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El gallo de la veleta

Versión 1:
INFORMANTE: David Utrera (Algeciras, Cádiz)

RECOGIDO POR: Catalina Ocaña

Versión 2:
SIN DATOS DE INFORMANTE (Barriada de Los Pastores, Algeciras, Cádiz)

RECOGIDO POR: Proyecto Viejos Cuentos

Versión 1

Había una vez, hace mucho tiempo, una pequeña aldea donde vivían muchos animales, entre ellos un pequeño gallo que era muy orgulloso y altivo. Todos los días se arreglaba mucho y paseaba por el lugar pensando que aquello no era para él.
Un buen día decidió marcharse a buscar un lugar más digno para él, un castillo, por ejemplo. Todos los vecinos le aconsejaron que no fuera tan orgulloso porque podría lamentarlo, pero el gallo no escuchó tan sabio consejo y se fue.
Por el camino se encontró con el agua de un río que no podía seguir su cauce normal por culpa de unas ramas caídas. El río le pidió ayuda:
-¡Gallito, gallito, quítame estas ramas que me hacen daño!
Pero el gallo se preocupó y le contestó que tenía cosas más importantes que hacer. Siguió andando y se encontró con el viento, que estaba en apuros porque se había caído al fondo de un pozo y no podía salir. Al oír pasar al gallo, le dijo:
-¡Gallito, gallito, ayúdame, que no puedo salir!
Pero el orgulloso gallo tampoco le ayudó.
Por fin llegó a un castillo y con gran decisión llamó a la puerta. Al momento apareció un hombretón que cogió al gallo entre sus manos y dijo:
-¡Qué bien! Me servirás de veleta.
El hombretón llevó al gallo a la torre y lo amarró en el palo más alto. El gallo lloraba pensando en su mala suerte. Entonces apareció la lluvia y el gallo suplicó:
-¡Señora lluvia, por favor, ayúdame!
Pero la lluvia le recordó que no le había ayudado cuando era agua de río, y pasó de largo.
Más tarde pasó el viento y el gallo también le pidió ayuda, pero el viento le contestó:
-Cuando te necesité no quisiste socorrerme, no piense que voy a ayudarte yo ahora.
Y allí solo, en lo alto de la torre, tuvo el gallo tiempo de pensar y de comprender todo lo que le había pasado.

Versión 2

Érase una vez un pollito que, escarbando en el corral, se encontró medio real. Pasó un rey y se lo pidió prestado para devolvérselo al día siguiente.
Pasó un día y el rey no vino, así que el pollito se puso en camino hacia el palacio real. En la mitad del camino se encontró un río que tenía piedras y le dijo al pollito:
-Pollito, quítame las piedras, que no puedo correr.
El pollito le contestó que no, que tenía prisa, y siguió su camino.
Más adelante se encontró un fuego que se estaba apagando que le dijo:
-Pollito, por favor, dame un poco de aire con tus alas, que me estoy apagando.
Pero como el pollito llevaba prisa, no quiso ayudarle.
Al final del camino se encontró con el viento, que le dijo:
-Pollito, ¿puedes quitarme esas ramas, que no puedo pasar?
Y el pollito respondió:
-No, tengo mucha prisa.
Entró en el palacio real y el rey no le recibió, sino que mandó al cocinero para que lo cociera en una olla. Dentro de la olla, el pollito dijo:
-¡Agua, no subas, que me estás ahogando!
Y el agua le contestó:
-Cuando te pedí que me ayudaras no lo hiciste.
Entonces el pollito se dirigió al fuego diciéndole:
-¡Por favor, fuego, no ardas tanto, que me estás quemando!
Y el fuego le respondió:
-Cuando pedí tu ayuda me la negaste.
Y siguió ardiendo. El pollo dio un salto y el viento que pasaba por allí lo arrastró hasta la veleta de la torre. El pollito dijo:
-¡Por favor, viento, no me arrastres!
Y el viento le contestó:
-Cuando te pedí ayuda no me la diste.
Por eso, cuando hace viento, el gallito de la veleta da vueltas sin parar, quizás buscando a alguien que le pueda ayudar a bajar de allí.


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