Anécdotas familiares recogidas en Navas de San Juan (Jaén)
INFORMANTES Y RECOPILADORES VARIOS
INFORMANTE: María Juana Requena
Mi tío estaba en la mili y le escribió una carta a su padre: “Mira, estoy descalzo. Si pudieras, me mandarías unas botas o lo que fuera, que estoy descalzo y no puedo andar ni ná”.
Entonces mi abuelo fue y compró unas botas y, claro, de qué manera se las iba a mandar, él no sabía de qué manera se las iba a mandar. Y entonces, como él sabía que las líneas del teléfono llegaban donde estaba y dando voces podía hablar, mi abuelo cogió las botas y las colgó en la línea del teléfono y dijo:
-Mira, mi hijo está en tal sitio, anda, ve y llévale las botas.
Y, claro, qué van a llegar las botas, nunca en la vida llegaron las botas.
...
Mi abuelo tenía una finquita y dentro tenía una cueva y todo alrededor de la cueva estaba llena de palas de higos chumbos. Claro, como no había para comer en esos tiempos, cogían los chumbos para comérselos y, como iban medio en pelotas, se le hincaron unas espinas en el ombligo. Le dicen que se ponga en la silla a quitárselas y no se le ocurre otra cosa que subirse de pie en la silla a quitarse las espinas. Y, claro, se cayó de cabeza.
...
A este mismo tío, como había mucha hambre, tenían un caqui en un huerto. Los caquis estaban siempre contados para que no se los levara nadie y mi tío, para que sus padres no lo vieran, se los metía en el bolsillo y, claro, se espachurraban. Y su padre:
-Pedro, ¿has cogido tú un caqui?
-Yo no, papa.
-Es que falta un caqui.
-Papa, que yo no he cogido ninguno.
-Pues mira, faltan tres caquis y yo no he visto a nadie que haya pasado ni que se lo haya llevado.
Cuando se daba media vuelta, se los sacaba del bolsillo y el padre que lo veía:
-¿No decías que no?
-Yo qué sé, papa, se habrán metido ellos aquí.
...
Tenían un borrico chiquitito y cuando se iba a subir mi tío en el borrico, se caía porque no llegaba. Entonces no se le ocurría otra cosa que intentar subirse en la sombra del borrico, que estaba en el suelo y ahí sí llegaba. Otra vez al suelo.
INFORMANTE: Justa Menchón
Estaba yo en el campo con mi nena y mis dos nenes. Y un encierro que viene corriendo y digo yo: “¿A dónde está mi hija? Y pensé que estaba dentro del chozo. Los toros dieron la vuelta y corriendo metí a mis dos hijos debajo de un puentecillo que había y dejé a la niña creyendo que estaba dentro del chozo. Cuando me di cuenta de que el encierro iba para allá, salí corriendo y vi que mi hija estaba entre las olivas y había cogido un ovillo de lana y se había puesto a hacer un corral rodeando los árboles con la lana.
-¿Qué haces?
-Mama, haciendo una alambrada para que no pasen los toros.
Menos mal que los cabestros no pasaron por allí, que si no...
INFORMANTE: Dolores Hermosilla
Mi abuela, Dolores Collado, escribió esta carta en verso de agradecimiento al teniente de su hijo (mi tío Samuel) por haberlo tratado tan bien durante el servicio militar. Desgraciadamente, mi tío murió después durante la guerra civil.
Como loca y sin sentido
yo me dirijo a tu jefe
y no sé cómo decirle
lo mucho que se merece.
Usted no es jefe de tropa,
usted es un ángel del cielo.
Llevarse a mi hijo a su casa
y encima darle dinero.
Dios guarde a usted muchos años
y a su señora también.
Me dispensará estas letras,
soy la madre de Samuel.
INFORMANTE: Francisca Redondo
Mi padre mandó a mi hermano a por leña y mi hermano dijo:
-Yo no puedo cargar la leña.
-Bueno, pues tú llamas a Juan Mañas.
Mi hermano, cuando ya tenía cargada la leña, llamó a Juan Mañas para que se la cargara:
-¡Juan Mañas, Juan Mañas!
Y Juan Mañas no iba. Entonces mi hermano cogió y la cargó y cuando llegó a mi casa, le dijo mi padre:
-¿Quién te ha cargado la leña?
-Pues yo. He estado llamando a Juan Mañas y Juan Mañas no ha ido por allí.
-Pues, hijo mío, ese es el Juan Mañas. Juan Mañas es la maña que tú has tenido para cargar la leña.