Las tres hojitas
INFORMANTE: Pilar Paños Paños (Fuente Obejuna, Córdoba)Era una madre con un hijo ya madurito que pensó: “Voy a buscarle una novia, que yo no voy a vivir siempre”. Y le dice:
RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez
-Vete por ahí y búscate una novia, que es lo que te está haciendo falta.
El hijo se fue con su macuto a cuestas a buscarse la vida y llegó a un huerto y le preguntó al dueño:
-¿Puedo comer aquí?
-Sí.
Y le contó al hombre por qué iba de camino. Y el hombre le contestó:
-Pues mira, yo te voy a dar tres hojitas y cuando tú quieras volver a comer, partes una hojita a ver lo que pasa.
El muchacho siguió adelante y, cuando se paró a comer, partió una hojita y se le apareció una muchacha muy guapa.
-¿Tú quién eres?
-¿Tú no estabas buscando novia? Pues yo estoy aquí para eso.
-Bueno, pues si te quieres casar conmigo...
-Mira, si me das pan, jamón y vino, me caso contigo. Si no, me tengo que ir.
-Pues tengo pan y jamón, pero vino no tengo.
-Pues lo siente, pero me tengo que ir.
Al día siguiente se puso a comer y partió la otra hojita y le salió otra muchacha que le dijo lo mismo:
-Si me das pan, jamón y vino, me caso contigo.
-Pan y jamón sí, pero vino no tengo.
Y le pasó lo mismo. Y como ya sólo le quedaba una hojita, pensó: “En el próximo pueblecillo que vea voy a comprar vino, porque si la otra me dice igual, me quedo sin ninguna”.
Compró su vino, se puso a comer y, al partir la hoja, salió la muchacha y le preguntó lo mismo:
-Si me das pan, jamón y vino, me caso contigo.
Él le dijo que sí. Se casaron y p’adelante. Así, buscando, buscando, se puso a trabajar con el rey, que lo empleó de hortelano en el jardín. Y había una fuentecita donde se iba a por agua. Cogió la mujer su cántaro y fue a la fuente a por agua. Y cuando estaba allí vio una mujer muy fea y le dio miedo y se subió a un árbol que había junto a la fuente. Y la otra se asomó y la vio reflejada en el agua. Y creyendo que era ella misma, dice:
-¿Yo, tan guapa y venir a por agua? Tiro los cántaros y me voy a mi casa.
Pero no los llegó a tirar, sino que miró para arriba y vio a la otra, y le dice:
-¿Qué haces ahí? Baja, baja, que hablemos.
Bajó la muchacha y le sacó todo lo que pudo de su vida: le contó que se había casado, que estaba donde el rey... A la otra le dio envidia y, como era una bruja, pensó: “A esta le quito yo el marido”. Le pasó la mano por la cabeza:
-¿Qué tienes aquí?
Y le ´clavó un alfiler en la cabeza y se convirtió en una palomita. Cuando llegó la otra a la casa, dice el marido:
-Huy, ¿tú quién eres, tan negra?
-No, es que estoy así por el aire y el sol, por eso me he puesto tan negra.
El hombre estaba muy triste y muy disgustado y pensaba: “Hay que ver cómo se me ha puesta esta mujer tan fea”. Y cuando estaba podando en el jardín, cada día se le posaba una palomita y le hablaba así:
-Hortelanito del rey, ¿qué tal te va con tu reina mora?
-Muy bien, gracias. ¿Y tú, señora?
-Pues yo, por estos campos, triste y sola.
Y se iba volando la palomita. Al otro día lo mismo y al otro igual. Y ya el hombre dice:
-Esta palomita que me habla a mí tiene que ser una cosa mágica.
Puso pegamento para que se pegara la palomita cuando se posara y, al día siguiente, la paloma volvió a posarse en el mismo sitio en que se posaba siempre. Y después de hablar, la paloma quiso volar pero no pudo. Él la cogió y dice: “Tiene aquí algo la palomita”. Le quitó el alfiler y ya salió la mujer. Vieron lo que la otra había hecho y le dieron su castigo.