Juan Pipeta (Juan Soldado)
INFORMANTE: Antonia González Navarro (nacida en Jimena, reside en Algeciras, Cádiz)RECOGIDO POR: Ana María Martínez y Juan Ignacio PérezEsto era un hombre que no quería hacer la mili. Lo llevaron al cuartel y él se escapó y salió por esos campos a buscarse la vida. Caminando iba cuando se encontró a tres hombres.
-¿Dónde van ustedes?
-Vamos buscándonos la vida por ahí.
-Pues yo me voy con ustedes.
-No, con nosotros no, que nosotros nos vamos a quedar muy poco tiempo por aquí.
-No importa, yo me quedo con ustedes el tiempo que sea.
Y se fueron los cuatro. Por el camino vieron una casa vacía y se metieron los cuatro. Entonces le preguntaron los tres al hombre:
-¿Tú cómo te llamas?
-Yo, Juan Pipeta.
-Pues yo Pedro, este se llama Jesús y éste Juan.
El que se llamaba Jesús le dijo:
Mira, Juan Pipeta, ¿tú ves aquellas cabras? Pues dile al pastor que te dé una.
-Sí, hombre, yo le voy a decir que me dé una cabra y él me la va a dar. ¿Cómo va a ser eso si yo no lo conozco de nada?
-Tú vas y se la pides.
-Bueno, y una vez que me la dé, ¿cómo la traigo si no tengo cuerda para amarrarla?
-Tú la llamas y ella se vendrá detrás de ti.
-Sí, hombre, detrás de mí se va a venir la cabra.
-Anda, Juan Pipeta, ve y lo haces. Y tú, Pedro, ve a aquel cortijo de allí y que te den pan. Y tú, Juan, tráete la leña para hacer de comer.
Fue Juan Pipeta donde las cabras.
-Mire, que aquel que está allí me ha dicho que coja una cabra.
-Sí, hombre, coge la que quieras.
Cogió una cabra y se la llevó adonde estaba Jesús. Luego vino Pedro con el pan y Juan con la leña. Y dice Juan:
-¿Quién va a guisar la cabra?
-Yo, yo –contestó Juan Pipeta-, que he sido cocinero.
-Bueno, pues tú la guisas. Nosotros nos vamos por ahí y cuando vengamos comeremos.
Juan Pipeta encendió la candela, partió la carne y vio que la asadura de la cabra estaba muy doradita. Cogió un pedazo y se lo comió y al ratito dice: “Yo me voy a comer otro trozo” y después otro y otro. Así, casi sin enterarse, se la comió toda.
Al rato llegaron Jesús, Juan y Pedro.
-¿Ya has guisado? Pues vamos a comer.
Se pusieron los cuatro a comer y Jesús dijo:
-Oye, Juan, ¿tú te has comido alguna tajada de asadura?
-Yo no.
-¿Y tú, Pedro?
-Yo no.
-¿Y tú, Juan Pipeta?
-Mira este. ¿Tú te crees que yo voy a mirar lo que como? ¡Yo qué sé si me he comido la asadura o si era un trozo de carne!
Al rato dice Jesús otra vez:
-Juan, ¿tú has cogido una tajada de asadura?
-Yo no.
-¿Y tú, Pedro?
-Yo tampoco.
-¿Y tú, Juan Pipeta?
-¿Otra vez me vas a calentar tú la cabeza con la asadura? Te he dicho que yo como y no sé lo que como.
Cuando terminaron de comer, se entera Jesús de que cerca de allí se estaba muriendo un hombre muy rico. Por lo visto, todos los médicos lo habían visto ya y, al no poder salvarla, habían acudido a algún curandero a ver si lo podía curar. Dijo Jesús entonces:
-Voy a ir a curarlo.
Y Juan Pipeta:
-Yo voy contigo.
-No, yo tengo que ir solo, vosotros os quedáis aquí.
-No, no, no, de eso ni hablar, yo voy contigo que seguro que tú le pides muy poco dinero.
-Bueno, le pediré una cantidad grande pero tú te quedas aquí.
-Que no, que yo voy contigo.
-Bueno, venga, vente conmigo.
Llegaron a la casa y Jesús dijo:
-Vengo a curar al enfermo.
-¿Y qué necesita usted? –preguntaron los de la familia.
-Mira, en la habitación del enfermo me ponen una candela grande y comida para poder comer yo.
Pusieron jamón, pan, fruta y una candela muy grande. Entonces dijo Jesús:
-Juan, tú te quedas aquí y por este boquete miras todo lo que yo esté haciendo.
Jesús cogió al enfermo, lo puso en la candela y lo quemó. Cogió la ceniza del enfermo, la puso en el suelo haciendo un montoncito y apagó la candela. Después sopló y salió el hombre muy hermoso y muy colorado. Y Juan Pipeta, mirando por el agujerito lo que había estado haciendo.
-Bueno, aquí está el enfermo –dijo Jesús a la familia.
Juan Pipeta le dijo a Jesús:
-Ahora no vayas a pedir una porquería, pide un dinero bueno.
Jesús pidió una cantidad y a Juan Pipeta no le pareció bien.
-¿Ves qué poco has pedido?
Llegaron a la casa y Jesús y sus dos amigos se despidieron:
-Bueno, Juan Pipeta, nosotros nos vamos para el pueblo.
-Pues yo me voy con vosotros.
-No, con nosotros no. Voy a hacer las particiones del dinero que me han dado. Este montoncito para Juan, este para Pedro, este para Juan Pipeta, este para mí...
Y sacó un montoncito más. Entonces saltó Juan Pipeta:
-Pero... ¿no somos cuatro? ¿Por qué haces cinco montones?
-Calla, Juan Pipeta. Toma, Juan. Toma, Pedro. Este para ti y este para mí.
Y otra vez Juan Pipeta:
-¿Y este para quién, eh?
Y le contesta Jesús:
-Este para el que se comió la asadura de la cabra.
-Ah, pues yo, me la comí yo.
-Bueno, pues quédate con todo el dinero, que nosotros nos vamos.
Se fueron y se quedó Juan Pipeta solo. Entonces escuchó que había un hombre en el pueblo que estaba enfermo y que daban mucho dinero al que lo curara. “Pues yo lo voy a curar, que ya he visto cómo lo hacía Jesús”, pensó Juan Pipeta.
-Vengo a curarlo –le dijo a los familiares.
-¿Qué necesita usted?
-Pues sólo una candela y comida, mucha comida.
Juan Pipeta se metió en el cuarto del enfermo, lo echó en la candela y lo hizo un chicharrón. Después cogió la ceniza, la puso en el suelo, la sopló y de allí no salía nada.
-¡Ay, madre mía! ¿Ahora cómo salgo?
Jesús, que lo había estado viendo, fue a ayudarle. Se presentó en la habitación y sopló hasta que salió el hombre ya curado. Juan Pipeta no paraba de decirle:
-¿Y tú para qué has venido? Ahora voy a pedir mucho dinero por el trabajo que he hecho.
Salió Juan Pipeta y pidió una cantidad grande de dinero. Entonces Jesús le dijo:
-Juan Pipeta, esto no lo hagas más que ya no vendré más a salvarte.
Ya se fueron Jesús, San Juan y San Pedro y Juan Pipeta se quedó en aquel pueblo.