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Los animales perseguidos

Versión 1:
INFORMANTES: Remedios Cabello y Ana Navarro (Tarifa, Cádiz)
RECOGIDO POR: Mª Luz Díaz

Versión 2:

INFORMANTE: Sebastiana Corrales (Facinas, Tarifa, Cádiz)
RECOGIDO POR: Estefanía Blázquez

Versión 3:

INFORMANTE: María Sánchez (Alpandeire, Málaga)

RECOGIDO POR: Ana Mª Martínez y Juan Ignacio Pérez

Versión 1

Era un hombre que tenía un burro que tenía muchos años. Dice el hombre:
-A este burro lo mato yo, porque está muy viejo y no me sirve para traer leña.
El burro se enteró que el amo lo quería matar y se fue de la casa. Se fue caminando y se encontró en un cortijo con un perro que ladraba desesperadamente. Dijo el burro:
-¡Compadre perro! ¿por qué ladra de esa manera?
-Porque yo ya soy muy viejo y no puedo correr detrás de los conejos y estoy ladrando mi último día.
-Pues vente conmigo -dijo el burro.
Más allá se encontraron un gato maullando y maullando, y le preguntan:
-Compadre gato, ¿por qué maúlla usted de esa manera?
-Porque me he escapado de casa, mi ama me quiere matar porque ya no puedo cazar ratones.
-Pues venga usted con nosotros.
Y el gato se subió también encima del burro. Más allá se encontraron un gallo cantando desesperado: “¡Kikirikiiii!”, y le preguntan:
-Compadre gallo, ¿por qué canta usted así?
-Porque la señorita le ha dicho a la cocinera que mañana me corte el pescuezo y me guise con arroz y estoy cantando mi último día.
-Pues venga con nosotros, que también a nosotros nos quieren matar y nos hemos escapado.
Siguieron caminando y se hizo de noche.
-Y ahora ¿qué vamos a hacer? Pues ahora nos vamos a quedar en este arbolito hasta mañana.
El burro se quedó bajo el árbol, el gato y el gallo se subieron en el árbol.
El gato y el gallo vieron una lucecita. Se subieron el perro en el burro, el gato sobre el perro y el gallo sobre el gato. Llegaron a una casa y vieron una mesa con muchos manjares y unos ladrones comiendo.
-Vamos a asustarlos para que se vayan y nos comemos la comida.
El burro dio patadas a la puerta y los ladrones se fueron asustados. Entonces ellos entraron y se hartaron de comer. Cuando comieron, el perro se sentó detrás de la puerta, el burro en la cuadra, el gato en la hornilla y el gallo en el árbol del patio.
Los ladrones dijeron:
-Hemos abandonado la casa sin saber lo que ocurría. Volvamos allí.
Un ladrón fue y el perro le dio un bocado, el burro le dio una patada y el gato le arañó la cara. El gallo empezó a cacarear y el ladrón salió disparado como alma que lleva el diablo. Y contó:
-Un hombre en el patio me ha dado con un mazazo grande que me ha dejado atontado, una hechicera en la cocina que mira cómo me ha dejado la cara y el señor juez diciendo: “tráelo aquí, tráelo aquí”. Total que allí no se puede ir.
Y les dejaron la casa para vivir a los animales.

