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Relaciones de pareja en los campos de Tarifa a mediados del siglo XX

INFORMANTE: Ignacio Morales Trujillo (Paloma Alta, Tarifa, Cádiz)
RECOGIDO POR: Ana Mª Martínez, Juan Ignacio Pérez y Luis Federico Sánchez

EL ENAMORAMIENTO
El querer es una cosa muy importante que nadie puede comprender; hay que ser de dos modos de ser que se lleven bien, hay que pensar que eso es para toda la vida y no para romper a las primeras de cambio; yo no quería que me pasara como en el refrán: ‘anduviste escogiendo como peritas en canasto, pero cogiste la podría’” y por eso no me casé.

EL CORTEJO
Los zagales cortejaban a las muchachas en las reuniones de Pascua, de Navidad, en las cruces de mayo o cuando nos juntábamos para hacer algún trabajo. Allí se cantaba y se bailaba, aunque algunos no acudían porque estaban disgustados a causa de los animales o de los niños o de la casa. Yo he tenido muy poco tiempo de ajuntarme con los amigos porque estuve un año entero yendo a Facinas todos los días a por el pan del racionamiento.
Cuando ya se hacían novios, había veces que el muchacho se metía por la ventana de la casa de la novia como la gente de Valladolid y el suegro ni se enteraba. Era costumbre que cada uno preparara su parte del ajuar y acababan casándose en Tarifa o en Bolonia, aunque la iglesia de Bolonia estuvo más tiempo como cochinera que para hacer misas.

LA BODA Y EL PADRINO
En las bodas, el papel del padrino era llevar a la novia hasta la cama del novio, por eso no veo bien que sean los padres sean los padrinos, que un viejo arrugado saque a la novia; porque eso quiere decir que mi padre me lleva la mujer a mi cama. Que sea el padre es falta de respeto, porque en ningún lado ningún padre dice lo que hay que hacer cuando se case. Por eso, el padrino tiene que ser un amigo o un hermano.

VOLVER A EMPEZAR
A los viudos que se juntaban otra vez se les echaba una cencerrá: Primero se tocaban unas cuernas o caracolas para avisar a todo el mundo de lo que había pasado y así se iban todos a echarles la cencerrá. El ajuntao los invitaba a tomar algo para que los dejaran tranquilos; si no, no paraban. Si los dos ajuntaos eran viudos, entonces había dos cencerrás... Se tocaban cencerros, latones de gas, cubos viejos y latas llenas de chinos para hacer mucho ruido. Si el marido se moría, antes se quedaban las mujeres solas en el campo, con mucho trabajo por hacer, así que si se moría el hombre ellas buscaban otro.

PATERNIDAD
En los nacimientos, los padres decidían el nombre de los hijos varones y las madres el de las niñas...
Aquí todos los partos fueron atendidos durante mucho tiempo por la señora Elena, una matrona que iba y venía por las aldeas de Tarifa...
La placenta se enterraba en el huerto, cerca de la casa, y los niños tomaban el pecho durante unos cuantos años. Yo hasta los cinco años estuve.

(Extraído de un trabajo publicado en la revista ALMORAIMA Nº 26, octubre 2001)


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