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La Tierra de Ir y No Volver

INFORMANTE: Pilar Pecino Quiñónez (Los Barrios, Cádiz)
RECOGIDO POR: Domingo Mariscal
Érase una vez un príncipe que estaba siempre en la azotea de palacio y le tiraba piedras a todo el que pasaba. A eso que le dio a una gitana que pasaba por allí, miró para arriba y dijo:
-Niño, ¿qué haces? ¡Permítalo Dios que vieras la tierra de Ir y No Volver!
Y se fue. El niño se quedó muy intrigado y bajó corriendo preguntando a todo el mundo que dónde estaba esa tierra. El rey le contó que era una tierra muy lejana y que quien allí iba no volvía nunca.
Pero él quiso ir y, cogiendo un pedazo de queso y otro de pan, se puso en camino. Caminando, caminando, encontró a un viejecito y le preguntó por la tierra de Ir y No Volver.
-Pues, mira, coge el camino y sigue hacia delante, muy lejos, por allí preguntarás. Pero dame algo, que tengo hambre.
El niño le dio un pedazo de queso y el viejecito siguió:
-Mira. Cuando llegues allí verás un campo que nada más entrar hay un peral. Tú vas y coges una pera para el camino. En el otro lado verás que hay un pero y en otro lado un nogal. Pues coges un pero y una nuez. También encontrarás una vieja que está barriendo con la escoba al revés. Tú se la pones al derecho. También una vaca comiendo un hueso y un perro comiendo paja. Pues tú los cambias. Ah, y una puerta que está siempre dando portazos. Coges una piedra y la pones en la puerta para que no siga dando portazos. Haciendo todo esto podrás volver.
-Muchas gracias –y le dio un pedazo de pan y siguió adelante.
Cuando llegó al campo aquel, hizo lo que le había dicho el viejo. Cogió la puerta y le puso una piedra grande, a la vieja le puso la escoba al derecho y cambió la paja por el hueso. Y, cuando se iba, había un loro que decía:
-¡Vieja, cógelo ahí, cógelo ahí!
Pero la vieja le contestó:
-No, que antes estaba barriendo con la escoba al revés y ahora estoy barriendo con la escoba al derecho.
-¡Puerta, cógelo ahí!
Y la puerta:
-No, que he estado toda la vida dando portazos y ahora por fin estoy quieta.
-¡Vaca, cógelo!
-No, que he estado toda la vida comiendo huesos y ahora estoy comiendo paja, que es lo que me gusta.
-¡Perro, cógelo ahí!
-No, que he estado toda la vida comiendo paja y ahora estoy comiéndome un hueso.
Total, que él cogió una nuez, una pera y un pero para el camino y marchando de vuelta tuvo hambre y abrió el pero. De dentro le salió una princesa muy guapa que le preguntó:
-¿Tienes agua, toalla y jabón?
-No.
-Pues, entonces, vete.
Un poquito más adelante le pasó lo mismo: tuvo hambre, abrió la pera y le salió una princesa muy guapa que le preguntó:
-¿Tienes agua, toalla y jabón?
-No.
Y la dejó ir. Y llegando a una fuente abrió la nuez y le salió otra princesa muy guapa.
-¿Tienes agua, toalla y jabón?
Pero esta vez el contestó que sí y ella le respondió:
-Pues contigo me voy a casar.
El príncipe aceptó y le dijo:
-Para llevarte a mi palacio te tengo que llevar como una princesa, así que espérame aquí en la fuente que yo venga a por ti con la corte.
Se fue el príncipe y la princesa se sentó en la fuente. A esto que llegó una gitana con un cántaro y al coger agua vio a la princesa reflejada en el agua y le dio coraje:
-¡Ay, yo tan bonita y venir a la fuente a por agua! ¡Rómpete, cántaro, que me voy a mi casa!
Y partió el cántaro y se fue. Y eso un día y otro. La madre, que ya estaba harta de que le partiera tantos cántaros, le dio uno de lata y se fue a la fuente otra vez a por agua.
Cuando llegó, vio otra vez a la princesa reflejada en el agua y dijo:
-Yo tan bonita y venir a la fuente a por agua. ¡Rómpete, cántaro, que me voy a mi casa!
Lo tiró, pero el cántaro no se partía. La princesa, que la estaba viendo, se echó a reír y la gitana le dijo:
-¿Quién eres tú? ¡Ven, baja, baja! ¡Qué guapa, qué pelo tan bonito!
Empezó a peinarla, le clavó un alfiler y la convirtió en paloma y ella se puso en la fuente. A esto que llega el príncipe con la corte.
-¡Qué cambio has dado! ¡Si estás muy morena!
-Hijo, es que he cogido mucho sol desde que te fuiste.
Llegaron a palacio y se casaron. Un día, el jardinero le dijo al príncipe:
-Príncipe, todos los días viene al jardín una paloma, se posa en una rama y dice: “¡Ay, yo tan bonita volando sola por esos caminos!”. Todos los días dice lo mismo.
Y dijo el príncipe:
-Pues esa paloma la quiero yo.
Y otro día, cuando vino la paloma, la cogieron. El príncipe le dio de comer en su plato. La paloma se cagaba en el plato de la gitana y en el del príncipe comía, y la gitana protestaba:
-¡Ay, qué asquerosa! ¡Llévatela, llévatela!
El príncipe acariciaba a la paloma diciendo:
-No, que no se la lleven, que es muy bonita.
Acariciándola estaba cuando le encontró la agujeta y se la arrancó. Y al arrancársela apareció su princesa.
-¡Pero si esta es mi princesa! ¿Qué ha pasado?
La princesa le contó que la gitana le había hecho el hechizo ese. El rey echó a la gitana y el príncipe se casó con su princesa. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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