Fiesta del ajoblanco
Almáchar (Málaga)
Por Juan Ignacio Pérez y Ana María Martínez
En 1968, un vecino de Almáchar que trabajaba en Málaga tuvo la idea de invitar a políticos y periodistas de la capital a visitar su pueblo. La idea tenía una doble intención: por un lado, mostrar lo mejor de la gastronomía y las costumbres de la localidad; por otro, atraer la atención de los políticos de la época para que de una vez por todas solucionaran el problema de incomunicación que sufría la zona.
Fue así como nació la Fiesta del ajoblanco, que se suele celebrar el primer sábado de septiembre y donde los visitantes pueden disfrutar de un pueblo volcado en la diversión y en la simpatía. Las calles se adornan con utensilios ya en desuso y con personajes realizados con los materiales más diversos, en las esquinas se improvisan corralillos para albergar animales, como la piara de lechones que nunca falta frente al ayuntamiento, y, cómo no, por numerosas calles se pueden encontrar tenderetes donde los vecinos reparten el vino moscatel del terreno y el famoso ajoblanco, una sopa fría realizada con agua, almendra, ajo, sal y aceite de oliva que no sabemos si resucitará a los muertos, pero sí que ayuda a quien lo toma a reponerse de las innumerables cuestas del pueblo. Una sopa que, si bien en otras zonas se toma como primer plato, aquí se ingiere bebida y acompañada de uvas moscatel.
Entre los numerosos actos festivos de la jornada, el que congrega a menos público es el que nos pareció más entrañable, espontáneo y enriquecedor: sobre la medianoche, en una minúscula plaza conocida como Puerta Ancha, personas de todas las edades se reúnen para jugar a la rueda al son de viejas coplas que hablan de enamoramientos, piropos, piques, sucesos, etc. Las mujeres de más edad llevan la iniciativa. Los jóvenes se dejan llevar y van aprendiendo así los diversos pasos que las parejas utilizan para cruzarse de un lado a otro del corro. Un hombre de mediana edad parece coger el relevo y lleva de vez en cuando la voz cantante… Mientras en las plazas principales la verbena continúa a ritmo de discoteca o de flamenco, en este pequeño rincón la gente busca convertirse en protagonista de la fiesta de su pueblo, así, sin hacer demasiado ruido pero con un inmenso brillo en los ojos.
Gracias a la Fiesta del ajoblanco, ahora Almáchar está más cerca de Málaga (la nueva carretera redujo en veinte kilómetros la distancia hasta la capital), pero también las antiguas diversiones de sus habitantes están más cerca de las nuevas generaciones a través de una iniciativa tan sencilla como efectiva, la de cogerse de las manos y girar en torno a la tradición oral.