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Remedios medicinales de transmisión oral en la Campiña de Tarifa

INFORMANTES: Paqui Domínguez, Francisca García, Nina Campano, Paca González, Manuela Román y Antonia Moreno (Tarifa, Cádiz)
RECOGIDO POR: Beatriz Díaz

Para quitar los granos, usábamos:
a)La mierda de palomo: dicen que era buenísima, se ponía en el grano y se reventaba
b)La hoja de la amapola (Papaver rhoeas): se cuece la hoja de la amapola, y cuando está calentita se pone en el grano.
c)Sanalotodo (Umbilicus rupestris): es una planta de hoja anchita, de maceta o de jardín, parecida a la planta del dinero; se quitaba como un pellejito que tenía encima y se ponía en el grano.
d)Amorprende (Mirabilis jalapa): es la que llaman hoy en día Sanpedro, tiene flores de todos los colores y se abre de noche y echa un olorcito muy bueno; mi madre la calentaba un poquito y nos la ponía en el grano y a los dos o tres días se reventaba el grano.

Para quitar las fiebres del paludismo o cuartanas, la torvisca (Daphne gnidium): La hermana más chica de mi madre, María, se llevaba diez años con mi madre, y había sido siempre una niña muy endeblita. A la niña empezaron a darle unas fiebres tremendas, que les llamaban las cuartanas, porque daban cada cuatro días. A mi abuela le dijo una mujer, “Lo que tienes que hacer es llevar la niña donde hay una planta que se llama torvisca, le das a la niña una vara y que le dé una paliza a la planta mientras que ella tenga fuerzas, hasta que sude. La llevas tres días y verás como a la niña le desaparecen las fiebres”.
Mi madre cogió la niña y la llevó donde había unas plantas de esas. La niña tenía que decir, “Buenas días, señora Torvisca, ¿cómo está usted?”; y mi madre contestaba, como si fuera la planta, “Muy bien, ¿y usted?”. Y la niña decía, “Vengo a dejarle la cuartanillas a usted”. Y pom, pom, pom, pom... Dando una paliza grande a la planta, hasta que sudaba.
¡Fíjate las creencias de entonces! Como no había otras cosas... Pero dice mi madre que, a la niña, las fiebres se le pasaron. Esas plantas tendrán algún remedio porque al pegarle lo echaban.

Para los males de las vías respiratorias:
a)La leche de burra se daba para la tos convulsiva. Un vecino de mi patio tuvo tos convulsiva, le trajeron una burra para darle la leche y, como vieron que yo también tenía, me dieron también a mí. En dos o tres días nos pusimos bien los dos.
b)La hierba de la sangre (Lithodora prostatra) es muy buena para el catarro.
c)El aceite de oliva sirve para el dolor de garganta. Se calentaba el aceite y se ponía en papel de estraza y el papel te lo ponías en el cuello.
d)La molleja del pollo se usaba para el dolor de garganta, la roncura (ronquera) y el catarro. Cuando mataban al pollo, esa grasa que le llaman la molleja se metía en un jarrito de lata con agua, se calentaba, se engrasaba un papel de estraza y te ponías el papel en la garganta, atado con un trapo. Mi madre, cuando tenía un niño, le traían un pollo de campo: ya tenía caldo para toda la cuarentena y guardaba la grasa de la molleja.
e)La tintura de yodo se usaba para los catarros. Con un algodón o una brochita mojada en yodo se ponían rayas por el pecho y por la espalda. Mi hermana lo mojaba también en alcohol. Se ponía a hacer cuadros, ¡y venga cuadros! ¡Yo quedaba con más cuadros que una libreta!

Para el dolor con la regla, lo mejor era la mierda de caballo: mi madre, cuando nos dolía el vientre por la regla, ponía a cocer mierda de caballo seca en un cacharrito (el cacharro lo usaba sólo para eso), nos daba un poquito a beber y se nos quitaba el dolor. “¡Tómalo, que está muy bueno!”. “¡Ay, mamá, que no me gusta!”. Nosotras no sabíamos lo que era.

Para los males digestivos:
a)La zahareña (Sideritis sp.): son unos palitos como la hierbaluisa, con una mata parecida al brezo. Yo estaba siempre mal del estómago, y estuve tomándola mucho tiempo y se me curó.
b)La hierba pastora (Dorygnium hirsutum) se usaba para las heridas del estómago.
c)Para el empacho de los niños se sobaba [masajeaba] la barriga con aceite de olvia. La gente que había nacido de pie o eran mellizos o sietemesinos se decía que tenían gracia para curar. En mi casa somos unas cuantas que tenemos gracia (y hay quien dice que todas las madres tienen gracia para curar). Mi hermana la mayor es melliza y, cuando había algún niño con empacho, malo de la barriga, lo llevaban a mi casa y durante tres mañanas en ayunas le curaba la barriga. Se le ponía aceite de oliva en la barriga, le hacía una cruz y le sobaba; luego le ponía por la espalda y los riñones, la hacía una cruz y también le sobaba. El empacho es una infección del vientre, que se les forma como una pelota que no pueden echarla y por eso devuelven [vomitan]. Al sobarle, eso bajaba para abajo. El último día cogía un poquito de aguardiente o una poquita de agua, se la echaba al niño, se asustaba, y eso lo largaba. Ya ese niño estaba curado.

Para afecciones de la piel:
El matagallo (Phlomis purpurea) siempre se ha dicho que es para los sabañones. Tiene una hojita ancha, que se pone medio blanca. Pues se echa en agua caliente, y se meten los pies. Antiguamente, salían muchos sabañones; siempre andábamos con los pies mojados...

Para la infección de orina, se coge la planta entera (la rama, la flor y la raíz) de un sitio donde no haya perrillos, se cuece y se toman los vahos de la cocción. El agua que queda, se pone en una palangana o un bidé y te lavas los bajos con ella.

Para el dolor de piedra en el riñón, la quebrantapiedra. El padre del chico que criamos era arriero y traía muchos hierbajos del campo, entre ellos quebrantapiedra. La traían también de Ceuta y Tánger.
Para la picadura del escorpión: Yo estaba durmiendo con una prima mía, y ahora siento un dolor como si te meten un pincho en el muslo, “¡ay, Dios mío!”. Nos levantamos y vemos el alacrán. Mi madre coge el bicho, lo machaca, le pone ajo y lo machaca también, y me lo pone en la pierna, atado con un trapito. Ese era el remedio. Al ratito estaba yo devolviendo todo el veneno del bicho, verde, verde.


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