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El arrastre de latas

Algeciras (Cádiz)

Por Juan Ignacio Pérez (juanignacioperez@weblitoral.com)

La mañana del cinco de enero tiene en la localidad de Algeciras un atractivo añadido a su condición de víspera del día de Reyes Magos: el denominado arrastre de latas, en el que los más pequeños pasean por las calles estos objetos metálicos unidos entre sí por medio de cuerdas, provocando un enorme estruendo a su paso.

Se trata de una tradición que cuenta, al menos, con cien años y que desapareció durante un par de décadas hasta que la Asociación de Vecinos Ingeniero Torroja la recuperó en los años noventa. El ayuntamiento tomó entonces las riendas de su organización y la convirtió en una de las celebraciones más esperadas por la población.

En el año 1999, quien firma este artículo, en un texto ofrecido desinteresadamente al Ayuntamiento de Algeciras, intentó relacionar esta sencilla tradición con la visita de los Reyes Magos y los testimonios orales que sobre gigantes se escuchaban en la zona. Con pequeños relatos y descripciones recogidos a los más ancianos y la inclusión de diversos topónimos, se hilvanó la historia del gigante Botafuegos, un cuento que se publicó y se difundió gratuitamente, que pronto caló entre los niños y niñas de la localidad e incluso de la comarca y que se ha convertido en menos de diez años en una leyenda que muchos consideran de tradición popular. Resulta curioso, en este sentido, comprobar cómo algunos periodistas han llegado a situar este relato, en un alarde literario, en el año cero de nuestra era (según leímos en el diario El Adelantado de Segovia), cómo en algunos blogs se hace referencia a un encargo que cierto alcalde de Algeciras hizo al autor como si de un nuevo flautista de Hamelin se tratara o cómo se ha llegado a organizar una carrera en homenaje al gigante Botafuegos como personaje de la tradición. Lo cierto es que la iniciativa no fue municipal, la historia tiene autor y su objetivo no fue otro que fomentar la comunicación entre padres e hijos a través de la narración de cuentos, reforzando de camino una tradición entonces titubeante.

El citado galimatías informativo viene provocado por la gestión de los responsables municipales de la localidad, que comentaron la historia en su página web sin preocuparse de situarla en su contexto o de dar al pueblo lo que es del pueblo y al autor lo que él creó y escribió.

Unido a esto, resulta curioso observar cómo el arrastre de latas, antaño manifestación espontánea y hasta contestataria, se ha convertido ahora en fiesta institucionalizada con sus correspondientes recorrido oficial y corte de la circulación rodada, congregando a miles de pequeños acompañados que arrastran figuras realizadas con latas de todo tipo. El acto sirve a muchos adultos para mostrar sus conocimientos de bricolaje quincallero y la multitudinaria concentración es aprovechada por diversos comerciantes para ofrecer espectáculos promocionales que nada tienen que ver con la antigua costumbre popular. Así, la recuperación de una tradición ha dejado paso, con la connivencia de las autoridades locales, a la feria del consumo, ahogándose en ella la comunicación intergeneracional.

Esperamos que esta interesante tradición recupere su carácter esencial, concediendo protagonismo a los más pequeños e incluso a la imaginación de sus familares, pero no a las multinacionales de la hamburguesa, que ya tienen su sitio en otras celebraciones sociales.

Por último, animamos a otras localidades a preguntar a sus mayores si el arrastre de latas se hacía en su infancia, pues nos consta que tan ruidosa iniciativa (ahora callada), tuvo seguidores en distintas poblaciones gaditanas y malagueñas. Y es que, más que una tradición local, constituyó una manifestación infantil contra la penuria de una época.


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