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Recuperar el cochino

INFORMANTE: Ignacio Morales Trujillo (Betijuelo, Tarifa, Cádiz)
RECOGIDO POR: Ana Mª Martínez y Juan Ignacio Pérez

Había un matrimonio pobre en el campo que estaba engordando un cochinillo con mucho trabajo. Como sabían que ese día iba a venir el alfarero vendiendo, el marido le dijo a la mujer:
-Cuando venga, cómprale un cacharro para matar el cochino.
Y llegó el alfarero pregonando:
-¡Ollas, cazuelas, cántaros!
-Oiga, mi marido me ha encargado que le compre una vasija.
Y en vez de comprarle una, ella le compró toda la carga y le hizo agujeros a todas para poder colgarlas.
Y entonces llegó el marido.
-¿Qué has hecho? ¡Una vasija con agujeros ya no vale!
-Se las he cambiado por el cochino.
-Pero...
Salieron los dos a buscar al alfarero siguiendo las huellas. Y venga andar... Y anocheció y volvieron a la casa. Y al rato salieron otra vez y le dice el marido:
-Vuélvete, coge la puerta, la cierras y te vienes.
Se volvió la mujer, cogió la puerta a cuestas y se fue otra vez con él.
Siguieron los dos y ella con la puerta a hombros. Cuando el marido se dio cuenta, ya estaban tan lejos que prefirió seguir con la puerta, así que se subieron a un árbol por si venía un bicho y usaron la puerta para estar más cómodos.
Vieron una luz a lo lejos y era el del cochino con otros más buscando un sitio para meterse. Y le dice el marido a la mujer:
-Cállate la boca, que el alfarero y sus amigos son ladrones.
Y se quedaron encima del árbol sin hacer ruido, pero ella no podía más:
-Me estoy meando.
-¡Estás tonta! Haz poquito a poco para que no se den cuenta.
Los ladrones, que sintieron que algo les caía, dijeron:
-Bueno, esto será una meadilla de pájaros.
Y la mujer, encima de la puerta, seguía:
-Que ahora me estoy cagando.
Y no tuvo más remedio que hacerlo allí arriba.
Pero los ladrones, tan contentos como estaban con el cochino que habían conseguido, no se dieron ni cuenta.
-Esto será una cagadilla de pájaros.
Pero en ese momento, la puerta empezó a resbalarse y a caer y los ladrones miraron para arriba:
-Mirad, aquí hay una puerta que se nos cae encima.
Y el marido, arriba, le decía a la mujer:
-Agárrate a una rama y déjala ir poco a poco.
Cayó la puerta y le cortó la lengua a uno de los ladrones. Los demás salieron corriendo asustados de ver esa cosa tan grande cayendo de un árbol y el matrimonio se quedó con el cochino.

(Este texto forma parte del libro CIEN CUENTOS POPULARES ANDALUCES. Editado por Asociación LitOral)


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