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La dama blanca

INFORMANTE: Candelaria Ibáñez (La Ahumada, Tarifa, Cádiz)

RECOGIDO POR: Ana María Martínez y Juan Ignacio Pérez

Este era un pastor al que todos los días, cuando iba a guardar el ganado, le salía una mujer muy blanca, que en realidad no era una persona, sino el espíritu de alguien que habían enterrado viva. Eso lo hacían los de la Santa Inquisición. Dicen que le salía de una pared, se sentaba en una piedra y lo llamaba. El muchacho llegaba a su casa asustado y se lo contaba a su madre. La madre le dijo un día:
-Tú háblale, háblale, ya verás que no te va a pasar nada.
Y así, uno de esos días, él le habló y la dama blanca le contó lo que le pasaba:
-Sólo me puedo liberar si una persona pasa mis pruebas. Pero mira, ya estoy cansada. Llevo muchos años así, buscando a alguien que me quiera ayudar. Si tú quisieras, yo me iría a descansar y tú te quedas con el tesoro que tengo guardado.
El muchacho no sabía qué decir y, como se quedó callado, y a ella le pareció que estaba de acuerdo, así que le puso tres pruebas. La mujer blanca le dijo:
-Mira, tendrás que venir tres noches solo a este pozo. La primera noche te van a salir unas llamas que llegarán hasta el cielo, pero no te asustes que soy yo. Luego te saldrá un toro y tendrás que aguantar sin asustarte, pero tampoco te asustes que soy yo. Y lo último será una serpiente que se enredará por tu cuerpo. Si eres capaz de aguantar hasta que se enrosque en tu cintura, ella te dará la llave y ya podrás sacar el dinero de los tres cajones donde está guardado.
El muchacho fue la primera noche y aguantó, fue la segunda y aguantó, pero a la tercera se lo dijo a un vecino no fuera a pasarle algo, así que no cumplió la palabra que le había dado a la dama blanca, que era que tenía que ir solo. Fueron los dos a las doce de la noche y cuando vio la serpiente salieron corriendo.
Al día siguiente, la mujer blanca se le apareció a las doce del día, le dio una paliza y le dijo:
-Me engañaste, me dijiste que ibas a venir solo y no viniste solo.
Así estuvo varios días, dándole palizas a las doce de la mañana. Hasta que un día se lo encontraron muerto en el pozo, ahogado.
Todavía se aparece la mujer blanca a alguna gente de aquí. Si no, preguntadle a Salero, un cabrero que vive ahí más arriba.

COMENTARIO: Robert Graves escribe sobre este personaje: “La Diosa es una mujer bella y esbelta con nariz ganchuda, rostro cadavérico, labios rojos como bayas de fresno, ojos pasmosamente azules y larga cabellera rubia; se transforma súbitamente en cerda, yegua, perra, zorra, burra, comadreja, serpiente, lechuza, loba, tigresa, sirena o bruja repugnante. Sus nombres y títulos son innumerables. En los relatos de fantasmas aparece con frecuencia con el nombre de «La Dama Blanca», y en las antiguas religiones, desde las Islas Británicas hasta el Cáucaso, como la «Diosa Blanca»”.

(Este texto forma parte del libro LEYENDAS Y CUENTOS DE ENCANTAMIENTO RECOGIDOS JUNTO AL ESTRECHO DE GIBRALTAR. Editado por Asociación LitOral)

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