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El niño del torrejón

INFORMANTE: Carmen Sánchez Martínez (Medina Sidonia, Cádiz)
RECOGIDO POR: Ana María Martínez y Juan Ignacio Pérez
Era una señora que vivía en el torrejón de Medina Sidonia y su hijo salió a la calle y vio venir a un hombre con un coche. Como era una época en que no había coches, le extrañó y fue con otros niños a ver qué era aquello. El hombre les dijo:
-Vengo buscando a un niño que se llama Juanito.
-Juanito soy yo.
-¿Tu madre es viuda?
-Sí.
El niño salió corriendo:
-¡Mamá, mamá, dice que es un hermano de papá!
Viene la pobre mujer, ignorante, se acerca al coche y el hombre le dice:
-Le traigo muchos regalos al niño.
Lo cierto es que la mujer se creyó que verdaderamente era el hermano de su marido y el hombre se quedó allí y llevaba al niño a muchos sitios y le compraba muchas cosas. Pero resulta que un día dice:
-Mira, lo voy a llevar a un paseo largo. Y el niño se fue con él y no volvió. Se lo llevó muy lejos, muy lejos, muy lejos, lo montó en un barquito y se perdió.
La madre preguntándose: “¿Dónde estará mi niño?”, pero no lo encontró.
Y un día le dijo el hombre al niño:
-Mira, en todas las habitaciones puedes entrar, menos en esta, en esta no puedes mirar.
El niño sí que miró y vio que había allí un grifito con un chorrito de oro. El niño puso un dedo y se lo mojó, pero después no supo cómo quitarse el oro del dedito y le brillaba sin que él quisiera. Se llevó la mano a la cabeza y se le quedó un reflejo de oro en el pelo. En esto que llegó el hombre:
-¡Juanito, Juanito! ¿Dónde estás? ¿Ya has entrado en la habitación prohibida?
El niño quiso huir, pero se le apareció un ángel (siempre hay personas buenas) y le dijo:
-Mira, Juanito, no temas. Si ves que tu tío te va a hacer daño, móntate en la lancha de pescar y coge un peine, un puñado de sal y un puñado de tierra.
El niño se montó y el tío salió detrás de él:
-Juanito, no te vayas, que yo te alcanzo, que yo te alcanzo.
Y cuando iba por medio de la mar le tiró el peine y se formaron muchos espinos. Y no lo alcanzó y siguió para adelante. Pero cuando vio que otra vez el tío lo alcanzaba, le tiró el puñado de tierra y la mar se puso con un oleaje muy fuerte y no lo pudo alcanzar. Y el niño siguió otra vez y le tiró la sal, poniéndose una nube muy grande, con lo que le dio tiempo al niño de entrar en los pueblos de por aquí. Empezó a buscar, a buscar, a buscar y encontró a su madre, que estaba muy viejecita. El niño, que ya era mayorcito, había cogido dinero al tío y se lo dio a su madre.

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