Calvino, sal de estas tierras
INFORMANTE: Candelaria Ibáñez (La Ahumada, Tarifa, Cádiz)
RECOGIDO POR: Ana María Martínez y Juan Ignacio Pérez
Había un muchacho que se apellidaba Calvino y que pretendía a la hija del dueño de un cortijo, pero el padre no lo quería ni ver.
Todas las noches se acercaba a la ventana para cortejarla hasta que un día, cuando llegó, vio que ella le había dejado cuatro platos en la ventana: uno con cal, otro con vino, otro con sal y otro lleno de tierra. El muchacho enseguida se dio cuenta de lo que le quería decir ella, así que ya no volvió más por allí.
¿Por qué no volvió más?
Pues porque juntando los cuatro platos se podía entender la frase: CALVINO, SAL DE ESTAS TIERRAS.