Versión 2

Esta era una viejecita que vivía en el campo y crió un cochino y, cuando estaba grandecito, pues lo mató y sacó de todo de él; le salieron siete morcillas que colgó en una cañita en el techo. Un día de los que salió al campo a trabajar, dejó la puerta abierta y entró un gato que, de un salto, cogió una. Cuando volvió, vio que le faltaba una.
Al segundo día le pasó lo mismo, pero al tercer día ya no se fue; cogió un palo y se escondió. En esto que entró el gato:
-Miau.
Dio un salto y cogió otra morcilla y la mujer le dio con un palo y le abrió la cabeza. El gato cogió un pañuelo, se lo amarró a la cabeza y se fue a buscar su vida.
Se encontró un gallo que se había escapado porque lo querían matar por Navidad, a un burro viejo que lo habían echado para que se muriera por ahí y a un carnero.
Cuando ya iban juntos se encontraron una cabeza de lobo y le dice el carnero al burro:
-Meta usted esa cabeza en las alforjas.
Un poco más adelante se encontraron un pato y siguieron todos juntos. Al rato vieron una lucecita a lo lejos. Y dice el carnero:
-¿Ustedes ven aquella lucecita que se ve allí tan lejos? Pues allí tenemos que ir.
Siguieron andando y llegaron a la casa, que estaba llena de lobos. Ellos se asustaron, pero cuando el carnero le dijo al burro...
-Saque la cabeza de lobo.
-¿Cuál, ésta?
-No, la otra más gorda.
-¿Esta?
-No, la otra más gorda.
... los lobos se fueron todos asustados. Ellos entraron en la casa y se colocaron así: el gato se enterró en las cenizas y dejó un ojo fuera, el gallo se puso en lo alto de la viga, el carnero y el burro en la puerta y el pato en la laguna.
Entonces llegó un viejecito arrecío y dice:
-¡Huy, aquí hay candelita!
Se puso a escarbar y le clavó el gato las uñas.
-Me cago en...
El gallo le echó una cagá en el ojo. Y el burro, al salir por la puerta, le metió dos patás y el carnero una trompá que le partieron dos costillas. El pato desde la laguna les dice:
-Cua, cua, cua.
Bueno, ahora el viejecito, cuando se fue de allí, contó su historia:
-Hola, aquí vengo que medio me han matado. Había un zapatero en el fuego y me clavó las cuatro leznas. Había un albañil en lo alto y me ha echado una palustrá de mezcla en el ojo. Y fuera, en la puerta, había una yunta de carreta que ha dado dos patás y una trompá que me ha partido dos costillas. Y al final había una puñetilla que decía: “Que se va, que se va”.

Versión 3

El asno vivía con su amo y el amo era muy malo, lo trataba muy mal y le pegaba mucho y le daba poca comida. Entonces, un buen día, le dio un palizón muy fuerte y se quedó allí en el suelo, como muerto. Y a las veinticuatro horas se dio él cuenta y se levantó él solo, y se fue adonde había un prado de hierba muy buena y allí estuvo un día y pensó:
-Ya no me vuelvo a ir más con mi amo. Voy a irme a la ciudad para hacerme músico.
Y entonces siguió andando y, ya que llevaba muchas leguas andadas, pues se encontró un perro y le dice:
-¿Dónde vas, amigo perro?
-Voy a la ciudad para hacerme músico.
-Pues vente conmigo que yo también voy allí.
Y entonces siguieron los dos andando hasta que ya divisaron la ciudad. Y a la entrada de la ciudad se encontraron a un gato que estaba maullando y entonces le dicen:
-¿Qué te pasa, amigo gato?
-Que tengo mucha hambre.
Y entonces el asno le dijo:
-Pues vente conmigo a la ciudad y te harás músico.
Y un poco más para arriba había un gallo que cantaba:
-Kikirikí, el capital del rey es para mí. Kikirikí, el capital del rey es para mí.
Y el dijo el asno:
-Amigo gallo, ¿te quieres venir con nosotros? Nos iremos a la ciudad y nos haremos todos músicos.
Y se bajó el gallo y se vino con ellos.
A la entrada del pueblo había una casa abandonada. Allí se metieron y el asno pensó, por si entraban ladrones (es que por aquel terreno había muchos ladrones), pensó ponerse en medio del edificio, encima el perro, después el gato y después el gallo, en lo alto. Y dice:
-Si vemos entrar a algún ladrón, pues empezamos todos a cantar y se forma esa música y se van.
De modo que, al momento, vinieron dos ladrones y empezó el asno a rebuznar, el perro a ladrar, el gallo a cantar y el gato a maullar. Y formaron una orquesta y los ladrones se asustaron.
Se fueron muy lejos y ya por allí no volvieron más. A la mañana siguiente se salieron todos a la calle y dijeron:
-Bueno, pues a repartir suerte. Cada uno por su lado y, si nos volvemos a juntar, formaremos otra orquesta otra vez.
Colorín colorado, este cuento se ha terminado.


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