Periquito y Mariquita
Versión 1
Versión 1:
INFORMANTE: Antonia González Navarro (nacida en Jimena, reside en Algeciras, Cádiz)
RECOGIDO POR: Ana María MartínezVersión 2:
INFORMANTE: Antonia la Pichola (Benaoján, Málaga)
RECOGIDO POR: Juan Ignacio PérezVersión 3:
Antonia Hervás (Navas de San Juan, Jaén)
RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez
Esto era una mujer que tenía un hijo y una hija llamados Periquito y Mariquita. Un día le dijo a la niña:
-Mira, Mariquita, tú vas a ir a por agua y tú, Periquito, vas a ir a por una poquita leña para hacer la comida. Al que venga antes le doy de merendar pan y queso.
Periquito corrió mucho para llegar antes y comerse el pan y el queso. Pero cuando llegó a la casa dijo:
-Mamá, yo lo que tengo es sueño y me quiero acostar.
-Si tienes sueño, acuéstate en la cama de tu tío.
-No, no, que tiene muchas pulgas.
-Pues acuéstate en la cama de tu padre.
-No, que la cama de mi padre está muy dura y tiene muchas chinches.
-Pues acuéstate en la mía.
-No, que tiene muchos piojos.
-Entonces, ¿dónde te vas a acostar?
-En este lebrillo.
Entonces se metió en un lebrillo grande que tenían para amasar. Cuando Periquito se quedó dormido, la madre calentó una olla de agua y fue y se la echó al niño por encima y lo quemó. Se le cayó el pelo y lo metió en una olla.
Vino Mariquita y preguntó por su hermano:
-¡Mamá! ¿Y Periquito?
Y la madre le contestó:
-Todavía no ha venido. Mira, yo voy a un mandado. La olla está en la candela, no la destapes.
Cuando pasó un rato, Mariquita destapó la olla y vio a su Periquito allí metido.
-¡Ay, mi Periquito, que está en la olla!
Y se sentó en la puerta a llorar.
Entonces pasó una mujer y le preguntó:
-Mariquita, ¿qué te pasa?
-Que mi madre ha matado a mi Periquito, lo ha metido en la olla y se está cociendo en la candela.
-Pues mira, tú no llores, y cuando tu madre se vaya a comer a Periquito, tú no comas, tú coges todos los huesos que vayan dejando, los pone en un cestito y los echas al pozo.
Vino la madre y dijo:
-Venga, Mariquita, que vamos a comer.
-No, que es mi Periquito.
-¡Qué va, si Periquito todavía no ha vuelto!
La niña hizo lo que le había dicho aquella señora: no comió y fue reuniendo todos los huesecitos que dejaban la madre y el padre y los echó todos en el pozo.
En ese momento salió Periquito del pozo con un canasto de flores precioso. Y dice la madre:
-¡Ay, qué flores más preciosas! Dame una, Periquito.
-No –dijo Periquito-, que me mataste, me comiste y no me lloraste.
Y entonces dijo Mariquita:
-¡Dame una flor, hermanito!
-Tómalas todas, que tú ni me mataste, ni me comiste y sí me lloraste.
Versión 2
Era una vez un hombre que se quedó viudo con dos hijos llamados Periquito y Mariquita. Volvió de nuevo a casarse con una mujer que era muy mala y quería muy poco a los dos niños. Una mañana muy temprano les dijo:
-Periquito, ve por leña y tú, Mariquita, ve por agua. Al que vuelva antes le doy pan y queso.
Volvió Periquito el primero. Lo mató y lo hizo trocitos y lo metió en una tinaja. Cuando volvió Mariquita, preguntó por su Periquito y le dijo la madrastra:
-Toma tú pan y queso que él no ha vuelto.
Al rato de volver Mariquita, la madrastra le dijo:
-Mariquita, voy a salir. No quiero que destapes la tinaja.
Pero Mariquita, desobediente y curiosa, la destapó y vio que allí estaba su Periquito. Empezó a llorar y salió a la calle y la gente le preguntaba:
-¿Qué te pasa, Mariquita?
-Que me han matado a mi Periquito.
Y entonces pasó la Virgen María y le preguntó también:
-¿Por qué lloras, Mariquita?
Y ella le contó lo que le pasaba. Entonces, la Virgen le dijo:
-Coge un huesecito y lo entierras en el corral.
A la mañana siguiente, cuando se levantó salió al corral y se encontró que había nacido un cerezo. Allí estaba su hermano.
Entonces, salió la madrastra y le dijo:
-Periquito, dame una cereza.
Y él le respondió:
-No, que me mataste y no me lloraste.
Y la hermana le dijo:
-Para ti, Mariquita, todas, que no me mataste y sí me lloraste.
Versión 3
Eran dos hermanos y su madre los mandó a un mandado, a cada uno a un sitio. Cuando llegó el niño, que se llamaba Periquillo, le dijo:
-Mamá, ya he venido.
-Pues toma pan y queso.
-Tengo sueño.
-Acuéstate en la cama.
-No, que tiene chinches.
-Acuéstate en la tarima.
-No, que tiene pulgas.
-Entonces acuéstate en la artesa.
Calentó entonces la madre una olla de agua, se la echó por lo alto y lo mató. Lo arregló y lo metió en una olla para la merienda de su padre. Y viene Mariquilla y le dice:
-¿Ha venido ya Periquillo?
-No. Venga, que vas a llevarle a tu padre la merienda. Pero no destapes el puchero hasta que no llegues allí.
Por el camino destapó el puchero y vio salir los dedos de su hermano. Y ella llorando:
-¡Ay, mi hermano, que lo ha matado mi madre! Ya no tengo hermano.
Se encuentra a una abuela y le dice:
-¿Por qué lloras, Mariquilla?
-Porque mi madre ha matado a mi hermano y lo llevo a mi padre de merienda.
-Tú, cuando tu padre esté comiendo, me recoges todos los huesos y te los echas en el mandil.
-Y luego después ¿qué hago?
-Los entierras en el estercolero, unos en un lado y otros en otro.
Con que eso hizo: estaba comiendo y echaba los huesos en el mandil. Y dice su padre:
-Niña, ¿para qué coges los huesos?
-Para un perrillo que hay ahí más abajo, que me quiere morder.
Y entonces llegó al estercolero y en un lado echó los huesos y en otro otras cosillas. En un lado salió un naranjo y en el otro un limonero. Y dice el padre:
-Mariquilla, dame una naranja.
Y sale la voz del niño:
-No, que me comiste.
Sale la madre:
-Dame un limón.
-No, que me mataste.
La Mariquilla dice entonces:
-Dame una naranja, Periquillo.
-Tómalas para ti todas, que me recogiste.