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El trabajo con el palmito en la comarca de la Janda

INFORMANTE: Francisca Guerrero Montero y Teresa Barrios Olmedo (Medina Sidonia, Cádiz)
RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez

Francisca: Yo me he criado en el campo sacando agua para los bueyes, cogiendo cogollos..., en fin, las cosas del campo. No tenía zapatos porque entonces lo que había eran alpargatas. Y de noche, a la luz de la lumbre, hacíamos toniza porque mi padre ganaba siete pesetas y no había para nada, incluso mi hermano con cinco años salió a trabajar y ganaba cinco pesetas y había que ayudar como se podía. Entonces, hacíamos toniza y cuando venía el recovero, que se llamaba Juan Luis, nos compraba la toniza y así ayudábamos para comprar fruta o café, porque otra cosa no teníamos en el campo: sólo candela, una sopa de espárragos que cogíamos en el campo, unas poleás... No pude ir al colegio, pero a mí me gustaba aprender a leer y a escribir y aprendí, y sé de cuentas porque las hacía en la arena ya que no había papel ni lápiz, eso era un crimen.
Cuando me hice mayor, me fui a trabajar a casa del escritor José María Pemán, ganaba doscientas pesetas levantándome a las ocho y estaba hasta las tres dando vueltas por el comedor. Como yo estaba en el cuerpo de casa y servía la mesa, cuando llegaba la comida o la merienda la tenía que servir con un carrito. Iban muchos invitados para la cena, pero a nosotros nunca nos dieron ni un dulce; bueno, en la Nochebuena nos daban un pañuelito y una magdalena.
La toniza es la cuerda que se hace con el palmito y que sirve para hacer capachos y otras cosas. Se hacía con palma verde, se cogían doce brazas y se ponían al sol ya hechas y se secaban. Después, la más menudita se usaba para coser la empleita y hacer redoles, pinceles, escobas, sopladores, esportillas... Los cogollos se cogían en el verano, se secaban y en el invierno se ponían en una talega húmeda con una lezna se escardaban se ponían finitos y se hacían pinceles.

Teresa: Los portugueses venían y se quedaban todo el verano comprando la toniza y haciendo redoles grandes, alfombras, cortinas... muy bien hecho todo; la gente preparaba un mercadillo y les vendían el palmito a los portugueses, que no paraban de mandar camiones a Portugal. Mi padre era uno de los que les llevaba el cargamento en el camión hasta el tren o hasta el barco, porque mi padre nunca llegó a Portugal.
Mi padre estuvo cuarenta y tres años en la misma empresa llevando camiones, nunca le dieron una paga extra ni vacaciones y la gente le decía: “Denúncialos”. Pero mi padre contestaba: “¿Cómo los voy a denunciar, si los quiero como si fueran mis hermanos?”. Mi padre, al salir de la mili, dijo que sabía conducir y le pusieron un camión, pero él al principio no tenía ni carné. Mi madre aprendió a leer y a escribir sola y ayudaba a mi padre cosiendo para la calle y yo estuve yendo a la escuela hasta los diecisiete años.


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