Los hijos de palo
INFORMANTE: Francisca Mena Guerrero (Casares, Málaga)
RECOGIDO POR: Proyecto Viejos Cuentos
Había una vez tres hermanas modistas. Un día estaban hablando y dijo la mayor:
-Si yo me casara con el rey, cuando tuviera un hijo le haría una mudita con una cáscara de nuez.
Y dijo la segunda hermana:
-Pues si yo me casara con el rey, cuando tuviera un hijo le haría una mudita de cáscara de almendra.
Y la pequeña dijo:
-Si yo me casara con el rey, tendría dos niños mellizos que serían sabios y tendrían dos luceritos en la frente.
Antiguamente, el rey mandaba espías por el reino para que escucharan por las puertas. Uno de ellos escuchó lo que la muchacha había dicho y el rey, al enterarse, la mandó llamar.
-¿Es cierto que lo que me han dicho, que tendrías dos niños mellizos, sabios y con luceros en la frente?
La muchacha respondió:
-Sí, majestad, es cierto.
-¿Te quieres casar conmigo?
-Sí.
Cuando se casaron, había una guerra y el rey se tuvo que ir a luchar, así que la muchacha se quedó sola y se llevó a sus dos hermanas a palacio. A los nueve meses tuvo dos niños preciosos con un lucerito en la frente. A las dos hermanas les comía la envidia, así que decidieron mandarle una carta al rey en la que ponían que su hermana pequeña le había engañado, que no había tenido dos niños normales sino dos niños de palo, y que después ella había muerto.
Las dos hermanas cogieron a los niños, los metieron en una caja y los tiraron al mar y a la madre la metieron entre dos paredes para que muriera asfixiada.
Cerca del palacio vivía una viejecita que iba todos los días a la playa a recoger las cosas que las olas arrastraban hasta la orilla. Una mañana, la vieja fue al mar y vio la caja, la abrió con cuidado y vio a los dos niños con el lucero en la frente. La mujer se los llevó a su casa y le puso un pañuelo en la frente para que nadie les viera los luceros.
Cuando los niños se iban haciendo mayores, les fabricó unos borriquitos de madera y les sembró hierba en el patio de la casa para que no salieran a la calle.
Desde un balcón de palacio se veía el patio de la casa de la vieja. Cuando el rey regresó de la guerra, todos los días se asomaba al balcón y veía a los niños jugando, que les sorprendían mucho por llevar la frente tapada. Un día que jugaban a darles hierba a los borriquitos de madera, el rey les gritó desde el balcón:
-Niños tontos, niños humanos, ¿los burros de palo comen hierba?
Y los niños le contestaron:
-Rey tonto, rey humano, ¿las mujeres de carne y hueso tienen hijos de palo?
Al escuchar esto, el rey les preguntó:
-¿Y cómo sabéis eso?
-A usted le dijeron que nuestra madre había tenido hijos de palo. Mi madre está encerrada, pero todavía sigue con vida.
Cuando el rey escuchó esto, se llevó a los niños y rescató a la madre que llevaba mucho tiempo encerrada entre dos paredes y sin comer.
Cuando la rescataron, el rey mandó matar a las hermanas de la muchacha, pero ella y sus hijos se opusieron, que era mejor que se las llevaran lejos de allí.
Así lo hizo y así se acabó este cuento.