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Lo que el patrón de Santiago dedica, recría y doma

INFORMANTE: Pedro Guerra (Algar, Cádiz)

RECOGIDO POR: Mercedes Rodríguez y Mª José Villagrán

Ya viene el Carnavalillo,
la fiesta de las mujeres,
la que no le salga novio
que espere al año que viene.

LO QUE EL PATRÓN DE SANTIADO DEDICA, RECRÍA Y DOMA CONTADO POR UN SOLDADO, MEDIO EN SERIO, MEDIO EN BROMA

Es el día veinticuatro
de este julio caluroso
y todo nuestro depósito
está contento y gozoso.
¿Qué ocurre para que haya
esta gran animación?
Pues que mañana es la fiesta
de Santiago el patrón.
Y como buenos cristianos
y españoles de verdad
a nuestro santo querido
nos disponemos a honrar.
El coronel presidiendo
con nuestra oficialidad
realza con su presencia
los actos a celebrar.
Vimos enormes carreras
de sacos y bicicletas
y escuchamos unos versos
de enchisterados poetas.
Pero el numerito bomba
de esta tarde distraída
fue el momento de quitar
a dos novillos la vida,
hecho este que ocurrió
a cargo de matadores
que en su dilatada vida
pasaron sustos mayores.
Improvisados coletas
que imitan a Joselito,
consiguen pasaportar
a los fieros animalitos
que van a dar con su cuerpo,
de buena o mala gana,
al caldero extraordinario
para el rancho de mañana.
Entre los futuros ases
que las cuadrillas llevaban
el niño del Mamelón
era el que mejor andaba.
También vimos a Roqueño
que, imitando a Manolete,
tiró las patas por alto
el imponente torerete.
Pero no hubo ninguno
que a aquel torito primero
se atreviera a introducirle
entre los morros el acero,
pues sus cuatrocientos kilos
y sus doce años de edad
hicieron tener a los ases
un canguelo de verdad.
Exhibieron amolillas
hermosas y de buen trapillo,
que para sí las quisieron
las empresas de tronío.
Y como Jerez es cuna
de don Antonio Chacón
de cante jondo también
tuvimos una porción.
Y saltamos a las sillas
ante aquellas bulerías
y ante aquellas recascainas
del vino de Andalucía.
Baile tampoco faltó
con chicas de gran presencia
y un entusiasmo espontáneo
que aguantamos con paciencia.
Dispuestos a dormir
y a las fuerzas reponer
marchamos a las literas
hasta mañanita,
pues amanece el veinticinco
con calor exagerado
y desde bien tempranito
se acicalan los soldados.
Brillándoles sus espuelas
y sus botas relucientes,
todos están satisfechos
con los rostros sonrientes.
Unos exquisitos churros
y un café reconfortante
componen el desayuno
de este día memorable.
La santa misa después
con gran devoción oída
proporciona a nuestro espíritu
la tranquilidad debida.
Y llega la hora del rancho,
señores, qué rancho aquel,
lástima no haya un patrón
quince o veinte días al mes.
Como en el hotel primero
nuestro apetito saciamos
y al que guisó todo aquello
la enhorabuena le damos.
No faltó ni un detalle
y quedamos encantados
saliendo del comedor
fumando el puro obsequiado.
Reinó en todos estos actos
una célebre armonía
y alguno sin darse cuenta
copas tras copas bebían,
y aseguran que hubo un pollo
que, por culpa de los tragos,
se empeñó en que era castaño
el caballo de Santiago.
Nuestros jefes y oficiales,
así como los invitados,
después de solemne misa
unas copas degustaron,
también los suboficiales
menearon el bigote
y de exquisitos manjares
ellos se dieron el lote.
Y así pasó la jornada,
feliz entre las felices,
que nunca se olvidará
según todo el cuerpo dice.
Y demos gracias a Dios,
que nos libre de la guerra,
que tantísimos dolores
viene causando a la Tierra,
que nos proteja el caudillo
y nos conserve la paz
para siempre a Santiago
poder así celebrar.


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