Comadronas en la Campiña de Tarifa
INFORMANTE: Francisca García Fernández (El Pedregoso, Tarifa, Cádiz)
RECOGIDO POR: Beatriz Díaz
Te hablaré de las mujeres que se dedicaban a recoger a los críos (atender los partos). María Castilla era aficionada; tenían que haberla reconocido, porque recogió a muchísima gente, y al final en Facinas no le han puesto ni una calle. Dejó su vida ahí. Y Pepa Morales y Luisa la Comadre, lo mismo.
Te reconocían con el dedo. Mojaban el dedito en aceite de oliva y lo metía, lo esparcía en círculos, y a ver por dónde venía el niño. “Ya está aquí, ya viene pronto”. Eso es lo que hacía las infecciones tan malas que cogíamos. Ni guantes siquiera. Como las bestias. No nos miraba nadie para nada, y en la mayoría de los embarazos y partos no veíamos un médico.
María era muy buenísima. Llegaba siempre masticando un dulce o algo, con un mantón sobre los hombros. “¡María, que tengo unos dolores muy grandes!”. “No, hija, si tú todavía no estás preparada; todavía no viene. Todavía tarda, todavía tarda...”, decía ella.
Después de recogerlos, bañaba a los niños y se empapaba ella de colonia del crío, la que fuera; para que supieran que acababa de recoger un crío. Ella era buena con todo el mundo. Acudía a todas y con todas se portó bien, la que tenía dinero y la que no tenía. Cada una le daba una propina; lo que podía. Venía después a tu casa, por lo menos tres o cuatro días, a bañarlo.