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Naciendo durante la invasión francesa

INFORMANTE: Francisco Castro Salvatierra(Tahivilla, Tarifa, Cádiz)
RECOGIDO POR: Ana María Martínez y Juan Ignacio Pérez

La bisabuela de mi abuela vivía con su familia en un lugar que se llama Los Algarves (todavía en los tiempos de mi abuela ellos tenían una huerta en común allí). Allí vivían ellos cuando los franceses entraron, más o menos cuando el sitio de Tarifa. Allí tenían ellos a una hija, la mayor, que estaba embarazada, pero en muy avanzado estado de gestación.
Estaban todos asustaditos perdidos porque se contaba, y no era tampoco incierto, que los franceses llegaban a las casas, robaban lo que podían y se comían lo que hubiera y si podían abusar de alguna mujer lo hacían también.
Se habían ido de su casa porque sabían que los franceses estaban por allí y vivían en unas cuevas que debían de ser las cuevas de Los Algarbes que hoy conocemos. Me contaba mi abuela que allí, con unos corchos grandes, con unas cortezas de alcornoque, habían simulado las puertas para que no los vieran.
Pero resulta que la mujer se puso de parto y no tuvieron más remedio que venirse a su casa. Se vinieron desde la cueva a su casa y lo prepararon todo para recibir a lo que viniera (al niño que iba a nacer). Estando allí, la misma noche que estaban esperando el parto de esta señora, escucharon unos ruidos que no les gustaron porque los hombres estaban en guardia porque no se fiaban. Y eran los franceses, porque ese ruido que ellos oían y que no atinaban a saber qué era, no era otra cosa que el arrastrar de los sables por el camino.
Lo primero que hicieron los dos hombres fue coger unos escopetones de esos viejos que se cargaban por la boca y disponerse a defenderse. La vieja les arrebató las armas de las manos, las escondió detrás de la puerta (que era donde estaban) y les hizo subirse a un moral y les dijo:
-No os bajéis de ahí hasta que yo os lo ordene.
Y se dispuso a recibir a los franceses porque ya estaban encima, se habían desviado del camino e iban por el caminillo que iba a la casa de los hortelanos.
Entraron. Ella ya tenía su gallina preparada para el puchero para sus hijas y los franceses se comieron la gallina, terminaron de comer con queso y unas frutas que les ofreció ella y, cuando terminaron, se marcharon diciéndole que anduviera con mucho cuidado porque si venían otros a los mejor no eran tan comedidos y no se portaban tan bien con ellas
Y se marcharon. Cuando los franceses se marcharon, entró la mujer en la alcoba donde estaba la hija dando a luz, ya había dado a luz; mordiendo la almohada había nacido una niña a la que pusieron por nombre Leonor.
Cuando vieron que los franceses ya se habían ido, los hombres de bajaron del moral, sintieron el lloro de la niña y así quedó la cosa
La bisabuela de mi abuela nació, decía mi abuela, en medio de los franceses.


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