El pájaro hablador
INFORMANTE: Mª Juana Requena (Navas de San Juan, Jaén)Eran un padre y una madre y tenían tres hijas, y eran muy pobres, no eran ricos, estaban en el campo y vivían como podían. Y cerca de donde estaban viviendo había un riachuelo y se fueron a bañar las tres hijas que tenían. Estando bañándose debajo de un puente, una decía:
RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez
-Yo, cuando me case me tengo que casar con un señor que me tenga a las mil maravillas.
Y la otra decía:
-Pues yo tengo que tener criadas a punta pala.
Y la otra, la más chica, calladita. Y ya las otras dos le dicen:
-¿Y tú con quién te vas a casar?
Por encima del puente pasaba un señor con su tropa y al oirlas a ellas se paró y ya la escuchó:
-Yo, cuando me case, tengo que tener un hijo y una hija; el niño tiene que tener el sol en la frente y la niña la luna.
-¿Pero con quién te vas a casar?
-A mí me da igual.
Entonces, el señor que pasaba por encima del puente la miró a ella y se quedó enamorado de la niña. Entonces mandó a sus lacayos a que fueran a por ella para verla, pero ella no quería salir ni quería nada. Pero luego después se salen del baño y se van a donde estaban su padre y su madre y el señor aquel mandó a sus lacayos a que fueran a hablar con el padre y con la madre. Y ella no quería, pero él, como se enamora de ella, hace todo lo posible por conseguirla y se casa con ella. Y, claro, al casarse con ella, la madre de él no la quería porque era pobre y ellos eran que no me veas, es que él era un príncipe, pero no estaba destacado en decir quién era ni nada. La madre no quería que se casara, pero él dijo que se casaba con ella, que se casaba y, total, que se casó.
Vivían todos juntos en el mismo palacete y se quedó ella en estado. Por donde ya que estaba ella un poquito avanzada, él se va a la guerra, está luchando y en ese tiempo en que él está en la guerra, ella sigue en estado y la suegra, como no la podía ver, la trataba muy mal. Se pone ella de parto y tiene el niño con el sol y la niña con la luna. al dar a luz, ella no veía nada, así que de momento le dijeron que lo que había tenido estaba muerto y a ella la cogen y la encierran en una habitación. Ya viene él de la guerra y dice que dónde estaba su mujer y le dicen que su mujer, al dar a luz, se había muerto.
-¿Y los críos que tuviera?
-El crío que tuvo se murió y ella también.
Él siempre estaba pensando y reinando en ella muy deprimido y, se salía con sus lacayos al campo a pasearse.
Pero la madre de él, cuando dio a luz, les dio los críos a unos pastores y los pastores los criaron y los tenían allí. Pero él empezó a pasearse y veía a los niños con una venda en la cabeza.
-Mira que los niños estos, el tiempo que yo llevo paseando y siempre con la venda en la cabeza. ¿Qué será?
Total, que un día se acerca a la pastora y le dice:
-Pero, ¿a los niños estos qué es lo que le pasa, que siempre tienen la venda en la cabeza?.
-Ay, mire usted, que son muy malos y siempre están aporreados y yo ya no sé lo que voy a hacer. Y eso es lo que le tengo, la venda en la cabeza para ver si no se aporrean más.
Él empezó a reinar y a reinar porque no se le quitaban de la cabeza los dos nenes aquellos que veía. Y un día daba una comida en su casa y dice él: “Pues yo voy a invitar al pastor y a la pastora y a los niños, que se vengan”. Les dice:
-Miren, que ha dicho el señor que vayáis que os invita a comer.
Y el pastor:
-Yo no voy, primero que no tengo ropa para los niños y que los niños son muy malos y muy traviesos.
Y él:
-Mira, si son traviesos como si son como sean tienen que ir.
Con que les prepararon una ropa y fueron, pero cuando se llevaban a los chiquillos, el chiquillo sale corriendo y se vuelve. Y él le pregunta que por qué se volvía.
-Porque yo me tengo que llevar mi pájaro, yo no voy sin mi pájaro.
-Hombre, luego.
-Yo me llevo mi pájaro si queréis, si no, no voy.
Total, que se lleva su pájaro. Llegan allí y lo primero que hace el pájaro es ir desde el hombre de la chiquilla al hombro del chiquillo. Y les decía:
-¡Que pongan una silla, que pongan una silla, que pongan una silla!
Y el señor:
-¿Qué es lo que dicen los niños?
Y la pastora:
-Es que son muy malos, yo me voy, que yo no me estoy aquí.
-No, a ver qué es lo que están diciendo.
-Nada, me está diciendo que falta una silla, que pongan una silla.
-Hala, pues que pongan una silla.
Claro, la iban a poner en cualquier parte y el pájaro que no, que la silla tenía que estar al lado de él, del señor. Y ya que está la silla puesta, dice el pájaro en los hombros de los chiquillos:
-¡Que abran aquella puerta, que abran aquella puerta, que abran aquella puerta!
-¿Qué es lo que están diciendo?
-No, si no dicen nada, ¿ha visto cómo son los chiquillos, que son muy malos? Que yo me voy.
-No, no, no. Ahí están diciendo algo.
-Lo único que dicen es que abran esa puerta.
En ese momento, dijo él que abrieran la puerta, pero la madre no quería.
-No, ha dicho que se abra esa puerta y esa puerta se abre.
Claro, abrieron la puerta y estaba ella. En aquel momento se quedó..., pero se cayó y no dijo nada. Ya le dice que sentara ella al lado de él y la sentaron a ella al lado de él. Y ya que estaban todos allí tan tranquilos que iban a empezar a comer, empieza el pájaro:
-¡Que cierren las ventanas y corran las cortinas, que cierren las ventanas y corran las cortinas, que cierren las ventanas y corran las cortinas!
-¿Qué es lo que están diciendo?
Y dice la pastora:
-Mire usted, yo me levanto. Yo me llevo a mis niños porque esto no puede ser, que no dejan parar a nadie.
-Señora, usted siéntese ahí que los niños no se van hasta que no se termine de comer y de pasar aquí el rato que ellos quieran.
-¡Que cierren las ventanas y corran las cortinas, que cierren las ventanas y corran las cortinas, que cierren las ventanas y corran las cortinas!
Eso hicieron, cerraron las ventanas y corrieron las cortinas. No había luz ni nada. Y empieza el pájaro desde el hombro de los chiquillos al hombro del padre y de la madre y les decía:
-¡Este es tu papá y esta tu mamá, este es tu papá y esta tu mamá!
-¿Qué es lo que está diciendo ahora?
-Me está diciendo que usted es mi papá y usted mi mamá.
-¿Y eso cómo puede ser?
Entonces, ¿el pájaro qué hizo? Darle un picotazo en la frente al chiquillo, le quitó la venda y salió el sol, le dio otro picotazo a la chiquilla, le quitó la venda y salió la luna. Y se dio cuenta de que eran su hijo y su hija. A la madre la desterraron, la echaron fuera y ellos vivieron felices, comieron perdices y yo, que estaba allí, me dieron con un plato en las narices.