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Las adivinanzas del preso (cuentos)

Versión 1:
INFORMANTE: Ana Caparrós (La Línea de la Concepción, Cádiz)

RECOGIDO POR: Ana María Martínez y Juan Ignacio Pérez

Versión 2:
INFORMANTE: María Navarro (Jimena de la Frontera, Cádiz)

RECOGIDO POR: Ana María Martínez y Juan Ignacio Pérez

Versión 3:
Informante: Eloísa Beníte (Algeciras, Cádiz)

RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez

Versión 1

Era un hombre al que lo iban a matar. Y lo metieron entre paredes y si no se moría, lo mataban a pan y agua. Entonces, la hija del hombre, que estaba criando a su hijo, hizo un agujero en la pared y le daba de mamar a su padre todos los días. Así fue como resistió.
La hija dijo este acertijo para que perdonaran al padre:

Antes fui hija,
ahora soy madre
y en el recapacito que crío
está el marido de mi madre.
Si no me lo aciertan,
perdonáis la vida de mi padre.

No lo acertaron y no mataron al hombre.

Versión 2

Una vez un rey metió injustamente en la cárcel a un hombre muy mayor. El hombre tenía una hija que iba a visitarlo pero no la dejaban que le llevara nada de comida, así que el hombre pasaba mucha hambre. Como la hija veía estas necesidades que pasaba su padre, fue a hablar con el rey a ver si lo dejaban libre. Y el rey, que era muy aficionado a los acertajones, le dijo:
-Si eres capaz de ponerme un acertajón que yo no lo adivine, te concedo la libertad de tu padre.
Entonces ella le puso este:

Antaño fui hija,
ahora soy madre,
hija que ha criado
al marido de mi madre.
Aciértamelo, rey, y si no
devuélveme a mi padre.

El rey, por más que pensaba, no dio con la solución, así que llamó a la muchacha y le dijo que se daba por vencido y que le daba la libertad a su padre, pero que antes le explicara la respuesta. La muchacha se la dijo:
-Antaño fui hija porque yo soy hija de mi padre; ahora soy madre porque hace poco que he tenido un crío; hija que ha criado al marido de madre porque cuando vengo a visitar a mi padre le doy de mamar a través de los barrotes para que no se muera de hambre.
El rey no sólo le dio la libertad al padre sino que se dio cuenta de lo valiente que era la mujer por tal de salvarlo.

Versión 3

Era uno que estaba en la cárcel condenado a muerte y tenía tantas ganas de salir que un día le dice al juez:
-Señor juez, si me acertáis el acertaón que yo os diga pues no me perdonas la vida y si no me lo acertáis me perdonas la vida.
-Venga, a ver qué es lo que nos vas decir.
Y el preso empezó:

Desde lejos, tierra,
te vi venir,
triste y llorosa por mí,
con ocho ojos,
cuarenta uñas
y ocho pezuñas.

Nadie de los que estaban allí se lo acertó y le perdonaron la vida.
Y es que él veía, por la ventana de la cárcel, a su mujer que venía a verlo montada en un burro y el ruchito detrás. Ella y su hijo en brazos hacían cuarenta uñas, los dos burros hacían ocho pezuñas y todos juntos ocho ojos.


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