El romance de Las señas del esposo, convertido en cuento
APORTADO POR: Mónica Puglioli (Mendoza, Argentina)
Había una vez, en un país lejano, una mujer llamada Catalina. Un día, Catalina estaba sentada bajo un laurel mirando la frescura de las aguas al caer. De pronto pasó un soldado y lo hizo detener:
-Deténgase, usted, soldado, que una pregunta le quiero hacer: ¿Usted no ha visto a mi marido en la guerra alguna vez?
El soldado, sorprendido, respondió:
-Yo no he visto a su marido y tampoco sé quién es.
-Mi marido es alto y rubio, un buen mozo como usted.
-Por los datos que me ha dado, su marido muerto está y me ha dejado dicho que case con usted.
-Eso sí que no lo hago. Eso sí que no lo haré. Siete años he esperado y otros siete esperaré. Si a los catorce no viene, a un convento yo me iré y a mis dos hijas mujeres conmigo las llevaré, y a mis dos hijos varones a la patria entregaré.
-Calla, calla, Catalina, calla, calla de una vez, que estás hablando con tu marido y no lo puedes reconocer.
Y así termina esta historia de la infeliz mujer, que estaba hablando con su marido y no lo pudo reconocer.
COMENTARIO: Obsérvese cómo la fórmula narrativa del comienzo da paso enseguida al romance tal y como lo conocemos en España, aunque en algunos momentos la memoria llega a eliminar algunas rimas, de ahí que no lo reproduzcamos versificado.