Una oración de protección que llegó a Argentina desde Jaén
APORTADO POR: Trinidad Fernández de Oliva (Córdoba, Argentina)
Quiero agradecerles por traerme vivencias tan hermosas. Soy nieta de andaluces. Mis abuelos maternos nacieron en Jaén, Comarca del Condado, en Santisteban del Puerto. Mi abuelo, Juan Gallego Olid, fue para nosotros un trovo maravilloso: por sus relatos conocimos a su pueblo y a su gente; con él cazamos en Sierra Morena y realizamos mil aventuras más. Con mi abuela, Luisa Fernández Martínez, juntamos aceitunas al pie de los olivares, fuimos a por agua a la fuente, nos enseñó devoción a Santa María del Collado y a rezar antiguas oraciones. Quisiera narrarles periódicamente todo esto: cómo llegaron a América, dónde nacieron nuestros padres, y contarles, sobre todo, cuentos y leyendas de aquí, de mi hermosa Provincia de Córdoba, Argentina. En vuestro sitio he encontrado oraciones que me han emocionado, pues las hemos escuchado muchas veces: la Oración a San Antonio, por ejemplo, que pensé perdida, pues no la recordaba y la he recuperado. Por esto, y con la ilusión de que alguien la conozca y me lo haga saber, les envío esta Oración muy antigua. De ella, contaba mi abuela que, para rezarla, se reunían las mujeres del pueblo, especialmente las madres que tenían lejos a sus hijos, en la guerra o en tareas peligrosas. Es una Oración de Protección y dice:
Francisco (cada uno nombra a quien lleve su intención),
por donde quiera que vayas,
la mano de Jesucristo lleves.
La de la Virgen María,
de noche y de día,
la del señor San Juan,
delante y detrás,
la del señor San Pedro,
detrás y en medio.
Que tus enemigos,
ni con sus ojos te vean,
ni con sus pies te alcancen.
Que vayas y vengas tan libre
como salió Jesucristo
de las Entrañas Purísimas de María Santísima,
Amén.
Aún hoy, después de muchos, muchos años, me parece sentir la voz de mi abuela, rezando conmigo. Si alguien también la recuerda, y me lo hace saber, estaría muy agradecida.