El cura, el niño y los tordos
INFORMANTE: María Torremocha (La Línea de la Concepción, Cádiz)De un pueblo a otro para decir misa iban un cura, el niño que le servía de monaguillo y un burro. El cura iba montado en el burro y el niño tiraba de los dos.
RECOGIDO POR: Ana María Martínez
Un día les cayeron cerca unos tordos que habían abatido unos cazadores y el cura, cuidando de que nadie lo viera, se metió los tordos debajo de la sotana y le dijo al niño:
-Mira, niño, de esto ni pío.
El cura se subió en el burro y también invitó al niño a subirse. Y por el camino le iba diciendo:
-Ojú, niño, qué lote nos vamos a dar. Es decir, yo, porque tú no los vas a probar.
Y otra vez:
-Ojú, niño, qué lote nos vamos a dar. Es decir, yo, porque tú no los vas a probar.
Y así fue por todo el camino. Y, claro, el chiquillo iba ya harto de escucharlo cuando se toparon con los cazadores que les preguntaron si habían visto caer los tordos. El niño les dijo por señas que el cura los llevaba escondidos y a los cazadores les faltó tiempo para coger al cura y dale una paliza.
Cuando el hombre se pudo levantar, se volvió a montar en el burro y emprendió la marcha. Ahora el niño el que iba hablando:
-Ojú, padre, qué paliza nos dan dado. Es decir, a usted, porque a mí no me han tocado.
Y así fue todo el camino y el cura se tuvo que aguantar.