El matrimonio, el cura y las perdices
INFORMANTE: Señor de unos 80 años (Las Caheruelas, Tarifa, Cádiz)
RECOGIDO POR: Jesús Caballero Márquez
Era un matrimonio muy lambrusco y la mujer más, que se comía todo lo que tenía el marido. Un día vino un cura misionero a la aldeílla y todo el mundo lo convidó. Y decía el marido:
-¿Tú ves? Nosotros, como somos tan lambruscos, no lo podemos convidar también.
Y dice la mujer:
-Mira, tú me compras dos perdices enteras y las vamos a guisar enteras y así ya no me las como.
Se fue el hombre a por las dos perdices y la mujer las puso a guisar las dos. ¡Qué enteras ni nada! No se pudo resistir y cogió un pedacito.
-Que reviente mi alma si cojo más.
Al ratillo, otro pedacillo.
-Que reviente mi alma si cojo más.
Pues así, una de las dos se quedó en los huesos. Y cuando el marido llegó le dice:
-Vamos a amolar los cuchillos para cuando venga el padre para cortar la carne. Si no, ¿cómo la va a cortar?
Y fue el marido a amolar los cuchillo y mientras llegó el cura. Y le dice ella:
-¡Ay, padre, mi marido ha ido a amolar los cuchillos para cortarle las orejas a usted!
-Adelante me va a cortar a mí las orejas?
Salió corriendo y le dice ella al marido:
-Mira el cura, ha salido corriendo y se lleva las dos perdices –Pero qué va, no se llevaba nada.
Entonces le gritó el marido al cura:
-¡Hombre, siquiera una!
Y el cura corría que se las pelaba.
(Este texto forma parte del libro CIEN CUENTOS POPULARES ANDALUCES. Editado por Asociación LitOral)