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El Cristo de la bisabuela

INFORMANTE: Silvia Grimaldi (Palmones, Los Barrios, Cádiz)

RECOGIDO POR: Ana Mª Martínez y Juan Ignacio Pérez

En la cabecera de la cama de mi bisabuela hay colgado un gran cuadro donde aparece Jesucristo sentado en la ribera de un río contemplando la naturaleza. Este cuadro es muy antiguo, se puede observar que su madera está agujereada por las polillas, pero lo más interesante no es el cuadro sino el Cristo que hay en él, porque tiene su propia historia, que mi bisabuela nos cuenta por las noches en casa de mi abuela. Todos la conocemos de sobra, pero todavía nos resulta curiosa.
Era por los años cuarenta, esos que dice ella “los años del hambre”. Mi bisabuelo Antonio el Barbero estaba en la cárcel por pensar diferente a los que mandaban entonces. Ella tenía que ir todos los días en el tren desde la estación de Los Barrios hasta la de Setenil de las Bodegas para poder mantener a tres hijas que tenía. En Setenil compraba garbanzos, chorizos, morcillas, aceite y tocino. Esa era la carga que traía para Los Barrios y que vendía en una tiendecita que tenía en la calle Corredera. Sin embargo, lo que llevaba para Setenil era diferente, solía ser tabaco, azúcar, sacarina..., cosas que sólo se podían encontrar en Gibraltar.
Un día de esos que estaban en Setenil haciendo noche (digo estaban porque siempre iba con una amiga suya también de Los Barrios, María Espinosa Ladrón de Guevara), mi bisabuela soñó que el Cristo de la cabecera de su cama le dijo:
-Manuela, no salgas mañana para Los Barrios porque los de la brigadilla de Ronda te van a confiscar todas las cosas.
Mi bisabuela le contó el sueño a su amiga María, pero esta le contestó:
-Tú estás tonta, Manuela, siempre con las mismas chalaúras.
Así que las dos partieron de Setenil con rumbo a Los Barrios. Pero llegando a Ronda se montó la brigadilla y, acercándose a mi bisabuela, uno le dijo:
-Oiga, señora, estos bultos que están en el pasillo, ¿de quién son?
-Pues son nuestros, señor guardia.
-Pues quedan confiscados ahora mismo.
En ese momento, mi bisabuela dio un tremendo grito:
-¿Qué te dije, María, qué te dije que me había dicho el Cristo?
-Señora, dígame lo que le dijo el Cristo.
-Que se lo diga ella, si no creerá usted que me lo estoy inventando.
-Pues dígamelo usted.
-Que esta mañana me dijo que había visto esta al Cristo de su cama y que le había dicho que la brigadilla de Ronda nos iban a confiscar todas las cosas.
-Bueno, señoras, cojan ahora mismo esos bultos y quítense de en medio, que hoy me han cogido de buenas.
Esta es una muestra de la relación de mi bisabuela con el Cristo que tiene en la cabecera de su cama, pero no es la única, pues también cuenta que un día antes de que mi bisabuelo saliera de la cárcel, también se le apareció el Cristo para decirle que iba a venir.
Mi bisabuela se llama Manuela Azuaga, tiene ahora 85 años, nació en la calle Corredera de Los Barrios y lleva sesenta años en Palmones, donde tiene tres hijas, diez nietos y once bisnietos.

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