y cuernos, le dijo con un enorme vozarrón:INFORMANTE: Estefanía Gálvez (Alcaucín, Málaga)
RECOGIDO POR: Carmen Palma
-Martín, ¿tenía tu padre los dientes así?
Y dando un gran brinco desapareció.