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La zorra del rabo largo

INFORMANTE: Ana Salas (Grazalema, Cádiz)

RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez

Había una vez una zorra que tenía un rabo muy largo. Iba por una calle cuando vio una barbería y dice:
-Yo me voy a cortar el rabo, que ya estoy cansada de mi rabo.
-¡Señor barbero, córteme usted este rabo, que ya estoy cansada de él!
El barbero se lo cortó y la zorra se fue calle abajo y ya no llevaba rabo. Pero cuando iba por la calle dice:
-¡Huy! Yo me voy a volver a por mi rabo, que estoy arrepentida de habérmelo cortado.
-¡Señor barbero, usted me da mi rabo!
-Pues ya lo he tirado a la basura. No se lo puedo dar.
-Entonces me tiene que dar unas tijeras de esas tan grandes que tiene ahí.
-Bueno, pues tome las tijeras porque el rabo ya no se lo puedo dar.
La zorra se fue calle abajo con las tijeras y vio a un pescadero que estaba limpiando el pescado con las manos. Y le dice:
-Pescadero, ¿qué está usted haciendo?
-Hija, que no tengo nada para cortarlo y aquí estoy limpiándolo con las manos.
-Tome usted las tijeras para limpiarlo mejor.
Y al ratito, cuando la zorra iba calle abajo, se arrepintió también:
-Voy a ir al pescadero y le voy a pedir mis tijeras, porque así me voy a quedar sin todas las cosas.
Y se volvió y le dice:
-Pescadero, deme usted mis tijeras que yo me he arrepentido.
-Pero es que las tijeras ahora no las encuentro, se me han perdido entre el pescado.
-Pues me tiene que dar usted un pescado, el más grande que usted tenga.
-Pues tenga usted, pero las tijeras no las encuentro.
La zorra siguió calle abajo y oyó que en un colegio estaban llorando las niñas:
-¡Ay, qué hambre! ¡Ay, qué hambre!
Y dice la zorra:
-Señá maestra, ¿qué les pasa a estas niñas?
-Pues mire usted, ¡que tienen un hambre...! Y no tengo nada que darles de comer.
-Pues tome usted este pescado y se lo guisa, que se harten de comer.
Y le dejó el pescado también. Y se va y sigue andando, andando, y dice:
-Con lo bien que me hubiera comido yo mi pescado.
Y se vuelve y dice:
-Señá maestra, que me he arrepentido y vengo a que me dé usted mi pescado.
-Pero el pescado se lo han comido ya las niñas y no se lo puedo dar. ¿Qué quiere usted que yo le haga ahora?
La zorra contestó:
-Pues la niña más guapa que usted tenga me la tiene usted que dar.
-Vale. De todas formas, tengo tantas aquí, sin comer, que lo mismo me da.
Y se la dio y con ella siguió la zorra para abajo. Por el camino se encontró a un hombre vendiendo tambores, y le dice:
-Tamborero, ¿cómo va usted tan cargado?
-Hombre, es que no tengo a nadie que me ayude.
-Pues mire usted, esta niña le puede ayudar. Si le hace avío, quédese usted con ella.
Y le dio a la niña.
Pero cuando siguió para abajo, dice la zorra:
-¡Habré estado tonta! ¡Digo, con la niña tan linda que era, habérsela dado yo!
Se volvió y, cuando encontró al tamborero, le dice:
-Que vengo a recoger a mi niña porque me he arrepentido, así que usted me da a mi niña.
Y el tamborero le contesta:
-Pero mire usted, la niña no sé yo dónde está. Se ha ido por las calles y no sé dónde está ahora mismo.
La zorra le dice:
-Pues me tiene usted que dar un tambor de los más grandes, el que suene mejor.
-Bueno, tome usted el tambor. ¿Qué voy a hacer yo?
-Se fue la zorra para abajo, para abajo, y dice:
-Yo ya me he cansado.
Se sube en lo alto de una peña muy grande, muy grande, y se pone:
De mi rabo unas tijeras,
de mis tijeras un pescao,
de mi pescado una niña
y de mi niña un tambor.
Pom porrompompón. Pom porrompompón.

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